Opinion · Ecologismo de emergencia

Ecotextil y Ecoembes son la misma cosa

Alberto Vizcaíno López

La legislación sobre residuos establece que quien pone en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos tiene que hacerse cargo de la recogida, la gestión y el tratamiento de esos residuos. Las posibilidades para cumplir con este requisito legal son, fundamentalmente dos:

  • Aceptar los residuos de vuelta en los establecimientos que venden productos que se convierten en residuos.
  • Establecer un mecanismo financiero para costear la recogida de los residuos, por ejemplo, mediante contenedores de colores.

En distintos ámbitos, con independencia de la modalidad elegida, los agentes obligados a atender requisitos legales concretos sobre los residuos de los productos que comercializan se han organizado en sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor (SCRAP). Con forma de asociación o fundación sin ánimo de lucro las empresas se coordinan para controlar el flujo de materiales (neumáticos, aparatos eléctricos y electrónicos, aceites usados…) que ponen en el mercado y coordinar su recogida, tanto en los establecimientos a través de los cuales comercializan (talleres, centros comerciales…) como con sistemas públicos complementarios (recogida domiciliaria, puntos limpios…).

En el universo SCRAP existe una rara excepción. Es el sistema integrado de gestión de residuos de envases. Raro porque tiene forma de sociedad anónima. Sin ánimo de lucro porque así lo exige la ley, pero sociedad anónima. Y más raro todavía porque en vez de organizar la recogida y gestión de residuos de envases en los establecimientos donde se comercializan ha conseguido trasladar este problema a las calles y los ayuntamientos de nuestros pueblos y ciudades: los residuos adheridos a Ecoembalajes España, S.A. (Ecoembes) se recogen en contenedores de colores.

El problema fundamental es que no hablamos de un sistema colectivo de responsabilidad ampliada del productor integrado por todos los agentes de la cadena de valor del material a gestionar. Estamos ante un sistema creado para un producto muy heterogéneo, los envases ligeros. Y el resultado es que hipoteca la gestión de residuos y ofrece datos de reciclaje que no se corresponden con la realidad.

Ahora se anuncia una nueva asociación sin ánimo de lucro en el ámbito del residuo textil que quiere configurarse como el SCRAP del sector: Ecotextil. Curioso en un sector donde son varias las iniciativas empresariales destinadas a recoger los residuos de los productos que ponen en el mercado de los establecimientos donde se comercializan. Quizá la más destacable y popular sea la de la cadena H&M, que recoge en sus locales la ropa usada que se les lleve sin preguntar si fue vendida en sus tiendas. El destino de reutilización y valorización nos puede gustar más o menos, pero hay que reconocer el mérito de sacar del flujo convencional de residuos el que genera su actividad.

No es la única experiencia al respecto. El Corte Inglés e Hiladuras Ferre se unieron para recoger viejos pantalones vaqueros y convertirlos en nuevas fibras textiles. Lejos de los focos y las grandes campañas de publicidad son muchos los proyectos de pequeñas asociaciones y valientes emprendedores basados en ropa usada… Y no podemos olvidar la increíble labor que realiza en este ámbito la Asociación Española de Recuperadores de Economía Social y Solidaria (AERESS) y la red de más de cuarenta organizaciones que velan por conseguir una segunda vida para nuestros residuos con criterios de economía social y solidaria.

Ecotextil viene a cambiar el marco actual para implantar el mismo esquema de contenedores de colores que utiliza Ecoembes. Un esquema que no funciona y que trata de mantener imagen corporativa a base de mentiras. Y lo que es peor, mediante un modelo de negocio poco ecológico que requiere de campañas de normalización de los productos de usar y tirar.

¿Por qué debemos desconfiar de Ecotextil? Porque viene de la mano de Ecoembes. Desde su creación sale del mismo sitio de donde salían los estudios en contra de la devolución y retorno de envases con errores de bulto tan básicos como sumas mal calculadas.

 

 

El domicilio social de Ecotextil es la misma Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montesde la Cátedra Ecoembes. Quizá esta coincidencia se debe a que algunos de los principales valedores del nuevo SCRAP están vinculados históricamente a esta cátedra de Ecoembes en la Universidad Politécnica de Madrid.

¿Nace Ecotextil como una necesidad de crear puertas giratorias entre esta universidad y un nuevo chiringuito ineficiente amparado en una conciencia ambiental mal entendida? El tiempo nos irá diciendo hasta qué punto la nueva organización sirve para blanquear imagen de un sector cuestionado, alimentar estómagos agradecidos, colocar amigos en un sillón calentito o, simplemente, para hacer negocio de lo que otros solucionan de forma social y solidaria.

La cuestión es que el problema de la ropa de usar y tirar no se resuelve poniendo más contenedores de colores en las calles. Es algo más complejo y tiene implicaciones más profundas que la mera generación de residuos. También la economía circular es algo más que fomentar el reciclaje de productos. Pero ¿interesa la ropa sostenible? o ¿lo que se busca es una forma fácil de meter la mano en el bolsillo de los consumidores con la complicidad institucional?

Ecotextil y Ecoembes son la misma cosa: un mecanismo financiero para trasladar el coste de la recogida, tratamiento y gestión de residuos desde los establecimientos de quienes ponen en el mercado productos de usar y tirar a nuestras calles, en forma de ineficientes contenedores de colores.