Opinion · Dominio público

Memoria defuncti: ni en el Valle ni en la Almudena

Antonio Gómez Movellán

Presidente de Europa Laica

El gobierno socialista anunció que exhumaría los restos de Franco del Valle de los Caídos en un plazo de un mes y han pasado ya cinco y todo sigue igual. Esto se llama incumplir lo que se promete. Es increíble que un gobierno de España no  pueda deshacerse de los restos del último dictador fascista de Europa.

La Iglesia Católica está en el centro del asunto. Pero ¿acaso el gobierno no puede dar de comer a los perros la momia de este asesino? ¿Qué está pasando? ¿Qué lio es este de la momia de Franco?

Pancartas de una manifestación contra el entierro del dictador Francisco Franco en la Catedral de la Almudena. REUTERS/Juan Medina
Pancartas de una manifestación contra el entierro del dictador Francisco Franco en la Catedral de la Almudena. REUTERS/Juan Medina

A la muerte del dictador, el Estado y no la familia, se hizo cargo del cuerpo y fue el Estado quien  procuró su embalsamamiento y enterramiento en el monumento fascista que se hizo para tal fin. Entonces no es la familia quien tiene derecho  del memorian defuncti sino el Estado ya que la familia dejó hacer al Estado en la protección del muerto. Por ello, ahora, el Estado, quiera o no quiera la iglesia católica, podría perfectamente entrar en la basílica,  sacar al muerto y si quiere tirarlo al mar. No hay ningún problema y, si lo hay, que presente la familia o la iglesia reclamaciones ante los tribunales.  Que quemen esa momia y el daño  sería ya irreparable. No sabemos  a qué se debe tanta sutiliza legal y tanta floritura jurídica bizantina ante una Iglesia católica que mantuvo a Franco bajo palio hasta su muerte y quien ha estado rezando por el alma del difunto, con devoción y con cantos de escolanía, durante cuarenta años de democracia. Es esa misma Iglesia que ahora se presenta como la fuerza equilibrada, como el fiel de la balanza y quien  ha dejado en ridículo y humillado a la Vicepresidenta del Gobierno.

Quizás el único decente de todos nosotros ha sido el artista Enrique Tenreiro quien se ha atrevido a manchar con sangre simpática  la tumba del Generalísimo asesino. Respetar el Estado de derecho no significa que haya que respetar la momia del dictador fascista y en cuanto a la familia, todo su patrimonio ha sido enajenado a la Nación por la fuerza de las armas. Pero ¿por qué no empieza el Gobierno a expropiar a esa familia todos sus bienes? Pero ¿para qué tiene el Estado un a legión de abogados y juristas? ¿Porqué no empiezan  a trabajar? Tanta parsimonia enrarece el ambiente.

De momento algunas cosas, desde la sociedad y con los represaliados del franquismo, estamos haciendo. El día 14, en el auditorio de Comisiones Obreras de Madrid, a las 19.30, habrá un acto público en el que reclamaremos el desiderátum del dictador y se prepara para el 1 de diciembre una gran concentración en la explanada de la espantosa catedral de la Almudena de Madrid.

Todos estamos un poco asustado porque hemos visto que por más de cuarenta años nadie hizo nada. Nadie tomo iniciativas y cuando decimos nadie, es nadie. La democracia se acomodó a la continuidad del franquismo. Fue la Reforma pero no la Ruptura. Todo esto está en el fondo de todo esto; y también lo está la  Monarquía católica restaurada por Franco en 1947 y Juan Carlos fue proclamado Rey de acuerdo a esa ley y no a la Constitución, como falsamente se dice a los niños en los colegios. En   la proclamación del  Rey, la Constitución no pintó absolutamente nada. Algunos hombres y mujeres de la socialdemocracia saltan de sus confortables sillones si se habla de todo esto. Me refiero a gente como Alfonso Guerra, Felipe González y tantos y tantos otros líderes del PSOE, algunos de los cuales  se sitúan  hoy en la ultraderecha católica española.

La Iglesia Católica, mientras tanto, dice que todo el problema es   entre el gobierno y la familia  pero saca a relucir la famosa inviolabilidad  de los lugares sagrados o los malditos Acuerdos con la Santa Sede de 1979. El gobierno de Sánchez debería de haber denunciado ya ese fascista concordato que constituye, por lo demás, la barricada en la que se parapeta la Iglesia católica para mantener sus privilegios y su inviolabilidad.

Muchos dicen que, en el fondo, todo este asunto es una estratagema electoral de Pedro Sánchez, que, al no tener un programa social digno de ese nombre, solo le quedan los gestos izquierdistas para ramblar votos de la base electoral de Podemos . Pues si es una ardid electoral aún tenemos más razones para mandar al infierno los restos del dictador ya que el tiempo se puede estar acabando. Por favor, decreten ya la voladura del Valle de los Caídos y den un plazo a los monjes benedictinos para que salgan corriendo.