Dentro del laberinto

Indio

Durante varios años acudí semanalmente a la sede de Radio Nacional en Madrid; durante una hora discutía con otros comentaristas el tema que nos preocupaba (fueron grandes momentos, yo el gris entre el blanco de Cristina del Valle y el negro de Fernando Sánchez Dragó) y después, con la misma calma con la que había llegado, bajaba las escaleras hacia el desangelado vestíbulo, que a veces se embellecía con exposiciones. Los carteles que alertaban sobre la movilización laboral eran constantes: la deuda de Radio Televisión Española, los despidos, las jubilaciones forzosas empapelaban las paredes y las columnas.

Hoy he regresado como quien se adentra en una selva india, con el tiempo transcurrido y la desorientación desdibujando los pasillos. Los carteles de los sindicatos continuaban intactos: intentaban convocar a los trabajadores para que luchen por la Entidad Colaboradora que les presta servicios sanitarios. Los recortes han llegado, son sin duda los primeros de una larga lista, pero recorre un escalofrío el cuello cuando se advierte que son, precisamente, en Sanidad.

Hemos dado por hecho que los logros sociales se mantendrían, que eran buenos para todo el mundo, que tras la lucha emprendida no se daría vuelta atrás. Con unos sindicatos abúlicos, una población trabajadora apática y un momento económico miserable, sospecho que esos carteles gritarán como Casandras en Troya, en muchas otras empresas, con muchos otros miedos. Me ha preocupado el silencio. He sentido lástima, porque esa Radio es nuestra Radio: debería dar ejemplo, debería sentar con dignidad precedentes loables, no mezquinos. He recorrido el desangelado vestíbulo con la tristeza que produce el desencanto, y el temor que en estos momentos presenta el futuro.