Dominio público

La razón por la que la economía española se está recuperando

Eduardo Garzón

Profesor de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid

La economía española ha registrado dos récords históricos en el año 2021: ha creado 840.700 empleos, lo que deja la tasa de paro en el nivel más bajo desde hace 13 años, y ha visto crecer su PIB un 5%, lo que supone la tasa de crecimiento más elevada en los últimos 21 años. Es innegable que la economía española se encuentra actualmente en una senda muy positiva, a pesar de los malos augurios de la derecha y de sus voceros, que en los primeros meses de crisis pandémica denunciaban que las políticas del gobierno de coalición actual -entre las que destacaban dos incrementos consecutivos del salario mínimo interprofesional- hundirían la economía y el empleo.

Ahora que los datos le impiden seguir manteniendo ese relato catastrofista, no les ha quedado más remedio que suavizar su ataque y se conforman con señalar que en 2021 el PIB simplemente está rebotando por inercia tras haberse desplomado anteriormente, y que ha crecido menos de lo que el propio gobierno había vaticinado, o menos de lo que cayó en el año 2020. Como siempre, si uno se empeña el ver el día nublado a pesar de que luzca el sol, lo puede conseguir, pero eso no cambiará la realidad; sólo cambiará su interpretación de la realidad, que no es lo mismo.

Es cierto que, según la estimación del Instituto Nacional de Estadística (INE), el PIB cayó en 2020 un 10,8% y que en 2021 sólo se ha recuperado un 5%, lo que dejaría todavía dicho indicador bastante por debajo del nivel precrisis. Pero no es menos cierto que esa estimación no guarda ningún tipo de coherencia con los datos tan positivos que se están registrando en afiliación a la Seguridad Social, en recaudación tributaria, o en utilización de tarjetas de crédito, por poner sólo algunos ejemplos de indicadores que dan buena cuenta de la recuperación económica.

Cada vez hay más economistas que ponemos en duda el cálculo del PIB que realiza el INE, básicamente porque se trata de una estimación -no de un registro- que no cuadra absolutamente nada con el resto de datos macroeconómicos -que sí son registros y no estimaciones-. Parece evidente que el INE, acostumbrado a calcular el PIB en periodos de normalidad económica, no está siendo capaz de adaptar su metodología a estos nuevos tiempos caracterizados por el terremoto macroeconómico que ha supuesto la pandemia del covid-19. Es la primera vez en todo el registro histórico que la evolución del PIB deja de ir estrechamente ligada a la creación o destrucción de empleo, y eso es extremadamente sospechoso.

También es cierto que esta sorprendente recuperación económica se debe fundamentalmente a que la economía está rebotando tras haber caído fuertemente por la pandemia, pues es lo lógico y natural y está ocurriendo en todas las economías del planeta, pero lo que no suelen indicar quienes elevan dicha crítica es que este rebote ha ocurrido solamente un año después de iniciarse la crisis, cuando el rebote de la crisis económica iniciada en el año 2008 tardó la friolera de seis años en hacerse notar. Y esto no es casualidad: se debe a que actualmente se están aplicando unas políticas económicas radicalmente diferentes a las que se aplicaron entonces.

En vez de aplicar reformas laborales para abaratar el despido, permitir el fraude laboral y empujar a la baja los salarios como hicieron los gobiernos de Zapatero y de Rajoy en 2010 y 2012, el gobierno de coalición actual ha reforzado la inspección laboral, ha modificado los ERTE para proteger cientos de miles de empleos, ha subido notablemente el salario mínimo interprofesional y ha legislado para reducir la temporalidad y mejorar las condiciones salariales. En vez de recortar en gasto e inversión pública y de aumentar impuestos injustos como el IVA tal y como hicieron los gobiernos de Zapatero y de Rajoy, el gobierno actual ha incrementado muchas partidas presupuestarias, ha disminuido algunos impuestos y ha dado facilidades a muchos negocios para que pudieran aguantar la embestida temporal.

La diferencia es abismal: en el primer caso se destruye todavía más la ya deteriorada capacidad adquisitiva de la población, lo que dificulta y retrasa la recuperación económica; mientras que en el segundo caso se amortigua la pérdida de capacidad adquisitiva de la población, lo que permite que la recuperación económica llegue antes. A pesar de que las dos crisis económicas tienen una naturaleza y causas diferentes y que por lo tanto las comparaciones deben hacerse con mucha cautela, es indudable que la política económica aplicada esta vez ha contribuido a la recuperación económica, en vez de lastrarla como ocurrió a partir del año 2008.

Las medidas aplicadas por el gobierno actual han estado lejos de ser perfectas, se han cometido algunos errores importantes y se ha pecado de cobardía en muchas cuestiones -y buena prueba de ello es que la economía española sigue registrando una de las tasas de paro y temporalidad más elevadas de toda la Unión Europea-, pero de lo que no cabe ninguna duda es que si dichas medidas hubiesen imitado a las aplicadas hace 10 años, entonces la recuperación económica no nos estaría pareciendo insuficiente ahora mismo: es que simplemente no existiría.