Dominio público

Yolanda Díaz y Gabriel Rufián no suman todavía

Sato Díaz

La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, conversa con el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, durante el pleno del Congreso en mayo de 2020. E.P./Pool
La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, conversa con el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, durante el pleno del Congreso en mayo de 2020. E.P./Pool

"A Yolanda le tiene que ir bien", en primer lugar, escueto. "Cuando a la izquierda española le va mal, sube el independentismo, es un dato empírico", contundente, un poco después. Gabriel Rufián pronunciaba el pasado miércoles un discurso invitado por el Club Siglo XXI en Madrid. Con traje y corbata, outfit de gala, el portavoz de ERC en el Congreso exponía su visión de la coyuntura actual y se adentraba en un análisis de algunas cuestiones que iban más allá: escuela, trabajo y familia eran los tres ejes sobre los que versaba el discurso.

En los bajos del mítico Hotel Eurobuilding, allá por la Plaza de Cuzco, al norte del Paseo de la Castellana, se cobija esta asociación cultural que, desde el año 1969, viene reuniendo a personajes del mundo político, social y cultural español en coloquios y encuentros con público. A pesar del regusto a Transición y el toque kistch, cuando un político es invitado a participar en las actividades del Club Siglo XXI se esmera en hacerlo bien y asume el decoro de una suerte de presentación en sociedad, de examen. Y es que por estos atriles han pasado premios Nobel, prestigiosos escritores o referentes de la política internacional, además de hasta cuatro presidentes del Gobierno.

Ya lo hizo, también, hace unos meses el president de la Generalitat, Pere Aragonès. Esta semana era el momento de su corresponsal en Madrid. Rufián tiró del repertorio propio, ese que le sitúa en el polo opuesto de los que en su partido abogan por salvar la maltrecha unidad del independentismo con Junts ("Catalunya es mucho más que una discusión entre Junts y ERC. Hablamos demasiado de nosotros y entre nosotros y muy poco del PSC y del PSOE") y más próximo a entendimientos con el resto de las izquierdas ("Las banderas ni consuelan, ni curan, ni alimentan").

El republicano se muestra preocupado desde hace un tiempo por el auge de la ultraderecha y en ello basa buena parte de su discurso político ("La ultraderecha le ha robado a la izquierda la capacidad de indignarse ante una realidad terriblemente indignante") y reflexión teórica. El año pasado publicaba sobre este asunto el libro El 15M facha. Ideas para un futuro en disputa.

Dice del actual Gobierno de coalición de PSOE y Unidas Podemos que "a veces avanza en Estado del Bienestar, pero no en cuanto al Estado de Derecho", y es que es evidente el cabreo de los soberanistas con la falta de implicación del Ejecutivo en frenar a un estado profundo que camina solo y en dirección contraria a la democracia ("Me preocupa no como independentista, sino com demócrata"). El mejor ejemplo, el ‘caso Pegasus’.

Y presume, Rufián, de que ERC siempre empuja los avances sociales que ejecuta el Gobierno de Sánchez, intentando correr un tupido velo ante los posicionamientos de ERC sobre la reforma laboral o el decreto anticrisis para paliar las consecuencias de la guerra de Ucrania. Dos de las votaciones más importantes de este año no contaron con el beneplácito de los de Oriol Junqueras.

Mientras el de Santa Coloma de Gramanet hablaba en el Eurobuilding, a unos cinco kilómetros al sur, en el Espacio Bertelsmann de la calle O’Donell, la líder de la oposición madrileña a Isabel Díaz Ayuso, la portavoz de Más Madrid Mónica García, presentaba su libro Política sin anestesia. En primera fila del acto, Yolanda Díaz, quien cada vez se decanta más por la anestesista como compañera de viaje para esas sumas que pretenden recomponer las izquierdas estatales.

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo tuvo que sudar ríos para conseguir sacar adelante, el pasado mes de febrero, la reforma laboral en el Congreso. ERC votó no y, desde entonces, las relaciones entre ERC y el espacio de Yolanda Díaz están bajo cero. Los cruces de reproches se acumulan todavía hoy en día. Los de Rufián tuvieron que calmar los ánimos de sus compañeros sindicalistas catalanes y afearon al equipo del Ministerio de Trabajo que no negociara con el grupo republicano en el Congreso, cuando eran necesarios sus votos. Desde el entorno de la gallega no perdonan que Rufián votara contra su norma estrella y de dar pasos adelante en legislación laboral. Una norma que, hasta el momento, está mejorando sensible y cuantitativamente los datos de empleo indefinido.

‘Sumar’ será el nombre bajo el que Díaz desarrollará su proceso de escucha, el cual está previsto que se desarrolle desde después de las elecciones andaluzas del 19J hasta final de año. Hasta ahora, de sus alianzas poco se sabe a ciencia cierta, aunque se intuyen cosas: afinidad orgánica con CCOO y PCE, proximidad estratégica con IU, frialdad y malas caras con Podemos, amistad con Más Madrid y, de rebote, con Íñigo Errejón. Esta semana, la gallega se derretía en elogios a Ada Colau, que repetirá por tercera vez consecutiva en las municipales de Barcelona. También ha habido, durante los últimos meses, acercamientos con Compromís y, más concretamente, con Mónica Oltra.

Suena de fondo la música, en el karaoke de Díaz, de una vuelta al primer Podemos, a aquellas confluencias plurinacionales con las que las izquierdas se presentaron en los comicios de 2015 y 2016. Podemos, al principio solo y después en confluencia con IU, llegó a acuerdos con actores propios de distintos territorios. En Catalunya, En Comú Podem (con Xavi Domènech como cabeza de lista) ganó en dos ocasiones las elecciones generales. Eran otros tiempos, (procés mediante). Ahora la fuerza más votada en las generales en Catalunya es la ERC de Rufián.

Conforme el espacio de Unidas Podemos fue perdiendo fuelle, lo fueron ganando las izquierdas soberanistas de Catalunya (ERC y CUP), Galicia (BNG) y Euskadi (EH Bildu). El actual Gobierno progresista no sería posible sin la mayoría de la investidura de la cual los independentismos son piezas imprescindibles. La relación de las izquierdas estatales con estos siempre son un buen termómetro pues son aliados del espacio progresista, pero rivales electorales que comparten importantes caladeros de votos.

"Cuando a la izquierda española le va mal, sube el independentismo", decíamos que afirmaba Rufián el pasado miércoles. Al mismo tiempo, Díaz va tejiendo complicidades con fuerzas territoriales de distintas latitudes señalando hacia un nuevo sujeto político que refleje la plurinacionalidad del Estado. Parece inevitable, Yolanda Díaz y Gabriel Rufián se preparan para ser rivales en el próximo ciclo electoral. Mientras la gallega se compromete con Colau a hacer campaña por ella en las municipales de dentro de un año, ERC se fija como gran reto conquistar el Ayuntamiento de Barcelona.

Rivales en lo electoral, habrán de entenderse lo que queda de legislatura en el Congreso si aspiran todavía a sacar adelante medidas progresistas. Contendientes en las urnas, todo indica que las izquierdas estatales y los soberanismos de izquierdas tendrán que volver a la senda del entendimiento en el futuro si la demoscopia tiene razón y las derechas y ultraderechas nacionalistas españolas pueden sumar (este verbo lo carga el diablo). Yolanda Díaz y Gabriel Rufián no suman todavía. Sin embargo, más allá de cómo quedara la relación personal tras aquellas duras semanas previas a la votación de la reforma laboral, todo indica a que son dos personajes que tendrán que entenderse en el próximo ciclo político.