Dominio público

Dar seguridad a los trabajadores. Derogar la reforma laboral

Arnaldo Otegi

Coordinador General de EH Bildu

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la portavoz parlamentaria de EH Bildu, Mertxe Aizpurua, durante una sesión de control al Gobierno. — E. Parra / EUROPA PRESS

Cuando a la izquierda independentista vasca se le presentó primero la oportunidad de desalojar al PP del Gobierno del Estado y la de formar parte más adelante del llamado bloque de la investidura se abrió para nosotros la posibilidad real para desarrollar un debate que, sin duda, tenía un gran alcance político.

Sabíamos de antemano que este debate navegaría permanentemente entre la posibilidad cierta de determinar de forma humilde el curso de la política estatal por un lado y el peso de una experiencia histórica cargada de permanentes y gravísimos desencuentros con una izquierda española que siempre defraudó cualquier expectativa democratizadora con respecto a nuestro pueblo.

Estuvimos, sin embargo, dispuestos a abandonar nuestro ‘espacio de confort’ y encaramos con la responsabilidad y la profundidad necesaria estos debates. Los ingredientes principales que adornaron el debate en el espacio del independentismo de izquierda vasco que representamos fueron los siguientes:

Un sentimiento, en primer lugar, de responsabilidad para analizar en sus justos términos la "singularidad histórica" de un Gobierno que, por primera vez desde la II República, se conformaba en términos de coalición con un partido a la "izquierda" del PSOE, que defiende el carácter plurinacional del Estado y el derecho de autodeterminación de los pueblos, amén de políticas sociales de carácter socialista (cuando menos en términos teóricos).

En segundo lugar, éramos y seguimos siendo plenamente conscientes de que la alternativa a dicho Gobierno era un Ejecutivo de extrema derecha cuyo único objetivo político es poner en marcha una autentica contrarreforma de naturaleza reaccionaria y autoritaria como "salida" a la grave crisis de régimen que afecta al Estado Español.

Por último, y en tercer lugar, el principio de realidad nos conducía a no engañarnos ni a engañar a nuestro pueblo en torno a las posibilidades de cambio social y democratización real a la que podría en teoría conducirnos un gobierno como el conformado por el PSOE y Podemos. Este elemental principio de prudencia política nos sigue acompañando.

En consecuencia, y desde un inicio, dijimos que valoraríamos a este Gobierno no por su apariencia, ni por sus palabras, sino por sus hechos. Sin estridencias, sin gesticulaciones, sin frivolidades y sin cheques en blanco. Por ello, sostuvimos entonces y sostenemos hoy que la conformación de dicho Gobierno y nuestra participación en el llamado bloque de la investidura no hacían sino expresar nuestra voluntad decidida a abrir "una ventana de oportunidad" que propicie un cambio en profundidad de las políticas que con respecto a los graves problemas estructurales tanto sociales y económicos como de vertebración territorial se han desarrollado en el Estado durante las últimas décadas.

En este escenario de apertura de nuevas condiciones para nuevas políticas, alcanzamos un acuerdo para la derogación integra de la Reforma Laboral. Y los acuerdos están para ser cumplidos. En EH Bildu solemos explicitar este compromiso de la siguiente manera: EH Bildu dice lo que hace y hace lo que dice. Cumplir los acuerdos forma parte del ADN cultural y político de la izquierda independentista vasca. Quienes nos conocen lo pueden acreditar.

Para nosotros derogar la Reforma Laboral no debe de ser entendido al margen de la inmensa batalla ideológica y cultural que estamos librando contra el neoliberalismo. En esa batalla cultural y de ideas subyace la posibilidad cierta para construir un orden alternativo al neoliberalismo en todos los órdenes. ¿Y cuáles son los conceptos clave sobre las que la vamos a tener que desarrollar?

Hace tiempo que venimos insistiendo en que las dicotomías orden-desorden, capital-vida e incertidumbre-miedo-seguridad son los ejes donde vamos a desarrollar esta batalla absolutamente estratégica para las izquierdas.

Frente al supuesto orden neoliberal (la ley de la selva) proponemos un orden alternativo. Alternativo, sin duda, pero un orden. Frente a la gestión del miedo (exacerbado en la actual coyuntura histórica en unas clases medias en proceso creciente de proletarización) y la incertidumbre, las izquierdas necesitan ser garantías de seguridad.

El capitalismo y el neoliberalismo han construido y reconstruido sociedades en las que el miedo y la incertidumbre forman la columna vertebral de nuestra propia nuestra experiencia vital. El Miedo a la enfermedad, a no poder emanciparte si eres joven, a no poder pasear con libertad si eres mujer, a no disponer de una pensión digna de jubilación, a no tener garantizados los cuidados... Estos miedos han convertido la vida en una suma de miedos e incertidumbres. La precarización es la instauración del miedo como componente fundamental de nuestras sociedades.

¿Y qué hacen sino formar parte de esta estrategia de fomento del miedo reformas como la laboral o las de pensiones? Añadir más miedos e incertidumbres es la estrategia de los neoliberales, dar certezas y seguridades debe formar parte de cualquier proyecto de emancipación.

¿Qué significa en este camino derogar la Reforma Laboral? Dar seguridad y más certezas a millones de trabajadores y trabajadoras del conjunto del Estado. Ahora toca hacerlo, y toca cumplir, y nos toca hacerlo cumplir.

Porque ese orden alternativo que proponemos se resume sencillamente en el caso de las izquierdas en general y en el caso de la nuestra en particular de asegurar que en nuestra República todo el que viva y trabaje en ella, haya nacido donde haya nacido, hable la lengua que hable, o tenga la orientación sexual que tenga, tendrá asegurado y garantizado el acceso a la vivienda, a un empleo digno y bien remunerado, a la sanidad y a la educación universales, a un sistema de cuidados integral. Porque el socialismo además de libertad es seguridad y reparto equitativo de la riqueza generada.