Los test de estrés de la banca

José Manuel Naredo

Economista y estadístico

Los segundos test de estrés realizados a la banca europea el pasado mes de julio no resultaron concluyentes. No podían serlo cuando la exigencia de que los bancos tengan un 5% de capital propio de buena calidad no los libra de una posible bancarrota, y cuando se ha limitado la adversidad de los escenarios considerados, además de las sorpresas que pueden esconder los agregados contables utilizados y la distinta cobertura del examen por países: por ejemplo, en España se examinaron 25 entidades, mientras que tanto en Francia como en Reino Unido, sólo cuatro.
Dos prácticas tradicionalmente aceptadas debilitan la salud de los bancos. Primero, la posibilidad de utilizar para negocios propios el dinero depositado a la vista, que pasa así a prestarse o invertirse generando lo que se conoce como “creación de dinero bancario”. Y segundo, la posibilidad de arriesgar ese dinero en inversiones especulativas. Estas dos prácticas hacen que la bancarrota pueda aparecer por estampida de depositantes que quieren retirar su dinero, que evidentemente no está a la vista, o por deterioro del activo de las entidades ajeno a ese 5 % de capital de calidad exigido en los test. La barra libre de liquidez al 1% que viene ofreciendo el BCE a la banca y la temprana decisión de elevar la garantía del Estado a 100.000 euros por depositante, conjuraron el peligro de impago de los bancos y de estampida de depósitos.
No ocurre lo mismo con el deterioro de sus activos, dulcificado en los test. El escenario más adverso ignoró el impacto del posible impago de la deuda soberana de algunos países, que sale a diario en la prensa, y limitó en España al 30 % la caída total del precio de mercado de la vivienda, cuando seguramente ha superado ese límite y sigue cayendo, pues el índice de precios de los anuncios de Fotocasa registra ya una caída del 26 % y las operaciones se cierran cada vez más por debajo del precio anunciado. Esta querencia a soslayar el deterioro de los activos explica que se repita la misma historia con las tres cajas intervenidas: todas presentaban beneficios, pero al analizarlas a fondo se vio que escondían cuantiosas pérdidas, evidenciando fallos en la vigilancia y en la transparencia de las entidades que deberían subsanarse.