Opinión · Dominio público

El ‘tema’ catalán y vasco

ENRIC XICOY i COMAS

tematizando.jpgMás o menos conocida es la teoría de la agenda-setting. Ésta nos dice que la sociedad habla de unos temas y no de otros a partir, también, de la información que consume de los medios. O sea, que la gente termina hablando de lo que ve en la tele, escucha en la radio y lee en los periódicos. Y digo que es más o menos conocida porque a menudo se confunde, incluso en círculos académicos, con otras teorías. No es lo mismo los temas de los que habla la gente que lo que le gustaría a los medios que comentara la gente. Es aquí donde entra en juego otra teoría, la de la tematización. Tematizar no es nada más que intentar incrustar unos u otros temas en la agenda política para así controlar mejor la coyuntura. Así lo afirma el teórico Carlo Marletti. En definitiva, tematizar significa informar (o desinformar) reiteradamente sobre unos temas para condicionar la agenda-setting de la sociedad y, en consecuencia, intentar influir en las actitudes del público.

En el Estado Español, el conflicto probablemente más tematizado es el encaje de las distintas naciones que en él intentan convivir. Concretando, los conflictos vasco y catalán aparecen asiduamente en los medios españoles. Esto sería lógico si en realidad hubiera conflicto. Pero precisamente lo que se hace es crear, tematizar, unos conflictos donde no los hay. Es en este momento cuando los medios deciden insistir en la perpetuación de temas para intentar condicionar las actitudes de sus consumidores.

Ejemplos aún más concretos tenemos a montones. Pero para no aburrir, nos centraremos sólo en dos, actuales y, al mismo tiempo, casi eternos. El primero es la ofensiva implacable contra la política lingüística catalana. En
Catalunya no existe ningún conflicto con el castellano. Todos los chicos que viven en nuestro país terminan los estudios sabiendo más castellano que catalán. Las pruebas de Selectividad así lo demuestran. Y ningún ciudadano de Catalunya, absolutamente ninguno, tiene problemas para vivir toda su vida sin utilizar ni una palabra de la lengua propia de este territorio.

El otro ejemplo es la (no) participación de ETA en los atentados del 11-M. Han pasado más de cuatro años desde aquél crimen masivo; se han juzgado y condenado a los principales autores; se han desmontado todas las teorías conspirativas, pero ETA ha seguido asomándose a los titulares de algunos medios de comunicación al lado del 11-M.
La intención es clara. En el caso del catalán, algunos medios de comunicación, de una tendencia ideológica marcadamente anticatalana (no sólo anticatalanista), dan alas a manifiestos demagógicos publicándolos a diario en portada. Probablemente saben que lo que se denuncia es falso, pero no importa. En el fondo, lo que interesa es crear la sensación de conflicto para, así, justificar y condicionar las actitudes políticas de la sociedad española. Exactamente lo mismo se pretende cuando se intenta tema-tizar la idea de que ETA estuvo detrás de los atentados más sangrientos de la historia moderna de España.
A estos medios de comunicación, en el fondo, lo que les inquieta es el simple cuestionamiento de unidad de España. Saben que en estos territorios existe un número importante de gente que defiende un derecho, el de la autodeterminación de los pueblos, que algún día puede ser ejercido libremente. Y el día que esto pase podría ganar el sí a la independencia. No nos engañemos, este mismo temor lo tienen otros medios, incluso los más importantes editados en Catalunya y Euskadi. Con una diferencia: utilizan otras estrategias menos agresivas para convencer a su público de que la independencia de estos territorios no es la solución al conflicto.

Pero lo que no parece que tengan bien estudiado los responsables de estos medios de comunicación es la influencia real de sus estrategias tematizadoras. Probablemente se crean las encuestas y los estudios de opinión pagados por ellos mismos. O, a lo mejor, se fían más de los comentarios que leen en sus portales electrónicos o de las cartas recibidas que de estas encuestas. Pero si se leyeran muchos de los estudios serios que se realizan periódicamente, entre ellos algunas tesis doctorales, descubrirían que la influencia en los consumidores de medios a menudo es menor de la deseada. A veces, incluso produce el efecto contrario cuando el público implicado sabe discernir claramente los hechos reales de los inventados o tergiversados. Está demostrado que la influencia de los medios es menor cuanto más cerca está el público del conflicto tematizado. Y al revés, cuándo más lejos estás de un tema informativo, mayor es la credibilidad e influencia que tienen los medios de comunicación.

Así, están consiguiendo en los territorios implicados el efecto contrario al deseado. Se produce en Catalunya lo que el presidente de la Generalitat de Catalunya denominó desafección respecto a España. Y lo dijo alguien, José Montilla, quien, según piensan muchos catalanes catalanistas, es un ferviente defensor de la unidad de España. Y se consigue que los planes soberanistas de Ibarretxe, pese a la sentencia adversa del TC, continúen recibiendo adhesiones dentro y fuera de Euskadi.
Quizás pues, estos medios de comunicación, y los poderes políticos y económicos que les dan cobijo, tienen muy clara su estrategia comunicativa a la hora de tratar de conseguir su objetivo político y social. Y quizás haya muchos españoles que se crean y se dejen influir por estas estrategias tematizadoras. Pero quizás, y solo quizás, se estén equivocando de estrategia y haya mucha gente en Catalunya y en Euskadi que se esté frotando las manos, porque mientas unos se empeñan en demostrar que los ángeles tienen sexo ellos ven más cerca que nunca la solución al conflicto que padecen.

ENRIC XICOY i COMAS es periodista y profesor de la Facultad de Comunicació Blanquerna de la Universidad Ramon Llull

Ilustración GALLARDO