Opinion · Dominio público

La disyuntiva

La Humanidad, es decir todas y cada una de las personas que vivimos en cualquier territorio del planeta, se encuentra ante una disyuntiva que no tiene parangón con cualquier otra situación crítica que haya vivido a lo largo de su existencia en el planeta Tierra. La extrema gravedad de la situación estriba en que no cabe la inhibición. No decidirse, significa a efectos prácticos, escoger la peor de las dos opciones: la catástrofe para la vida y su diversidad, la especie humana y las conquistas de la civilización que durante siglos hemos desarrollado. Pronunciarse por detener el proceso de deterioro medioambiental, social, cultural y de valores, por parar el esquilme de los recursos naturales y por impedir el atentado creciente a la biodiversidad antes de que lleguemos al punto de imposible retorno, exigirá un esfuerzo colectivo impulsado por otros parámetros económicos, sociales, éticos y de concepción de la vida que hagan posible la plenitud generalizada de los DDHH para las futuras generaciones y los Derechos del Planeta Tierra que nos sustenta. Pero sobre todo exigirá forjar un nuevo sujeto colectivo consciente y con conciencia de la situación actual que impulse, conduzca y organice el paso a la nueva situación deseada. ¿Somos alarmistas y exageramos?

Ante nuestra vista se está configurando una nueva era. A ella quiere referirse el término Antropoceno. Y ello no es otra cosa que la consecuencia de que una especie animal; la humana, ha llegado a poseer la capacidad de transmutar el orden medioambiental y ecológico que hizo posible la vida en la Tierra. Y ello no ya un asunto de siglos venideros sino de décadas del presente siglo.

Y junto a ello asistimos a otro proceso, simultáneo e interrelacionado: la desaparición brutal y acelerada del llamado Estado del Bienestar en Occidente junto con el las crecientes desigualdades en el planeta, el repunte en el hambre mundial, la desnutrición infantil, las enfermedades, las migraciones y el comercio con seres humanos.

Sobre la base de estos procesos  se yergue la nueva geopolítica creada en torno a la inminente escasez de recursos energéticos no renovables, el fin de la edad áurea del comercio libre  y el desorden mundial propiciado por USA como consecuencia de su declive  antes nuevas potencia en emergencia. El fantasma de la III Guerra Mundial se corporiza taras decenas y decenas de conflictos armados regionales y no generalizados junto con el crecimiento exponencial del gasto armamentístico.

La letra de nuestra Internacional habla de que el mundo va a cambiar de base. Lo que ocurre es que no parece vaya a ser en el sentido que la letra sugiere. Por el contrario – hoy – deberíamos decir que es urgente que deba cambiar de base. Y ello desde clásicos y nuevos parámetros de lucha y de organización. Y sobre todo sobre nuevos parámetros de valores, calidad de vida, bienestar y solidaridad para todos y cada uno de los 7.500 millones de habitantes de un planeta que necesita ser respetado y reconducido hacia un equilibrio ecológico y medioambiental urgente, so pena de llegada a un punto de imposible retorno. El sentido de estas líneas no es otro que llamar la atención y empezar a trabajar sobre la creación, desde ya, del nuevo Paradigma que haga posible la continuidad de la vida y la sociedad humana con plenitud de DDHH y Democracia.

Afrontar la crisis

Schumpeter (1883 – 1950), el economista austriaco que compartió con Keynes el estrellato del siglo XX, escribió en su obra Capitalismo, Socialismo y Democracia (1942) que el Capitalismo moriría de éxito. Creía – en contra de sus deseos – que el Socialismo era inevitable. ¿Qué razones daba para estas afirmaciones? Las resumimos en dos:

  1. La función de la empresa tiende a desaparecer, el progreso técnico depende cada vez más de equipos de expertos asalariados que trabajan por encargo, por lo que el progreso económico tiene a despersonalizarse y automatizarse. En la empresa moderna no hay más que directores que son empleados y accionistas que se sienten ajenos a la empresa, incluso desconfían de los administradores. El problema reside pues, en la gran corporación burocratizada y anónima.
  2. La extensión de los estudios universitarios contribuye al paro entre los profesionales de “cuello blanco” que no encuentra trabajos para sus aptitudes y rechazan trabajos que consideran denigrantes. En consecuencia se produce una rebelión de los intelectuales.

Por mucho que Shumpeter no llegue al fondo del problema, no es menos cierto que apunta cuestiones que hoy constituyen una realidad cotidiana. Schumpeter murió en 1950 y en consecuencia no pudo leer los trabajos de Donella Meadow en 1972 sobre Los límites al crecimiento.  En este libro escrito por encargo del Club de Roma la profesora norteamericana avisa de la finitud de los recursos y la contaminación propia de la civilización industrial.  El otro gran proceso que no pudo conocer, pues empezó a incrementarse en la década de los ochenta del siglo XX es la exacerbación de la producción y el comercio mundiales conocida como Globalización. Precisamente son éstos dos acontecimientos los que confirman la aseveración de Schumpeter que, por otra parte, ya había sido genialmente intuida y razonada por Marx. Veamos.

La Globalización es una fase de la expansión del sistema capitalista cuyas notas más características son:

  • Mayor intensidad del proceso de incorporación de la ciencia y la técnica, a la producción: fibra óptica, biotecnología. Informática, comunicaciones, automatización, etc.
    * Incremento exponencial del comercio mundial.
    En 1870 el comercio, representaba el 9% del PIB mundial.
    En 1939, el 16%
    En 2015, el 40%
  • La financiarización como proceso por el cual la actividad de los propietarios y del gran capital productivo, está siendo sustituida, cada vez más, por los propietarios y gestores del capital especulativo y financiero.
    En la actualidad solamente el 5% de las transacciones que se realizan en los mercados de divisas están relacionadas con operaciones comerciales de inversión. En 1980 los activos financieros de los países del G 7 eran el 20% de su PIB. En la actualidad superan el 200% En 1989 el volumen de operaciones diarias en el mercado de divisas era de 600.000 millones de dólares. En el 2015 era de 3 billones de dólares. En 2016 el PIB mundial era de 75 billones de dólares. La especulación en moneda extranjera llegó a los 5,3 billones al día. El mercado global de derivados financieros se estimó en 1,2 trillones. Este despliegue sin precedentes de la financiarización se ha hecho en tres líneas de actuación:

    • Hacia las empresas en el mercado bursátil.
    • Hacia el sistema bancario (servicios de intermediación financiera y gestión de nuevos instrumentos y mecanismos de ahorro social como los fondos de pensiones o fondos de inversión. Sin olvidar el blanqueo de capitales del narcotráfico o el comercio de armas.
    • En tercer lugar la Deuda de los Estados obligados a financiarse a través de la banca privada. Y a ese problema de la Deuda se añaden los Paraísos fiscales, la evasión fiscal y los privilegios de Banca.
  • Concentración de la propiedad. En 2011 y de un conjunto de 43.000 empresas multinacionales, 1.318 a través de vinculaciones accionariales, empresas filiales, etc. controlaban el 60% de las otras.
  • Aumento de las desigualdades. La población humana del siglo XX se ha multiplicado por 3 y el PIB por 16 y a pesar de ello el 80% de la población tiene acceso al 5% de la riqueza y el 20% tiene acceso al 95% de la misma.
  • El comercio va dejando de ser internacional y se hace inter-empresarial
  • Se rompe el vínculo que unía la economía al territorio
  • Los Estados ya no deciden cómo y cuánto gravar a las empresas sino que son éstas las que escogen donde quieren ser gravadas.
  • Se rompe la simetría entre el espacio económico y el espacio jurídico- político.
    * El Estado, comienza a ser afectado por un proceso en el que su monopolio político sobre sobre el territorio en cuestiones como la moneda, la capacidad legislativa, la recaudación de impuestos o la aprobación de sus Presupuestos Generales no son ya fruto exclusivo del ejercicio de su Soberanía sino el resultado de una dependencia de otros poderes extraterritoriales a los que los Gobiernos han cedido soberanía y que no siempre son políticos.
  • Por otra parte los Estados comienzan a financiar su Deuda acudiendo al mercado financiero con lo cual se produce una interconexión entre la política monetaria, la política presupuestaria y la política de deuda Pública Nacional.
  • Y una última cuestión que simplemente enuncio ahora, pero que está en la raíz de la crisis de la llamada Civilización Occidental que surge en el siglo XVIII: el equilibrio entre el Capitalismo y la Democracia Representativa comienza a inclinarse en favor del capitalismo en detrimento de la Democracia Representativa. Y la razón no es otra que la consolidación del nuevo Poder transnacional con organismos y normas propias que conduce a que el Estado va quedando como residual y ejecutor de lo acordado en otros ámbitos.

No se agotan las características de la Globalización con las expuestas anteriormente. Hay dos conjuntos más y muy específicos de notas que terminan por definir la Globalización y que, por otra parte, nos retrotraen a las predicciones de Schumpeter. Veamos el primer conjunto.

Deslocalización y descenralización productiva

Las empresas son trasladadas a otros lugares del planeta en los que los capitalistas encuentran políticas fiscales, laborales y de infraestructuras más beneficiosas para ellos. Por otra parte los sistemas de producción taylorista y fordista caracterizados por las cadenas de montaje y la organización colectiva del trabajo en una misma fábrica o en un mismo territorio, implican modificaciones en la fisonomía tradicional del movimiento obrero, caracterizada antes por lazos de solidaridad de clase y por una conciencia colectiva; pero ahora la reestructuración industrial provoca la individualización y segmentación del trabajo. En cuanto a la individualización, se modifican los antiguos vínculos de solidaridad y conciencia; una nueva movilidad afecta a la vida de las personas; ambientes sociales enteros experimentan cambios; la administración del trabajo se altera. Sobre las segmentaciones se transforma la identificación de clase: el proletariado se divide cada vez más en subclase; aparecen gormas cada vez más nuevas de organización productiva y el avance tecnológico separa a los trabajadores en ramas de especialización creciente.

La conciencia de clase potenciada por el trabajo conjunto se debilita. Por otra parte los antiguos barrios obreros en los que la precariedad de servicios e infraestructuras los convertían en cuasi guetos, han dado paso a urbanizaciones de tipo interclasista o al menos de convivencia entre grupos y estratos de variada composición. La clase en sí tampoco encuentra condiciones para pasar a clase para sí. Y esa dificultad para la concienciación debemos añadir otra:   la cultura – espectáculo de la televisión y los otros medios de comunicación cuta titularidad es de bancos y grupos financieros. Tampoco debemos olvidar a parados, precarios, marginados y excluidos que, conviviendo en el mismo territorio consideran privilegiado a los que aún conservan un puesto de trabajo fijo aunque sea mal remunerado. El fraccionamiento es total. Y ello nos lleva a considerar la necesidad de priorizar – por más factible – la conciencia de “situación” y la voluntad colectiva organizada para superarla.

Éxito y limjtes insalvables del capitalismo

Me adelanto a cualquier crítica que se nos pudiera hacer por considerar que el capitalismo ha tenido éxito.; me remito al texto del Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Otra cosa es que su desarrollo y auge se hayan visto acompañados dela explotación, miseria y colonialismo. Pero el capitalismo como desarrollo exponencial de las fuerzas productivas en beneficio de unos pocos, pero también de sectores de la población (incluidos los obreros y capas medias de los países centrales) ha conseguido un amplio consenso en la sociedad. Y no olvidemos a Gramsci y su ecuación: Hegemonía = Dominación + Consenso.

El capitalismo, sus valores, sistema económico y cultura del individualismo, se ha extendido por todo el planeta; se ha agigantado en países ya capitalista, ha llegado a países en vías de desarrollo y además a países teóricamente anticapitalistas. Tras la demolición del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS llegó a decirse que se había llegado a la plenitud de la Historia (Francis Fukuyama). Pero es precisamente ahí, en éxito de los últimos decenios, donde el capitalismo acelera su camino hacia la muerte. Y no se trata solamente – qué también- de las crisis de sobreproducción cíclicas que Marx anunciara sino -además e inexorablemente- en dos consecuencias de su éxito: no haber un plus ultra en su despliegue y los límites del planeta Tierra.

¿Hay un plus ultra?

El capitalismo no encuentra ya más territorios que expoliar, más productos que elaborar masivamente, más sectores libres de competencia y sin carreras en la disminución de los costes de producción. Ahora son zonas enteras que compiten entre sí y en esa lucha las viejas potencias capitalistas están siendo superadas por otras nuevas y con sus mismas armas. El que Trump coquetee con el proteccionismo señala claramente que el culto de latría que el llamado comercio libre había recibido, ha decaído. El capitalismo ante la reducción de espacio físico y comercial, se ha visto obligado por la presión de sus genes a buscar nuevas fórmulas de expansión; nace el capitalismo financiarizado. Las inversiones se dirigen a campos hasta ahora no penetrados sistemáticamente: agua, aire, tierra, agricultura, seguridad, cárceles, enseñanza, sanidad, diversión, droga, armamento, tráfico de personas, etc.

Las consecuencias son evidentes. Tanta privatización va despojando de sus atributos al llamado Estado del Bienestar e incluso al mismo Estado. Y ello conlleva la práctica eliminación de los Derechos Humanos más elementales e incluso el sistema democrático representativo tal y como se ha ido extendiendo por Occidente y otros países. Las elecciones raramente representan la posibilidad de cambios profundos. Se acepta el marco socioeconómico y todo lo más a que se aspira es a estar bien representado en las instituciones. Cuando la política económica que se reclama de la alternativa tiene su horizonte y meta en un Keynes devaluado, ya no queda nada más que decir. El capitalismo globalizado está acabando con en marco político de democracia que le sirvió para expandirse y justificarse. Comienza su fin como sistema capa<a de construir simultáneamente un orden económico  coexistente con los DDHH y la Democracia.

Los límites infranqueables del crecimiento

Se ha tocado fondo. El agotamiento de los recursos y de las energías no renovables unido a lo que ya en 1972 se avisó sobre la contaminación y polución planetaria. El desarrollo paroxístico del sistema ha puesto a la Humanidad ante un dilema de más que urgente resolución: él o la vida en el planeta Tierra. Y al hablar del sistema no me refiero solamente al capitalista sino también a la civilización industrial tal y como la hemos conocido hasta hoy.  El problema teórico y político estriba en que la degradación del capitalismo no va acompañada de la pérdida de hegemonía cultural, social y política de sus valores, teorías, modelos de vida y pautas de comportamiento. El mercado capitalista como único y mejor sistema de distribución de recursos, bienes y servicios, la competitividad erigida en el motor vital para la mejora de la calidad de las mercancías y su precio y el crecimiento sostenido de la economía medido por el PIB siguen ocupando el protagonismo de cátedras, discurso políticos, sindicales y editoriales de los medios de comunicación a pesar de sus desastrosas consecuencias sociales y económicas para la mayoría. Esta realidad obliga a una izquierda con voluntad de superar al capitalismo, a no olvidar el frente ideológico, pero desde luego, con métodos lejos de la prédica y la catequesis y desvinculados de la realidad cotidiana. La praxis en resumen.

Volviendo a Schumpeter

De manera totalmente consciente o no, con una argumentación más o menos rigurosa, Schumpeter acertó en la diana al advertir de la muerta del capitalismo a consecuencia de su éxito. Pero el economista austríaco dijo algo más. Consideraba que tras la muerte del capitalismo el Socialismo era inevitable. Creemos que esta afirmación contiene en su formulación una fuente de problemas y errores para quien o quienes la eleven a la condición de ineluctable o necesaria en sí.

No compartimos la idea de que tras el capitalismo en crisis el socialismo se impondrá por la simple lógica de un proceso lineal e irreversible. Esta idea fue defendida por la primitiva socialdemocracia y no otra cosa que la traslación a la política de la idea mesiánica de que el mundo funciona siguiendo un destino proyectado por la Historia. Si el socialismo vendrá tarde o temprano no tenemos sino que esperar a se cumplan las condiciones objetivas y aparecerá sólo. Ya Marx habló de que los revolucionarios debían ser los parteros que ayudaran al alumbramiento de la nueva sociedad. El socialismo vendrá si se trae. El futuro se construye desde el presente, y en esa construcción la subjetividad es algo imprescindible.

Sobre esta cuestión el marxista inglés Terry Eagleton ha dicho:
Hace falta el socialismo o algo parecido para que el sistema pueda ser derribado sin que arroje a todos a la barbarie. Y por eso las fuerzas de la oposición son tan importantes para resistir tanto como sea posible el fascismo, el caos y el salvajismo que seguramente surgirán de una crisis mayoritaria del capitalismo.

A la luz de estas palabras deberíamos hacer una reflexión acerca de lo que está pasando en esta hora del mundo. No podemos esperar a que la Historia resuelva un problema que es de la Humanidad y muy especialmente de la izquierda. Sin embargo no compartimos con Eagleton el llamamiento a la resistencia. Y no es que ignoremos la necesidad de organizarse y combatir a la barbarie, pero se debe evitar – con tiempo –que la única opción sea la de aguantar las embestidas del adversario. ¿Cuándo se instalará la izquierda en la lógica de la ofensiva? Desde la izquierda se está planteando permanentemente la idea de resistencia. Esa posición termina casi siempre en derrota. Resistir y autodefinirse como anti son dos caras de la misma moneda: incapacidad o miedo a proponer una alternativa y luchar por ella.  La nueva sociedad a la que la izquierda dice aspirar se construye en el seno de la vieja. Se necesitan proyectos, alianzas, valores, programas, plazos y fases.

Desde esta posición hacemos nuestra propuesta. Planteamos una búsqueda que concluya con un proyecto de enmienda a la totalidad del sistema en crisis, con propuestas graduadas temporalmente pero en el marco de un proyecto globalizador como trasfondo, meta y estrategia.  Y lo hacemos desde la convicción de que esta crisis del capitalismo globalizado nos arrastrará a una barbarie que ya asoma. Estamos ante una crisis de civilización que exige audacia, creatividad, estudio y organización de los llamados a alumbrar una nueva situación y además a luchar por ella. ¿A quiénes nos referimos?

Creemos que se debe explorar la posibilidad de una síntesis teórica, política y programática de cuatro cosmovisiones que en el decurso de la Historia han planteado y siguen planteando nuevas propuestas de liberación humana. Las enumeramos partiendo de los momentos y textos que las alumbraron.

  1. Manifiesto Comunista, (1847 – 1848). Carlos Marx y Federico Engels
  2. El segundo sexo (1949). Simone de Beauvoir
  3. Los condenados de la tierra. (1961). Frantz Fanon
  4. Los límites al crecimiento (1972) Donella Meradow.

Es decir, comunismo de matriz marxista, feminismo, multiculturalidad y ecología política. Estas cuatro enmiendas a la totalidad, y a su vez propuestas liberadoras, tienen en sí mismas el potencial sobre el cual construir simultáneamente un bloque de lucha y también de construcción de una sociedad alternativa. Su conjunción, incluso en la fase embrionaria de la misma, contiene todos los elementos necesarios para un nuevo discurso – propuesta con fuerza profética. Sería lo que Gramsci denominó Fantasía concreta. La imbricación de estas cuatro propuestas conformaría un potente sujeto revolucionario o, en su caso, una potente y plural confluencia de sujetos revolucionarios.

Cuando planteamos la búsqueda de esa síntesis no ignoramos su dificultad, pero su necesidad histórica es más que evidente. Pensamos que si la síntesis teórica (muy necesaria) pudiera demorarse, la político –programática sería menos dificultosa. Es más ayudaría a construir la primera. Somos conscientes de los miedos, recelos y reservas heredadas desde el pasado, pero no olvidemos que en esta fase crucial la conjunción de las cuatro fuerzas (o mejor la síntesis de las mismas) es la única que puede potenciar y concitar energías sociales, protagonismo de los valores, recuperación de la ética cívica y dignidad a la Política. Pero sobre todo, impedir el colapso civilizatorio y la entrada en una era de fascismo administrador de la escasez.

De lo global a lo local

La búsqueda de una alternativa que proponemos sobre las cuatro bases enunciadas, debe abrirse a nuestro juicio – con una serie de contactos y trabajos conjuntos entre colectivos, entidades y personas que acepten el reto de forjar una nueva propuesta de síntesis teórica, política y programática.  Y ello debe hacerse de una manera multidireccional, es decir, no debemos obstaculizar que otros continúen esta tarea por sus propios medios. Al final, si la propuesta arraiga nos encontraremos todos debatiendo, consensuando y construyendo.

Pero si bien este debate, por sus características será en sus comienzos minoritario o muy especializado, debemos acercar a él a colectivos, personas, y plataformas que están centradas en problemáticas de carácter económico, social y cultural aparentemente más urgentes y de amplio eco social. Creemos que para ello se debería a través de instancias partidarias poner en marcha una reflexión previa a la movilización sobre cuatro problemáticas muy concretas. A saber:

  1. La ligada al reparto de los recursos y las posibilidades vitales.
  2. Las vinculadas a relación con el otro.
  3. Las que surgen como consecuencia de la aparición de nuevos valores sociales y la demanda de estabilidad y seguridad de buena parte de la población.
  4. Las que emergen fruto de la recomposición geopolítica mundial. Y ninguna de estas problemáticas está siendo abordada por ninguno de los partidos políticos españoles.

Los resultados de las elecciones del 28 de Abril y del 26 de Mayo auguran el retorno al bipartidismo y un paso más a la recomposición del régimen de la Transición y corremos el riesgo de que la operación nos sepulte dentro.

Pero si los cuatro conjuntos de problemas que hemos ido señalando a fuer de urgentes pueden servir de acicate para un debate de las características que proponemos no es menos cierto tampoco que, incluso para nosotros, también de suma utilidad cuando no necesidad.

La actual situación de la izquierda es de una dispersión y confusión que es necesario y urgente aclarar y redefinir. Sobre todo tras los resultados electorales del 28 de Abril y el 26 de Mayo. Y ello arroja una situación en la que ni los actores que surgieron entre los años 2014 y 2016 (candidaturas e confluencia, Podemos) se han consolidado en sus proyectos originales, ni en IU hemos conseguido la acordada superación en un nuevo MPS que superase el carácter de Partido Político.

Ante esta realidad, el PCE debe tener la audacia de plantear la necesidad del debate y que éste tenga su propia vida. Precisamente porque el debate al que convocamos puede divulgar como valores vitalmente necesarios la solidaridad, la justicia social, la igualdad el consumo r4rsponsable y la defensa del medio ambiente.