Dominio público

El pulso a los médicos: el suicidio político de Ayuso

María José Pintor

Redactora jefa de 'Público'

Cartel de la convocatoria para la manifestación por la Sanidad Pública en Madrid de este domingo.

Las movilizaciones sanitarias en la Historia de la democracia de nuestro país, hasta la aparición del fenómeno de las mareas blancas como respuesta a la gestión privatizadora del PP en la Sanidad Pública, fueron casi siempre contra Gobiernos del PSOE. El poder que tiene en el propio sistema el colectivo médico -que siempre tuvo un talante más conservador, con notables excepciones- complicó mucho las cosas a los gestores de la izquierda.

Quizá este dato le fue susurrado al oído de la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, para iniciar una guerra absurda, desprovista de sentido común, y con una propuesta de plan para el nuevo modelo de Urgencias extrahospitalarias que hoy va a tener como respuesta la mayor movilización social contra la líder popular desde que llegó al poder madrileño.

Madrid hoy saldrá a la calle contra lo que se ha denominado el "plan de destrucción de la Atención Primaria". Estarán desde las mareas blancas por la Sanidad hasta los sindicatos, los partidos de la oposición de la Comunidad de Madrid, las asociaciones en defensa de la Sanidad Pública- todo lo que Ayuso considera comunista y bolivariano- . Pero también asistirán a la protesta, que se prevé multitudinaria, innumerables sanitarios, especialmente profesionales médicos, muchas y muchos de los cuales votaron a la presidenta que prometió cañas y libertad.

Y ahí está la tragedia de Ayuso, en no haber medido que en este país no hay Gobierno que se haya atrevido con los médicos. Porque, cargados de razón, en este caso responden a un plan sin medios técnicos ni profesionales suficientes para cubrir la mitad de las plazas de las Urgencias extrahospitalarias que necesita Madrid. Un proyecto desprovisto de conocimientos de gestión sanitaria, ignorante de las necesidades reales del sistema, sin presupuesto, aplicado con nocturnidad y alevosía de madrugada y que, además, complica la vida a médicos a los que se les obliga a desplazarse a cientos de kilómetros del lugar donde siempre habían ejercido.

Todo un despropósito. "Es difícil hacerlo peor", avanzan los facultativos.

Lo que nadie le contó a Ayuso es que su plan de sustituir médicos por telemedicina, humillar e ignorar al colectivo más poderoso del sistema, le puede costar el puesto. Y no porque creamos que los médicos son más importantes que enfermeras, auxiliares, técnicos o celadores desde el concepto clasista del término -que no lo son-, sino porque la capacidad y el poder del colectivo de facultativos puede hacer tambalear los cimientos sobre los que se construyó el liderazgo de Isabel Díaz Ayuso.

Hace muchos años, un ministro de Sanidad de la era felipista, el hoy condenado José Antonio Griñán, pronunció -ante un grupo de periodistas entre los que me encontraba- las palabras clave de cualquier conflicto político-sanitario: "Con los médicos hemos topado. O negociamos o perdemos".

Es poco romántico, y probablemente impopular, pensar que esta batalla sanitaria la va a perder Ayuso por tener frente a ella a los profesionales de la Medicina. Pero así será. Una movilización a la que le sobran los motivos, ciertamente, pero que echará a la calle al colectivo más poderoso del sistema sanitario.

Esta no es una batalla más ni responde a los problemas sanitarios -muchos heredados de la pandemia- que se suceden en otros sistemas sanitarios de diferentes Gobiernos autonómicos del Estado.

En todas las comunidades faltan médicos, hay fuga de talentos por las ofertas europeas a profesionales médicos y de Enfermería -donde les pagan hasta cuatro veces más que en España- y hay un retraso, antes inexistente, en la atención al paciente en los centros de salud. Las listas de espera en especialidades como Traumatología, Dermatología y Oftalmología son ya superiores al año en buena parte de nuestro país. Pero en Madrid, más. En comunidades donde la Sanidad despuntaba, como Euskadi y Catalunya, hoy hay un descontento y un deterioro de calidad y servicios que ha hecho crecer el número de ciudadanos que apuestan por seguros privados.

Canarias sigue en la cola del nivel asistencial y el gasto sanitario se desploma en Madrid, Murcia y Catalunya, según el último informe de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales.

Hay mucho que mejorar y cierto colapso en la Sanidad Pública en España a través de la gestión de sus comunidades autónomas. Es verdad. Pero nadie, popular o independentista, de izquierdas o conservador -ni tan siquiera Vox lo ha planteado en la malograda Castilla y León en la que cogobierna- ha humillado tanto a sus médicos, con un nefasto plan donde descaradamente se castiga aún más la Sanidad Pública en los barrios más humildes.

Ayuso ha dado un paso -o dos más- en privatizar un sistema ya muy castigado por sus antecesores en Madrid. Algo que nunca les he costado el cargo ni les ha hecho despeinarse en las repetidas elecciones a esa comunidad.

Pero la presidenta ha ninguneado y maltratado, además, a los médicos. Y ahí radica la diferencia. O las cabezas pensantes de la presidenta reaccionan o estamos ante el principio del fin de la era Ayuso. Al tiempo.