Dominio público

"Luego vinieron por mí, pero..."

Del poema del pastor luterano alemán Martin Niemöller hay tantas variaciones del propio autor como versiones de otra gente que se atribuyó o a la que atribuyeron el texto, grabado en el Museo Memorial del Holocausto de los EE.UU. El poema, que conocerán de sobra y que tienen costumbre de citar nuestros políticos cuando les cuadra con la reivindicación partidista de turno, es una denuncia demoledora contra la indiferencia y la apatía humana ante las injusticias y las violaciones de derechos y libertades. Lo que viene siendo el "Lo único necesario para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada" de Burke, pero con expresión mucho más gráfica y concreta en el texto de Niemöller, aquí lo dejo:

"Primero vinieron a buscar a los socialistas y no dije nada, / porque yo no era socialista. / Luego vinieron a buscar a los sindicalistas / y no dije nada, porque yo no era sindicalista. / Luego vinieron a buscar a los judíos / y no dije nada, porque yo no era judío. / Luego vinieron por mí, / pero no había ya nadie que pudiera protestar por mí".

Seguramente, ustedes habrán oído o leído una o ambas citas estos días en relación con el la expulsión del escaño a un diputado canario de Unidas Podemos, Alberto Rodríguez, que representaba el voto de más de 60.000 ciudadanos y ciudadanas de las Islas y al que la presidenta del Congreso, Meritxell Batet (PSC-PSOE), sin convocar a la Mesa del Congreso y sin una mención explícita por parte del Tribunal Supremo en su sentencia sobre la inhabilitación para cargo público para el ya exdiputado Rodríguez, optó por aceptar la injerencia en el Poder Legislativo del alto tribunal -que, insisto, en ningún momento le especificó que tuviera que echarlo- y retirar el escaño al parlamentario canario, además, tras un juicio sin pruebas.

El debate jurídico está servido al más alto nivel con los tres poderes implicados y sobre una cuestión que debería ser exquisitamente clara y en ningún caso objeto de duda: los derechos políticos y democráticos de los cargos electos en las urnas; la esencia misma de la democracia. En mi opinión y según lo hablado con unas y con otros el fin de semana, la decisión de Batet es un error, por mucho que desde las filas socialistas se nos intente hacer ver que la presidenta de la Cámara Baja intentó evitar un mal mayor: una denuncia de la (ultra)derecha de PP, Vox y Ciudadanos contra Batet por prevaricación, que al ser ella aforada, tendría que decidir la misma Sala del mismo Manuel Marchena del mismo Tribunal Supremo que este magistrado iba a presidir para que el PP controlase "la Sala Segunda desde detrás", ¿recuerdan? En el PSOE están convencidos de que había que evitar ese paso, "un mal mayor", y que el mal menor -que de "menor" no tiene nada- es la expulsión de Alberto Rodríguez. Dudo de que Marchena se expusiera a una vergüenza similar a la que está pasando Pablo Llarena con Carles Puigdemont en Europa condenando por prevaricación a la presidenta del Congreso por denuncia de PP y Vox, pero I've seen things you people wouldn't believe sin irme más allá de la M-30.


La impresión general, no obstante, por una decisión que empieza verse cuestionada por todo el marco ideológico progresista salvo por el Partido Socialista, es que éste ha bajado la cabeza una vez más ante la decisión de un Supremo empapado de ideología y partidismo de derechas. ¿Pero qué le va a decir el PSOE a la gente si acaban de renovar los órganos constitucionales -salvo el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) que el PP se resiste a soltar por razones obvias- en base a unos de los repartos más partidistas que se recuerdan, esta vez, encima, con la aquiescencia de Unidas Podemos? ¿Pero qué excusa es ésa de que se aceptan los nombramientos más amoralmente escorados hacia el PP para poder colocar yo a los que representan lo contrario... según yo misma? ¿De qué independencia nos están hablando? ¿Y lo de la mujer del rey, el ser y el parecer? ¿Ésta es la renovación institucional que cacarean todos/as desde sus escaños?

Lo que ha ocurrido con Alberto Rodríguez abre una crisis institucional en toda regla, donde la derechización del poder judicial ha vuelto a ganar por incomparecencia, sobre todo, del PSOE. Pero no solo.

El pasado 4 de mayo, Joan Josep Nuet (ERC) fue expulsado de su escaño en el Congreso cuando se hizo efectiva la sentencia del Supremo de 9 de abril que le condenaba a ocho meses de inhabilitación para cargo público por desobediencia grave al haber permitido la tramitación del referéndum fallido del 1-O en el Parlament de Catalunya.


En abril de 2019, cinco parlamentarios independentistas que estaban en prisión provisional procesados por rebelión fueron elegidos en las elecciones generales: Jordi Sànchez, Jordi Turull, Josep Rull y Oriol Junqueras, diputados, y Raül Romeva, senador. El Tribunal Supremo les permitió recoger sus actas, pero no les permitió ejercer pese a haber sido elegidos sin haber sido condenados, en primer lugar, y con posterioridad a su procesamiento, en segundo. En tercer lugar, los cinco políticos catalantes fueron condenados por sedición, no por rebelión, pero nadie dijo nada.

En marzo de 2017, el exdiputado del PDeCAT Francesc Homs fue expulsado de su escaño en el Congreso tras ser condenado a 13 meses de inhabilitación y 30.000 euros de multa por desobedecer al Tribunal Constitucional participando en la consulta del 9 de noviembre, 9-N, en Catalunya. "No se expulsa a un diputado del Congreso, sino a miles y miles de catalanes", dijo entonces el también exconseller. Como el canario Rodríguez.

Que el juicio contra el procès catalán y precedentes como el 9-N fueron un disparate y consecuencia de la dejación de sus responsabilidades políticas por parte de Mariano Rajoy, que las sustituyó por una operación de cloacas del Estado, hoy lo reconocen, incluso, miembros del PP. Pretender negar la relación entre la derecha judicial y las acciones de alcantarilla del Estado ha sido de torpes, interesados o indiferentes, porque qué casualidad que Villarejo y su cuadrilla tuvieran los mismos objetivos que el poder judicial, Unidas Podemos y el independentismo catalán. Te gusten mucho, poco o nada. Hablamos de democracia elemental en plena ofensiva global de los populismos ultrareligiosos, neoliberales y neofascistas, así que veremos si ahora queda alguien que diga algo, porque algunas ya nos hemos quedado afónicas.