Del consejo editorial

El Nobel no sacará a Lui Xiaobo de la cárcel

LUIS MATÍAS LÓPEZ

Periodista

Aung San Suu Kyi ha pasado 14 de los últimos 21 años en arresto domiciliario por exigir democracia en Myanmar, sin que la obtención en 1991 del Nobel de la Paz torciese la voluntad de la dictadura militar. La concesión del galardón al disidente chino Liu Xiaobo, condenado en 2009 a 11 años de prisión por "incitar a la subversión del poder del Estado", tampoco le pondrá en libertad. Ni a él ni a los otros presos políticos, pese a la oleada de peticiones de todo el mundo, como la de Barack Obama, apenas un gesto para no irritar demasiado a un país con 850.000 millones de dólares en deuda pública norteamericana.

La Carta 08, firmada en principio por 300 intelectuales y después por más de 10.000 personas, exigía democracia parlamentaria, libertades de asociación y prensa y separación de poderes. Justo lo que Pekín considera graves amenazas a la seguridad nacional, es decir, a la supremacía del partido comunista, bajo cuya férula avanza desde hace 30 años un experimento de desarrollo social y económico sin precedentes que, por ahora, excluye la reforma política.
El régimen yerra el tiro al calificar de "obscenidad" la concesión del Nobel. Obscenidad es tener a Liu en la cárcel, no que el comité del premio inste a respetar derechos universalmente reconocidos. Sin embargo, lo más probable es que a medio plazo no mejore la situación de los disidentes chinos, y de este en concreto. Incluso no cabe descartar un endurecimiento.
China reacciona ante críticas y ataques exteriores bajo el síndrome de país acosado, y sólo suaviza su postura cuando la presión se desvanece. En casos como este resurge un nacionalismo como el que, en las últimas semanas, se ha alimentado de la crisis con Japón tras la detención de un pesquero chino en un área en disputa. Pekín aprovechó el incidente para renovar su reivindicación sobre mar del Sur de China, que inquieta a los países de la zona.
El liderazgo chino cree, y tal vez no le falte razón, que la historia le absolverá, que la represión de la disidencia y casos como el de Liu Xiaobo quedarán como notas a pie de página que no empañarán otros capítulos brillantes, como sacar de la miseria a centenares de millones de habitantes y convertir el país en una superpotencia que trata de tú a tú a EEUU y cuyo peso como fábrica del mundo y gran mercado emergente es vital para la estabilidad global.