Dominio público

Pedro Sánchez vs Los Poderes (Reloaded)

Sato Díaz

Jefe de Política de 'Público'

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una imagen de archivo. EFE/ Emilio Naranjo

Ya se han escrito ríos de tinta sobre la peculiar personalidad del presidente y su capacidad de modificar sus posiciones políticas según convenga. "Es un hombre sin palabra", deploran los medios de la derecha. "Es un gran táctico de la política", aplauden sus partidarios. Este artículo no va de eso, aunque lo parezca, sería demasiado repetitivo.

También se está convirtiendo en algo machacón el análisis sobre el famoso (y supuesto, está todavía por ver cómo se materializa, aunque la música suena bien) giro a la izquierda del Gobierno y del PSOE protagonizado por Pedro Sánchez en las últimas semanas, desde el debate sobre el estado de la nación. Tampoco pretende esta pieza opinativa bucear más en el asunto, aunque está relacionada.

¡Lo ha hecho otra vez! Vuelve el espejismo de que ha regresado el Sánchez canalla y punki que hace casi seis años anunciara, en una entrevista en el programa Salvados de Jordi Évole, que cogía su coche para recorrerse España y presentarse a las primarias que le devolverían al despacho noble de Ferraz.

"He escuchado a algunos dirigentes de bancos, a la señora Botín, al señor Galán... Si protestan, es que vamos en la buena dirección", afirmaba este viernes en Moncloa, en la rendición de cuentas estival. "Son los mismos que protestaron y que dijeron que subiendo el SMI y con esta reforma laboral se iba a caer España, se iba a crear desempleo y a expulsar muchos trabajadores del mercado laboral... Ha sucedido todo lo contrario, creo que vamos en la misma dirección", completaba el jefe del Gobierno.

El 30 de octubre de 2016, casi un mes después de ser defenestrado como secretario general en aquel tenso Comité Federal en Ferraz y al día siguiente de que Mariano Rajoy volviera a resultar investido presidente del Gobierno gracias a la abstención de 68 diputados socialistas, Sánchez comparecía en el programa de Évole. "Hay responsables empresariales y del sector financiero que han intentado influir para que hubiera un gobierno conservador en nuestro país", afirmó. Entonces, señaló directamente al expresidente de Telefónica César Alierta, y reconoció presiones directas de El País para que no pactara con Podemos un Gobierno progresista. "El pensamiento único que se ha visto en las líneas editoriales demuestra que el país necesita medios de comunicación más plurales y más críticos", reflexionaba entonces.

En el PSOE existen, al menos, dos almas; un debate atávico que, como un péndulo, regresa y se vuelve a marchar. Ese debate existe actualmente y, si bien el liderazgo de Sánchez deja poco espacio para la discrepancia en los órganos de dirección federales del partido, se manifiesta en algunos territorios que no comparten la táctica de mirar hacia la izquierda y fortalecer las alianzas con Unidas Podemos y, sobre todo, los puntos de encuentros con los partidos soberanistas catalanes y vascos.

Este PSOE cree que, para darle la vuelta a las encuestas que hoy dan como favorito al PP de Alberto Núñez Feijóo, la labor de los socialistas debería pasar por ensancharse hacia el centro (ese espacio político de dudosa existencia en estos tiempos de polarización)  y apelar al votante moderado que no quiere saber nada de las excentricidades de Vox. Jugar a ser Juan Manuel Moreno Bonilla, el flamante presidente de la Junta de Andalucía, pero desde el PSOE. De esta manera, teorizan, el PP quedaría esquinado en el espacio de la derecha fuerte y peleándose con Vox por la competencia por los votos, mientras que los socialistas recuperarían grandes caladeros de votos.

Es evidente que la táctica de Sánchez no comparte esta lectura en estos momentos. El líder socialista parece haber encontrado un lugar desde donde afrontar la recta final de la legislatura con el partido (remodelado la semana pasada) y el Gobierno (se prevén cambios en los próximos meses) acompasados y en modo máquina de guerra electoral. Ese lugar está en la izquierda discursiva y, además, polarizando y detectando enemigos dialécticos. Ante un enemigo externo es más fácil generar adhesión, una táctica que ya usó para ganar las primarias del PSOE en 2017.

Sánchez señala hoy, de nuevo, a los de arriba, los banqueros y grandes empresarios, sabedor de que las previsiones económicas no son halagüeñas por las consecuencias de la inflación derivada de la guerra de Ucrania. El próximo periodo de sesiones se tramitará la ley de los impuestos a la banca y a las grandes energéticas, la mejor prueba para ver hasta qué punto el discurso pasa a materializarse en iniciativa política. Si la mayoría social ha de apretarse el cinturón dentro de unos meses, el líder socialista aspira a que esta le reconozca como uno de los suyos.

Que el presidente haya hablado de Ana Patricia Botín y de Ignacio Galán en estos momentos evidencia una conclusión de su equipo de confianza: Moncloa es consciente de que tiene un problema de comunicación y Sánchez, de conexión con la ciudadanía. Desde el pasado otoño, cuando Óscar López y Antonio Hernando llegaban a la Moncloa y se renovaba el entorno más próximo del presidente, este se empeñaba en sacarlo de Moncloa, que pisara más la calle, que no pareciera un líder enclaustrado. Aún así, no se conseguía esa ansiada reconexión con una ciudadanía que sigue dando la espalda en los sondeos. Cada vez se hacía más evidente el problema comunicativo del Ejecutivo, incapaz de trasladar a la sociedad sus logros y avances.

El Gobierno de coalición se ha enfrentado a un contexto complejísimo desde que nació, nadie puede poner esto en duda. Primero, la pandemia y todas sus consecuencias; en segundo lugar, la guerra de Ucrania y sus complicadas derivaciones económicas y políticas. A pesar de ello, si se hace un análisis objetivo y comparativo con los países del entorno, los datos son positivos y respaldan parte de la acción y gestión del Gobierno hasta el momento, tanto desde el punto de vista de la creación de empleo y de la calidad de este, como de los datos macroeconómicos. Pese a la ralentización del crecimiento, España sigue creciendo en el actual mes de julio por encima de la media de la UE. Que España sea el primer país en recibir la segunda tanda de los fondos europeos Next Generation es otra evidencia de que hay cosas que no se están haciendo tan mal como algunos mentideros repiten hasta la saciedad.

Y, sin embargo, la percepción social de la labor gubernamental es todavía negativa, según las encuestas. El contexto no acompaña. La desafección hacia la política, los políticos y los partidos es generalizada y esta, sobre todo, afecta a las clases populares y a los barrios más humildes, tal y como se pudo comprobar en los niveles de participación de las elecciones andaluzas. Además, en el ecosistema mediático español existe una clara hegemonía de la derecha.

Ante esta situación, si la izquierda quiere tener opciones en el próximo y venidero ciclo electoral, ha de pringarse, mancharse de barro. Mayores dosis de coherencia vendrían bien, tras episodios vergonzantes como la traición histórica al pueblo saharaui o el olvido de los derechos humanos de las personas migrantes en la valla de Melilla. Ahora, el presidente parece levantar la voz y la palabra. El secretario general del PSOE quiere disputar y confrontar ante el difícil contexto político que se avecina. Finaliza un curso político y lo que viene es puro ciclo electoral, en septiembre arranca una campaña que nunca se acabó de ir del todo. Pedro Sánchez vs Los Poderes, otra vez.