Dominio público

A España se la teme

Miquel Ramos

Vista de la entrada del centro La Salle de Palma. EFE
Vista de la entrada del centro La Salle de Palma. EFE

"Revisa los bajos de tu coche cada vez que lo cojas, no vaya a ser que por casualidad tengas un explosivo plástico". La profesora de catalán del instituto La Salle en Palma recibió varias amenazas después de que su nombre, su dirección, su foto y la de su familia (menores incluidos) circulase por chats y medios de extrema derecha. "Os invito a decirle a esta nazi todo que pensáis de ella". Decían que había expulsado del colegio a varios adolescentes ‘por colgar una bandera de España’. La furia patriótica hizo el resto, y la mujer tuvo que cerrar sus redes sociales y aguantar el chaparrón. "Escoria totalitaria. Espero que la gente la salude y felicite por su actitud". Uno de los difusores de los datos y las fotos de su familia es un conocido agitador ultraderechista con decenas de miles de seguidores en sus canales, y que fue recientemente condenado por "graves daños morales" por difundir imágenes de un político. Y ahí sigue.

Los hechos, según el propio centro, no fueron como los cuentan los propagandistas del odio. Los adolescentes habían colgado la bandera con la excusa del mundial de futbol, curiosamente, en la clase de la profesora de catalán, quien les advirtió que no estaba permitido colgar ninguna bandera los días que no hubiese partido, como el día de los hechos. Los alumnos se negaron a retirarla e increparon a la profesora, que abandonó el aula entre gritos y vítores de algunos de los alumnos, que, además, increparon a una compañera que les recriminó su actitud. Las clases se suspendieron y los protagonistas de la algarada fueron expulsados dos horas del colegio.

No es una anécdota más de adolescentes que se creen ‘políticamente incorrectos’ por desafiar a la profesora. Inmediatamente, algunos padres y madres de estos alumnos publicaron en redes el bulo. Mientras, otra madre redactó una denuncia dirigida a la inspección educativa y la noticia saltó a las redes y a los medios ultraderechistas habituales. Ellos impusieron el marco de la ‘polémica’ que lleva días danzando en varios medios: la dichosa bandera de España y sus súbditos como víctimas, y el supuesto fanatismo de una profesora que les obligó a quitarla, porque si encima enseña catalán, es sospechosa automáticamente de ser independentista.

La versión de la profesora, sin embargo, no la tuvo en cuenta ningún medio. Para qué. Todo encajaba bien: profe de catalán (indepe seguro, y roja seguramente), contra unos pobres chavales patriotas que tan solo aman a su país. Que hayan desobedecido la autoridad de la profesora y las normas del centro es lo de menos, si hay una bandera de España de por medio. Entonces, el orden y la ley les importa una mierda, así como la verdad sobre lo sucedido, y menos aún la integridad y la reputación de los docentes y del propio centro, porque la bandera de España se puede sacar donde uno quiera. Faltaría más. En el cine, bajo el agua, mientras cagas, en clase y hasta en un entierro al que nadie te ha invitado. Esto es España.

El asunto seguirá trayendo cola, y si no, ya se inventarán otro. Sucedió con los profesores del IES El Palau, de Sant Andreu de la Barca, cuyas fotos y datos personales aparecieron en varios medios por un bulo de la ultraderecha. En València ha pasado siempre, y anteayer, el candidato del PP volvió a atizar el fantasma del catalanismo para recordar que vienen elecciones. Recuerdo los pasquines de un grupo de ultraderecha contra un profesor en Meliana al que acusaban de ‘catalanista’, hace quince años. También los ataques a las librerías en valenciano, a los festivales de cine y música en valenciano y hasta contra los alumnos de la inmersión en valenciano, entre los que me incluyo, y sobre lo que escribí hace un tiempo ante un caso similar como el de Mallorca, pero por una nota del colegio escrita en valenciano.

Es el patriotismo a la vez victimista y matonista habitual de los que necesitan restregarte la bandera por la cara cada día para ver si osas decir algo o si te molesta que te la metan por cualquier orificio. Es el arma de los cobardes, que cuentan con un buen séquito de medios y propagandistas dispuestos a justificar cualquier cosa o a cubrir cualquier otra bajo los colores patrios si el sujeto a señalar es o podría ser un enemigo de España. Porque España son ellos. Y ellos quieren que temas a España y a sus símbolos, como buenos fascistas que son. No entienden otra cosa que no sea una conquista. No pretenden convencer a nadie. La bandera como arma y salvoconducto para cualquier mierda que se les ocurra. A falta de argumentos o de capacidad de convicción, dale caña al patriotismo, que activa a los botarates dispuestos a lo que haga falta por la patria.

Estos fascistas han aprendido bien la consigna: cuando tengas algún problema con alguien, aunque sea un incidente que tú mismo has provocado, di que ha sido ‘por llevar una bandera de España’. Esto captará la atención de los libelos y activistas ultrapatriotas, que ni dudarán del relato, y ayudarán incluso a enmarcar el asunto como un supuesto delito de odio por hispanofobia. Llorones ante los medios, matones desde sus medios.

El Gobierno balear condenó las amenazas y se apresuró a anunciar que instaría a la Abogacía de la comunidad autónoma a interponer una denuncia ante Fiscalía. Los diputados del Parlament Balear también condenaron las amenazas, todos menos los ultraderechistas, claro, que desde que se supo del incidente, sus hooligans participaron del linchamiento a la profesora. Como las juventudes del PP, que publicaron un tuit pidiendo que se expulsase del país a la profesora. Luego lo borraron.

Los medios que difundieron los datos de la víctima del acoso siguen estos días a la greña, mientras en el centro educativo tratan de recuperar la normalidad y salirse del foco mediático del que algunos tratan de sacar redito político. Ayer mismo, el Comité de Empresa del centro educativo La Salle Palma emitió un comunicado titulado "Tots som tu", mostrando su apoyo rotundo a la docente y condenando los hechos, así como denunciando la falta de ética periodística de quienes se dedicaron a poner una diana sobre ella y sobre el centro. La profesora, por su parte, trata de evitar el foco y seguir con su labor, con sus clases, superando como puede el miedo tras las amenazas.

Además del apoyo del resto de docentes y de la dirección del centro, ha recibido múltiples muestras de cariño de varias organizaciones y personas a través de las redes y de varios medios, como sucedió también con los profesores del IES El Palau años atrás. Pero lo más importante, lo que no han contado quienes le pusieron la diana, es que cuando volvió al centro, fue recibida por la gran mayoría de los alumnos con un largo aplauso y múltiples muestras de cariño. Esta es la realidad en los colegios, por mucho que los goebbelianos y macarthistas se empeñen en realizar cazas de brujas cada cierto tiempo para recordarnos que a España se la teme. Allá ellos.