Opinion · Dominio público

#Cuéntalo: de big data a contrapoder social

Vicenç Ruiz Gómez

Vocal de Investigación de la Asociación de Archiveros-Gestores de Documentos de Catalunya

El pasado jueves se presentaron, en el Teatro del Barrio, los primeros resultados del proyecto #Cuéntalo. El eco mediático ha sido tan potente como ensordecedor el silencio con el que el público asistente acogía los relatos y cifras que Karma Peiró y Fernando Cucchietti, conteniendo la emoción, exponían de forma sintética. Más que volver a insistir en el contenido, me gustaría aprovechar este artículo para poner el foco, ni que sea por deformación profesional de archivero, en el contexto.

Gracias a la cuarta revolución industrial, disponemos por primera vez en la historia de un registro masivo que permite a todas las capas de la población producir evidencias documentales de sus actividades. Se ha acabado, aparentemente, con el monopolio del archivo que detentaban estados, grandes corporaciones y élites sociales. Decimos aparentemente, puesto que, en rigor, es harto improbable que podamos acceder en el futuro a la documentación que se genera hoy en día en las redes sociales. Y esto tanto a nivel individual como, especialmente, a nivel colectivo, puesto que su carácter horizontal y, en principio, gratuito, está convirtiendo a plataformas como Twitter, Facebook o Instagram en el medio casi exclusivo (junto con las aplicaciones de mensajería instantánea) a través del cual movimientos sociales y grupos no institucionales documentan su existencia y actuación.

Nos encontramos, pues, ante la consolidación de la sociedad red que Manuel Castells definía ya en 2004 como una sociedad donde las estructuras y actividades fundamentales están organizadas entorno a redes de información procesada electrónicamente. Una sociedad, en la que todos los datos que conforman nuestras vidas pueden ser archivados, comunicados y procesados. Y lo son, pero no por cada uno de nosotros, sino esencialmente por grandes corporaciones privadas, constituyéndose en el big data que fundamenta el capitalismo de vigilancia que, tal como alerta Shoshana Zuboff, tiene por objetivo predecir y modificar el comportamiento humano para generar beneficios y control de mercado. Y es así como el archivo ha dejado de ser el mero reflejo de una actividad, para convertirse en el medio de producción, acumulación y control de toda una nueva lógica social.

Democratizar la tecnología de archivo es pues más necesario que nunca y, justamente, ese es el gran valor del proyecto #Cuéntalo, junto con el de la capacidad de empoderamiento social y rendición de cuentas en el ámbito concreto de la violencia machista. El proyecto #Cuéntalo ha permitido extraer de la cadena de producción del capitalismo de vigilancia una parte de la plusvalía que el hashtag #Cuéntalo había generado unos meses antes en la redes sociales, convirtiendo esa porción de big data en contrapoder social.

Este asalto a la fábrica 4.0, que ha sido un trabajo cooperativo llevado a cabo por tres perfiles profesionales, llamados a tener un rol cívico cada vez más vital, como son periodistas (Cristina Fallarás, Karma Peiró), científicos de datos (Fernando Cucchietti y su equipo en el Barcelona Supercomputing Center) y archiveros (Aniol Maria y yo mismo, miembros de la AAC), ha tenido en cuenta esa particular naturaleza de los nuevos fondos documentales y se basa en tres líneas estratégicas: a) por el entorno tecnológico privativo en que se han generado, hay que actuar proactivamente para asegurar un acceso gratuito y democrático a medio y largo plazo; b) por su carácter masivo, hay que dotarse de herramientas que permitan automatizar el análisis (clasificación, descripción) y explotación de la información; y c) por su generación colaborativa, hay que garantizar un modelo de contextualización y gestión participativo, es decir, que incluya, en este caso, a las personas que realizaron los tuits (sobre todo esas 50.000 historias de violencia).

De esas tres líneas, hemos trabajado esencialmente en las dos primeras, siguiendo el ejemplo de colectivos como Documenting the Now, creado en torno al movimiento #BlackLivesMatter. Pero queda mucho camino por recorrer aún en la tercera. El análisis y los resultados presentados se tratan de un paso imprescindible para seguir avanzando hacia un modelo de tratamiento archivístico participativo de datos masivos, ya que ahora disponemos de información suficientemente precisa como para identificar tanto geográfica como tipológicamente los perfiles productores del hashtag. Así, podemos fundamentar mejor el diseño de esa metodología colaborativa que, mediante el uso de plataformas virtuales y sesiones presenciales, permita a las mismas personas que produjeron los tuits contextualizar los hechos narrados con mayor precisión y rigor, elevándolos de la categoría de testimonio social a la de evidencias legales (si así se precisara). Al mismo tiempo, este tipo de tratamiento participativo debe servir para dotar de mayor componente cívico y transparencia a la inteligencia artificial de los algoritmos en procesamiento de lenguaje natural empleados. Ese tipo de algoritmos que, en cada vez más ámbitos, son los encargados de tomar decisiones políticas y económicas de grandísimo calado y amplio espectro.

En suma, el proyecto #Cuéntalo no sólo tiene que ver con el reto de construir democráticamente la futura memoria social, sino que, en buena medida, tenga quizás aún más que ver también con la necesidad de construir socialmente nuestra democracia presente.