Dominio público

Sumar empieza su camino multiplicando

Daniel V. Guisado

Politólogo

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, durante la presentación de su proyecto ‘Sumar’, en Feria Valencia, a 16 de noviembre de 2022, en Valencia, Comunidad Valenciana (España). EUROPA PRESS

La niebla empieza a despejarse. Varios meses después del lanzamiento del proceso de escucha y su presentación el pasado julio, tenemos la primera encuesta con la hipótesis de un escenario donde Sumar consiguiera aglutinar a todos los partidos alternativos al PSOE. Los resultados, ya adelantamos, son muy positivos.

El barómetro encargado por 40dB es el estudio más completo que tenemos hasta la fecha. La encuesta otorga numerosas lecturas sobre la situación de la izquierda, de Unidas Podemos y de la nueva plataforma de Yolanda Díaz. El objetivo del artículo es presentar las síntesis de dicho estudio, pero quien quiera ir más allá podrá visualizar muchos más elementos en este hilo o acudir directamente a su informe.

La primera incógnita se despeja rápidamente. Sumar ensancha las fuerzas de las islas progresistas que existen en el panorama político actual. Un 18,7%. No es una simple suma aritmética, puesto que Sumar obtendría más votos que Unidas Podemos y Más País juntos. Y lo que es más importante, conseguiría ser tercera fuerza y superar holgadamente el mágico 15% que, en nuestro sistema electoral, determina sobremanera el número de escaños. En el caso actual, la plataforma de Yolanda Díaz podría obtener entre 53 y 62 escaños. El doble que adjudican en el presente las encuestas a Unidas Podemos.

Para ver la importancia de estos resultados habría que usar una vista más panorámica. El actual espacio alternativo al PSOE podría sacar los mejores resultados desde las elecciones generales del 2016, el mejor dato en encuesta desde antes de la moción de censura a Rajoy y la menor diferencia con el PSOE desde principios del 2018.

Este último apunte es decisivo, porque aquí reside el principal punto a favor de Sumar. Tras años de subalternidad, desgaste y falta de alternancia real, el espacio progresista vuelve a una situación de competición real.

Los primeros datos confirman que Sumar podría activar votantes apáticos, recuperar otros tantos y sumar electorados diferentes sin perder por el camino. Puesto con cifras, Sumar podría absorber un 15% de votante socialista, la inmensa mayoría de Unidas Podemos y Más País, y despertar del abstencionismo a uno de cada diez. Esto le colocaría en competición realista con los dos grandes partidos. Es decir, tras años de refuerzo del bipartidismo este nuevo actor político volvería a llevar la política española a un escenario mucho más abierto.

La segunda incógnita es clave para la gobernabilidad del país. Sumar es capaz no solo de agregar votos diversos, también de consolidar las posibilidades de repetir el gobierno de coalición actual. La derecha pierde números para llegar a la Moncloa y la izquierda maximiza sus fuerzas. La diferencia está en la correlación entre PSOE y Sumar, con unas ganancias en términos de representación mayores para el segundo respecto a la actualidad.

Y cabe aventurar que esta vez las negociaciones serían mucho más fáciles. La coalición progresista es preferida por el 34% de la población, el 42% de los votantes socialistas y el 90% de los morados.

La tercera incógnita no es tan obvia y para despejarla hay que bucear entre más datos. Yolanda Díaz es la candidata favorita para el espacio de izquierdas. También para los propios votantes de Podemos (el 50% la prefiere como Presidenta y el 80% quiere presentarse con Sumar). Esto parece evidenciar la falta de capacidad de la élite de Podemos para condicionar los términos del debate y, sobre todo, arrastrar a sus simpatizantes en sus dictados.

A tenor de los datos, existen dos realidades coexistentes en Podemos, pero con distinta fuerza. Una alude a quienes ostentan el poder y buscan una legítima estrategia de negociación y fórmula electoral. La otra responde a la inmensa mayoría de su electorado que comparte imaginario y deseos con lo que Sumar está poniendo encima de la mesa. Más datos para corroborarlo: uno de cada tres votantes morados cree que Sumar lo hará mejor que Podemos. Y de presentarse todas las siglas por separado, Podemos (con las marcas territoriales) obtendría un 5,9%, tres puntos menos que Sumar (9,1%).

El primer macroestudio de Sumar (y, por ende, del espacio que pretende abanderar) implica varias cuestiones que deberán ser estudiadas en el futuro próximo conforme vayamos teniendo más encuestas en la mano. La primera es la consistencia de su fuerza. Aunque las encuestas sean performativas, la realidad también influye en ellas. Las negociaciones, los intercambios de exabruptos y las elecciones de mayo pueden cambiar significativamente los números y tendencias actuales. La segunda es el camino que tome Sumar. Actualmente solo el 59% ha oído hablar claramente de ella y sigue sin quedar claro qué estrategia debe optar (¿nuevo partido? ¿coalición? ¿plataforma?). La tercera y última tiene como protagonista la marca de Podemos. Aunque enormemente desgastada, está en sus manos facilitar o dificultar el nuevo rearme político. No hay que infravalorar la decisión final que tome la élite morada y cómo esta podrá encajar con su militancia y votantes.

Cierro con dos líneas de síntesis. De confirmarse esta tendencia, el espacio progresista volvería a una situación de alta competición que se cerró (en falso) con la moción de censura a Rajoy, primero, y con la repetición electoral del 2019 después. La desafección y la apatía desde entonces representaron un techo electoral aparentemente imposible de romper. Sumar, no obstante, parece estar en condiciones de demostrar que ni el bipartidismo revivió ni la ilusión murió definitivamente.

Esto, no obstante, no debe leerse como un canto de sirena hacia la tesis de unidad. La suma de siglas sencillamente no funciona como aplicación mecánica. De lo contrario, Sumar solo representaría la unión de los electorados y no el ensanchamiento de los mismos, como apunta este macroestudio.

También, y por último, evidencia que la política no entiende de prisas. Las críticas vertidas en los últimos meses sobre la necesidad de correr no se ven reflejadas en los datos. Las prisas no siempre son buenas compañeras cuando lo que se presente es desbordar, ilusionar y construir algo diferente. Sumar empieza su andadura multiplicando a la espera de lo que vendrá a continuación.