Dominio público

Balidos, mugidos y queso, la surrealista campaña de Casado

Ana Pardo de Vera

El presidente del PP, Pablo Casado, ofrece declaraciones, durante su visita a una explotación ganadera extensiva de vacuno en Navas del Marqués, Castilla y León.- Rafael Bastante / Europa Press

Las elecciones de Castilla y León, cuya campaña se inauguró en la noche del jueves 27, ya van muy atrasadas con respecto al pronóstico de la calle Génova: obtener de Alfonso Fernández Mañueco el 13 de febrero el mismo resultado que de Isabel Díaz Ayuso el 4 de mayo de 2021 en la Comunidad de Madrid. Nada más lejos de las perspectivas: según la foto fija que nos dejan las encuestas, el PP tiene la mayoría de posibilidades de ganar, pero muy lejos de la mayoría absoluta y sin garantizarse el gobierno de la Junta, ni siquiera con Vox.

Desde la convocatoria de elecciones por sorpresa, rompiendo abrupta y groseramente con Ciudadanos, su socio de gobierno, hasta la precampaña -y veremos estas dos semanas de campaña-, todo en el Partido Popular resulta rocambolesco y no es exagerado decir que a Mañueco, pese a sus esfuerzos por mostrar entusiasmo, se le ve tristón y desmotivado.

Primero, Pablo Casado y Teodoro García Egea, que está dispuesto a inmolarse si el PP no gana todos los comicios hasta 2023, incluidas las generales -o eso ha dicho a gritos de mitin-, obligan al exalcalde de Salamanca a transmutarse en el Ayuso castellano y leonés, una Ayuso con la que hasta ahora, Mañueco mantenía una relación como la del agua y el aceite. El candidato empieza entonces, como la presidenta madrileña, una confrontación con Pedro Sánchez que resulta menos auténtica que las fotos de Casado con ovejas y vacas de fondo sin más objetivo que hacer de bodegones animados del líder nacional del PP durante su periplo por Castilla y León.

Las candidaturas provinciales, cuyo alcance e intenciones sobre apoyos y alianzas se desconocen todavía; la campaña de Vox con Santiago Abascal como líder de facto y acompañado de unos desconocidos secundarios -uno de ellos dicen que es el candidato-, los cuales, no obstante, ya nos han dejado la retina noqueada con su estética de terratenientes de gimnasio; la infravaloración de Francisco Igea, exvicepresidente traicionado, cuyo liderazgo va más allá de Ciudadanos, tiene entidad propia y puede dar la sorpresa resistiendo mejor de lo esperado… Todo esto, y la visible flojera de Mañueco, están llevando al PP a unas expectativas por debajo de lo previsto, salvo que alguien dé la campanada.

Pese a sus esfuerzos con las ovejas, las vacas y los tractores, Casado no es ni parece "el buen pastor dispuesto a dar la vida por su rebaño", por mucho que se empeñe. En política, ya saben, se puede hacer de todo menos el ridículo y con sus actos inclasificables delante de lanudos animales que balan y mugen, mientras él habla y acusa al ministro de Consumo de atacar al queso, a la carne y de obligarnos a comer quinoa, el presidente del PP va haciendo pequeñito a un candidato que ya tiene bastante consigo mismo y los tribunales.

Es posible que tras el 13-F el PP gane y hasta siga gobernando, con Vox y sus hacendados de sastre como aliados, pero ante Mañueco -y no digamos Egea- se abre un precipicio del que no se adivina el fondo. Después de asistir en directo a la última entrevista al presidente de Castilla y León en La Hora de la 1, en TVE, queda en mí la sensación de que el candidato que quisieron convertir en un Ayuso con corbata ya empieza a echar de menos a su exvicepresidente Igea, que de momento, ya le ha llamado "atracador" y otras lindezas. Pastores de pacotilla.