Dominio público

Cuando los imames son los amos del pueblo

Waleed Saleh

Miembro del Grupo de Pensamiento Laico, integrado además por Nazanín Armanian, Enrique J. Díez Gutiérrez, Francisco Delgado Ruiz, Pedro López López, Rosa Regás Pagés y Javier Sádaba Garay y Ana Mª Vacas Rodríguez

El sistema educacional en el mundo árabe e islámico padece grandes desajustes, cuyas consecuencias se manifiestan en la vida social, económica y cultural de los diferentes pueblos. Desde sus inicios la educación fue establecida sobre bases poco o nada sólidas y con una visión cortoplacista que demostró ser desacertada con el paso del tiempo y estar alejada de las necesidades reales de los ciudadanos. La falta de planificación en el sistema educativo llevó a algunos analistas a percibir una situación insólita que los llevó a la siguiente conclusión: los mejores estudiantes (de primera categoría) ingresan en las facultades de medicina e ingeniería. Los alumnos de segunda categoría cursan estudios económicos y empresariales y se convierten en directores de los egresados de médicos e ingenieros. Los de tercera categoría estudian ciencias políticas, dirigen la política del país y gobiernan a las dos categorías anteriores. Los estudiantes que fracasan en sus estudios se incorporan al ejército y a la policía, dominan a los políticos y los destituyen por medio de golpes de estado. Lo sorprendente es que aquellos que nunca han estado en ningún colegio se convierten en jeques de tribus y son tomados en cuenta en muchos asuntos jurídicos y sociales. Pero lo más sorprendente es que todos los grupos anteriores son dominados por los imames y los clérigos, que se convierten en los verdaderos amos de los pueblos. Los manipulan a su antojo con mensajes y contenidos supersticiosos y se erigen como representantes de la divinidad en la tierra cuyas órdenes han de ser cumplidas por todos.

Según algunos estudios y encuestas realizados recientemente por organismos locales e internacionales conocidos, la religión en los países de mayoría musulmana se está retrayendo. La información publicada indica que más de la mitad de la población en países como Irán y Líbano se está alejando de la religión. Estudios anteriores de los últimos años han confirmado esta misma tendencia en otros lugares, como Arabia Saudí y Egipto. De hecho, las autoridades políticas y religiosas egipcias emprendieron a mediados de la pasada década una serie de medidas para frenar la ola de ateísmo que amenaza las bases del islam y del cristianismo copto. El mismo mecanismo se ha repetido en Arabia Saudí y otros países del Golfo. Pero, a pesar de esta nueva realidad, millones de personas siguen fieles a su religión y obedecen en cierta medida a las instituciones religiosa y a la clase clerical del islam. Los imames siguen controlando en gran medida el culto religioso, buena parte de los medios de comunicación, incluso la programación educativa.

Al-Azhar (mezquita y universidad), máxima autoridad religiosa de Egipto de la rama suní que se encarga de la investigación sobre asuntos del islam y con gran influencia política y social, emite fetuas (edictos religiosos) que toman en cuenta millones de musulmanes como si fueran enseñanzas de obligatoria aplicación. Sin embargo, el papel de al-Azhar es criticado por muchos librepensadores que consideran que esta institución representa lo más retrógrado de los preceptos del islam, pese a las pretensiones de los profesores azharíes de intentar modernizar y renovar esta fe. Lejos de toda clase de modernización, la estructura de al-Azhar, su sistema de educación y los contenidos que se estudian en sus aulas afirman todo lo contrario. Últimamente han surgido algunas voces críticas cuestionando el carácter anacrónico y violento de los textos que manejan estos profesores en sus clases. Textos tomados de libros como al-Iqna’ de al-Jatib al-Sharbini y al-Rawd al-Marba’ de al-Bahuti que, entre otros, consideran lícito que un musulmán coma la carne de un infiel en caso de necesidad, asesinar a los apóstatas y a los musulmanes que no cumplen con el rezo, maltratar a la esposa, etc. Lo más inaudito de todo esto es que las autoridades de al-Azhar creen que estas obras del acervo islámico son imprescindibles para la formación de sus estudiantes y que no se debe tocar ni modificar.

Muchos de los profesores de esta prestigiosa institución rechazan cualquier cambio en los programas de estudios y consideran asuntos como la yihad y los hudud (castigos) parte inseparable e indiscutible de las enseñanzas del islam. Defienden con fuerza la ejecución del apóstata y a todos aquellos que se oponen a la expansión del islam. Inculcan entre su alumnado una visión de desprecio hacia los seguidores de otras religiones.

El caso de la clase clerical iraní no se diferencia de lo anterior. Los ayatolás no solo controlan la religión, sino también el dinero y la política, de modo que impiden cualquier cambio del sistema político del país. La clerecía iraní tiene cierta independencia económica porque recibe de sus seguidores donaciones e impuestos del jums (quinta parte de los ingresos de sus fieles), además de las ayudas estatales.

A partir de la Revolución Islámica de 1979, las autoridades político-religiosas vienen aplicando estrictas normas sociales que afectan profundamente a los derechos y libertades. Los homosexuales son condenados a muerte y las mujeres que se rebelan contra la obligatoriedad del hiyab son detenidas y castigadas. Las manifestaciones contra el gobierno están prohibidas y aquellos que se manifiestan en este sentido son encarcelados, torturados y muchos ejecutados bajo la acusación de colaboración con fuerzas extranjeras enemigas de la nación. El líder supremo o guía espiritual es la máxima autoridad política y religiosa hasta su fallecimiento. Jomeini, artífice de la Revolución Islámica, puso en marcha un sistema de gobierno llamado Velayet-e-Faqih (el gobierno del jurisconsulto). Este es el comandante de las fuerzas armadas y entre sus competencias está la declaración de guerra, el cese del presidente del gobierno y la disolución del parlamento. Los ayatolas de Irán han convertido el asesinato de Husayn (nieto del Profeta) en Kerbala en 680 d.C. en el eje del comportamiento del poder y también de la sociedad. Consideran el luto por el martirio de este imam un asunto de Estado que debe estar presente en todos los ámbitos de la vida política y social. Es el sistema más eficaz para controlar al pueblo y conducirlo por los caminos ya diseñados por los servicios de inteligencia y por la Guardia Revolucionaria de la República Islámica. Las fotos de Jomeini y de su sucesor Jamenei presiden cualquier oficina civil o militar, incluso los comercios y las tiendas de cualquier mercado de todas las ciudades iraníes. La política seguida tanto por Jomeini como por su sucesor consiste en el desprecio de los derechos de las minorías étnicas y religiosas. Los seguidores de la rama suní encuentran muchas dificultades para construir un lugar para su culto. La etnia persa tiene muchos privilegios en detrimento de otros grupos como los árabes, turcomanos, kurdos, baluchíes, azerbayanos, mazandaraníes, etc.

Conviene saber que Jomeini, santificado por buena parte del chiísmo internacional y con muchos admiradores occidentale,s mandó durante su gobierno (1979-1989) ejecutar a más de 30.000 opositores, algunos de ellos colaboradores muy próximos. La crueldad cometida por las autoridades políticas que representaban el poder de Jomeini no tiene límites. Mohamed Charfi, que fue un prestigioso especialista en islam político, denunciaba en su libro Islam y libertad los excesos cometidos por la Revolución Islámica hacia los opositores. Relata que el Ayatolá Jaljali, jefe de la autoridad judicial del gobierno de Jomeini, instaba a los policías y a otros guardianes de la Revolución, a "rematar" a los manifestantes heridos, porque de nada servía detenerlos, dado que, de todas formas, serían juzgados, condenados a muerte y ejecutados al día siguiente.

Al igual que los contenidos estudiados en al-Azhar, los textos que manejan los profesores de Qom, centro mundial de estudios islámicos chiíes distan mucho de ser aptos para la vida moderna. Los libros del líder Jomeini, como Tahrir al-wasila (La liberación del método), y de otros destacados clérigos admiten, entre otros, el matrimonio de niñas a partir de nueve años. Incluso permiten que un adulto se case con una lactante y gozar de su cuerpo excepto la penetración, que será lícita cuando la niña alcance los nueve años. Aceptan el matrimonio temporal mut’a, que no es más que una prostitución camuflada.

Iraq, desde la invasión de Estados Unidos en 2003 y la paulatina influencia de Irán, se ha convertido en una copia del país vecino. Buena parte de los chiíes iraquíes han adoptado las prácticas de la sociedad iraní. Han colocado en la ciudad de Nayaf un representante de velayet-e-Faqih, que es el verdadero inspirador de la política del país. Existe una auténtica peregrinación a la ciudad de residencia de Ali Sistani por parte de los políticos iraquíes y los miembros del parlamento para consultar al "oráculo" en temas no solo políticos sino también sociales o de carácter internacional. Las opiniones de Sistani son idénticas a las de Jomeini en cuanto a las libertades y derechos humanos.

Desde 2003 y la subida al poder del islam político chií en Iraq, los líderes religiosos han convertido la vida de millones de ciudadanos en un luto permanente. Sus únicos quehaceres se han reducido a las visitas a los mausoleos y tumbas de imames chiíes en Bagdad, Kerbala y Nayaf. Una histeria colectiva se apodera de estos millones cuando se juntan para llorar y autoflagelarse. Gracias a la clase clerical, el oscurantismo ha echado raíces en este país después de haber sido uno de los más lúcidos y prósperos culturalmente del mundo árabe.

Lo normal en la mayor parte del mundo es que cuanta más ignorancia y analfabetismo exista en una sociedad, más hombres de religión habrá. Y su número se reducirá con el incremento del nivel cultural y el aumento de la clase intelectual. Pero esta regla no siempre se cumple. En los países del Golfo, a pesar del casi nulo analfabetismo y la elevada cantidad de maestros, profesores, médicos, ingenieros, académicos e investigadores, el número de personas dedicadas al servicio de la religión ha conocido un incremento espectacular en los últimos cincuenta años. Esto se debe fundamentalmente al papel confiado a la clase clerical y la mejoría económica de estos países, que se dedicaron a financiar mezquitas y centro culturales en todo el mundo para difundir cierta visión del islam. La fe en este caso se ha transformado en una herramienta ideológica para la realización de planes y políticas concretos. El propio oficio del religioso se ha hecho atractivo por aportar fama y riqueza. El caso del jeque al-Qaradawi es un claro ejemplo. Ocupó durante años el cargo de presidente de la Unión Internacional de los Sabios Musulmanes y es un invitado habitual del canal catarí Aljazeera en el programa dominical al-Shari’a wa al-hayat (la sharía y la vida), que es visto según las estadísticas por más de ochenta millones de personas en todo el mundo. Este influyente líder religioso de origen egipcio, nacionalizado catarí, es uno de los fundadores del grupo de los Hermanos Musulmanes. Sus seguidores lo consideran como un pensador moderado, pero muchas de sus afirmaciones tanto en el citado programa como en sus entrevistas en otros medios de comunicación demuestran todo lo contrario. Es evidente su doble vara de medir y el cuidado que tiene a la hora de criticar la política de determinados países. Critica la presencia de tropas de Estados Unidos en Oriente Medio y pone en entredicho la actitud de Arabia Saudí, Emiratos Árabes entre otros, pero es incapaz de pronunciarse en relación con el país de acogida que alberga la base aérea estadounidense más grande de la región. Preguntado en una ocasión por las ejecuciones de periodistas y cooperantes occidentales por parte de radicales islamistas, respondió que aconsejaba que estos guerreros no filmaran las ejecuciones. Hace años fue organizado en El Cairo un congreso internacional para frenar la mutilación genital femenina. Al-Qaradawi fue el único que rechazó firmar la declaración final que condenaba esta práctica. Dijo que "hace falta hacer estudios más amplios y profundos sobre esta práctica, porque probablemente alguna mujer podría precisarla".

Podemos añadir a todo lo anterior aquellos mensajes tóxicos que emiten los imames del odio desde las pantallas de cientos de canales de contenido religioso, financiados por los representantes de las dos ramas del islam, por Arabia Saudí y los países del Golfo y por Irán. Mensajes, por ejemplo, que consideran pecado darle la mano a un no musulmán o felicitarle la navidad a un cristiano.

A modo de conclusión, podemos afirmar que el problema no es que haya religiones, siempre y cuando se gestionen en el ámbito privado. El verdadero problema es que haya personas que vivan de las religiones e intenten convencer a sus seguidores de que la ciencia y la filosofía son disciplinas aberrantes que van en contra de la fe y procuran a la vez crear un abismo entre sus feligreses y la vida moderna, considerada por los clérigos como una desviación moral. La experiencia nos ha enseñado que muchos hombres de religión son menos leales a su creencia que sus fieles, pero son seguramente mucho más ricos que ellos.