Opinión · Dominio público

Prioridades económicas

JESÚS CALDERA

02-27.jpgLa economía española experimentó hasta el año 2008 un largo periodo de expansión que nos permitió aumentar la renta per cápita hasta converger con los países más avanzados de Europa, capitalizar la economía y lograr un importante descenso de la deuda pública. La crisis que estamos atravesando ha supuesto un parón en seco a todas estas tendencias positivas, y nos ha puesto de manifiesto las debilidades del modelo de crecimiento de la economía española. Un modelo con síntomas de agotamiento, y que es necesario transformar si queremos recuperar de nuevo una senda de aumento del bienestar.
El crecimiento económico tiene dos pilares fundamentales: el empleo y la productividad. Pues bien, durante todo el último periodo expansivo, el fuerte crecimiento de la economía española se ha debido principalmente al empleo, mientras que nuestros resultados en términos de productividad son preocupantes. Si nos comparamos con la UE-15, nuestra productividad no solamente es más baja, sino que durante la última década viene mostrando una senda divergente respecto a la media de los países más avanzados.
Las causas de la baja productividad en España son múltiples: deficiencias en el sistema educativo y en la formación continua en el empleo, un diferencial de dotación de capital físico público y privado (aunque se ha corregido de forma drástica), la especialización productiva en determinados sectores, o las dificultades de las empresas más innovadoras para acceder al mercado de crédito.
Todos estos problemas deben ser atacados si queremos realmente transformar nuestro modelo productivo y resolver este grave problema estructural. Aumentar la productividad es clave para retomar una senda de crecimiento positivo, mejorar nuestra competitividad y crear empleo. Como destacamos desde la Fundación IDEAS con el informe “Ideas para una Nueva Economía, hacia una España más Sostenible en 2025”, ahora es el momento de levantar los cimientos de un nuevo modelo económico que queremos se asiente sobre unos sectores productivos que no sólo nos permitan crear más empleo, sino que además este sea de mayor calidad.
La estabilidad y la movilidad son dos condiciones fundamentales para mejorar el mercado de trabajo y para crear un entorno adecuado para que las empresas y los trabajadores inviertan en la formación de capital humano. Y es crucial no enmarcar estas dos variables en un contexto de dicotomía rígida según la cual las empresas únicamente quieren una amplia flexibilidad en el empleo y los trabajadores una gran seguridad en el trabajo. Porque también existen necesidades contrarias. La seguridad que ata al empleado a su empresa y evita su desarrollo profesional limitando su movilidad geográfica y funcional puede ser también perjudicial para los trabajadores. Del mismo modo, un grado demasiado elevado de flexibilidad y rotación laboral perjudica a las empresas, expuestas a perder las importantes inversiones hechas en la contratación y la formación de nuevos empleados.
El empleo tiene que ser estable en el sentido de que el flujo de ingresos del trabajador no se vea interrumpido bruscamente por razones ajenas a su voluntad. Esto implica, en primer lugar, reducir la rotación laboral excesiva que sufren los trabajadores temporales en España. Se deberían introducir mecanismos de flexibilidad interna que eviten acudir a los más traumáticos de flexibilidad externa. El modelo alemán puede servir como un ejemplo de una buena práctica. En segundo lugar es necesario mejorar la cobertura del subsidio de desempleo para los trabajadores en paro y sobre todo cubrir a aquellos a los que el sistema actual deja sin protección.
Sin embargo, el concepto de estabilidad no debería ir en detrimento de acciones dirigidas hacia una mayor movilidad. La condición crucial para esto es establecer mecanismos que permitan a los trabajadores generar y transportar sus derechos, como por ejemplo en el modelo austriaco. Así, ayudarían a incrementar la productividad del trabajo a lo largo del tiempo y fomentarían simultáneamente la movilidad de los trabajadores entre empresas o sectores.
Por otro lado, la movilidad debería implicar, asimismo, políticas activas que permitan la vuelta de los parados al empleo.
Resulta preciso proceder a un reforzamiento de los servicios públicos de empleo que atiendan de manera cualitativamente diferente las necesidades de quienes buscan empleo, aportándoles no sólo información, sino también formación y habilidades para enfrentarse a un mercado de trabajo cada vez más complejo. Un ejemplo a imitar en este punto podría ser el modelo danés.
En resumen, uno de los aspectos más importantes para iniciar la transformación de nuestro modelo productivo y la superación del problema de baja productividad que sufre la economía española es mejorar el funcionamiento del mercado de trabajo. Un mercado que requiere cambios que deberían abordarse con la amplitud de miras necesaria para que se puedan perseguir tres objetivos: crear empleo, mejorar la formación de los trabajadores y aumentar la productividad de la economía española.

Jesús Caldera es vicepresidente ejecutivo de la Fundación IDEAS para el Progreso

Ilustración de Iker Ayestaran