Dominio público

No serás feminista pero sabes lo que hay

Gloria Santiago

Vicepresidenta del Parlament balear y diputada de Unidas Podemos

Participantes en la manifestación del 8M de Madrid. EFE/ Juan Carlos Hidalgo
Participantes en la manifestación del 8M de Madrid. EFE/ Juan Carlos Hidalgo

Cuando Angela Davis dijo que el feminismo es "la idea radical que sostiene que las mujeres son personas" hay quienes no acabaron de entenderlo. Aún sigo escuchando a señoras advirtiendo que ellas, feministas "de esas radicales", no son, me pregunto dónde está exactamente el límite de lo radical en un contexto de reivindicación de derechos humanos.

Realmente, la radicalidad no significa que vayamos con pasamontañas y lanzallamas, sino en cuestionar lo establecido. Ser feminista es cuestionar. Y sí, se trata de asumir la protesta ante un sistema de valores que no nos ha tenido en cuenta, que se erige como única posibilidad y que defiende sus posiciones con hostilidad. Ser feminista es cuestionar que tengas que hacer las tareas de casa sola, o que, si tienes un hijo, la que abandonará su carrera profesional, seguramente, seas tú.

Eres feminista, aunque no lo veas, porque cuando escuchas que han asesinado a otra mujer te pasa por la mente que igual la próxima podría ser tu hermana, o tu amiga, o tu prima, o tu compañera de trabajo, o esa chica con la que hiciste la comunión, o la camarera de tu pueblo. Lo eres porque te molesta que tú tengas que levantarte a recoger los platos y tu hermano, tu cuñado, tus amigos, no. Porque te molesta que él sea un ligón y tú una zorra. O que él vaya solo y tranquilo de noche por la calle y tú solo sientas miedo al volver a casa cada sábado. Ser feminista es tapar el vaso en una discoteca y preocuparte porque tu amiga ha vuelto sola y borracha a casa. Llámalo como quieras, pero sabes muy bien lo que hay.

Ser feminista es preguntarte, aún someramente, por qué el primer apellido que lleve tu hijo será el del padre. O cuestionar que tú tengas que demostrar constantemente tu capacidad para ser madre, para ser jefa o para ser líder, y a ellos se les presuponga todo ese valor. Ser feminista es cabrearte porque tus errores valen por dos a los ojos de los demás y los errores de él valen la mitad. Feminismo es darte cuenta que quien más se sube a la báscula eres tú. Que quien se tapa las arrugas y se tiñe las canas eres tú. Que quien está preocupada porque su marido se vaya con otra más joven eres tú. Llámalo como quieras, pero si te has preguntado algo de esto alguna vez, has cuestionado el sistema igual que hacemos nosotras.

Ser feminista es no conformarse. Y no conformarse es una forma muy digna de vivir porque presenta la posibilidad de alcanzar un presente mejor, y es condición de posibilidad de un futuro más prometedor para la humanidad. Para eso hay que cuestionar la realidad dada y disputarla. Ocurre cuando te quejas porque no puedes hablar de ciertas cosas o porque hay comportamientos que no te están permitidos. No digas palabrotas, no te rías muy alto, no salgas con esas pintas, no ligues cada fin de semana. No disfrutes del sexo y si lo haces, se discreta. Si te has quejado de alguna injusticia así, llámalo como quieras, pero estás disputando la realidad como nosotras.

Dicho esto, si todas sufrimos y vemos toda esta violencia a diario, ¿por qué no están luchando todas las mujeres? ¿Es por la palabra feminismo? ¿Es porque sitúan el feminismo en la izquierda política? ¿Es que acaso podría detenerse tanta violencia por una derecha que niega su existencia y ridiculiza la injusticia? ¿Por qué la lucha de los derechos de las mujeres no puede ser una lucha transversal contra las estructuras patriarcales? ¿Qué lleva a algunas mujeres a rechazar su propio bienestar en favor de un sistema que nos trata mal a todas? ¿Acaso no se está entendiendo qué pedimos, qué queremos, de qué hablamos, cuando hablamos de feminismo?

Alcanzar la igualdad de derechos no es que nosotras también podamos votar, ir a la escuela, ir a la universidad o alcanzar un puesto directivo. Eso es lo mínimo conseguido, por cierto, por mujeres que pagaron esos avances con sangre y linchamientos. Tú sabes perfectamente que siendo mujer, las cosas te van a ser más difíciles y que eso es injusto. Llámalo como quieras pero a todas las mujeres nos pasan las mismas cosas. Nosotras, las feministas, también luchamos por ti, aunque no nos soportes. Aunque no nos entiendas. Ponemos la cara para que no se la partan a tu hija. Y caminamos convencidas de que, en algún momento, dejarás de odiarnos y empujarás con nosotras hacia un mundo más justo y sin miedo.