La coronación de Lady Gaga

Lady Gaga por triplicado. La música y los medios de comunicación británicos han apostado por girar como satélites programados en torno a esta neoyorquina de 23 años, otro producto que toca todas las teclas para asegurarse el éxito.

Los Brits de este año confirmaron la tendencia y le dieron tres premios: mejor revelación internacional, mejor artista internacional y mejor álbum del año por ‘The Fame’. Gaga (nombre real: Stefani Germanotta) no sorprendió con su atuendo, perfectamente apropiado para el carnaval de Venecia, es decir sobrio para lo habitual en ella, ni por su imperturbable rostro cuando recogió cada uno de sus galardones.

Lo que sí hizo fue interpretar dos canciones poco conocidas de su repertorio, como ‘Dance In The Dark’, con la intención de ofrecer un homenaje al modisto Alexander McQueen. Los buenos sentimientos son también buenos para las ventas. De blanco inmaculado, Lady Gaga se olvidó de la pirotecnia y hasta desmintió el único chiste bueno del presentador de la gala: “Es la única chica que conozco que se compra la ropa en Ikea”.

Fue el detalle tierno de unos premios que desde hace tiempo se limitan a poner la rúbrica a los planes de las discográficas y del programa televisivo ‘The X Factor’. Cualquier subversión se considera de extremado mal gusto.

Pero por una vez los Brits repartieron los galardones sin dar sólo la razón a los que saben de marketing. Confirmaron que la mayor parte de la crítica no se equivocó con el premio al mejor álbum británico para ‘Lungs’, el debut de Florence + The Machine, cuya cantante  tiene una voz que afortunadamente nos va a acompañar durante mucho tiempo si no bebe tanto como Lily Allen o Amy Winehouse.

Los principales productos de ‘The X Factor’ se fueron de vacío pero hubo un reconocimiento a uno de sus ahijados, el grupo JLS. Sus integrantes son de raza negra, lo que es un asunto que merece la pena destacar. Los Brits son tan blancos que no parecen muy implicados en eso que llaman la Inglaterra multicultural. Este año, no. El rapero Dizzee Rascal fue el mejor artista masculino y poco después Jay Z subió al escenario para recoger el premio al artista internacional.

Lily Allen recibió la estatuilla a la mejor artista solista femenina, compensando así el cero absoluto con que se quedó tras las cuatro candidaturas de su primer álbum. Apareció con una peluca de color indefinible. Según su confesión, se la puso en el último momento para despistar al realizador cuando intentara captar su decepción al volver a ser ninguneada. ¿Cómo lo iba a celebrar? “Bebiendo, supongo”, dijo. Hay costumbres difíciles de abandonar.

Hubo pocos momentos para el escándalo o la vergüenza ajena. En eso, fueron los Brits menos Brits de los últimos años. A ese apartado hay que consignar un breve mensaje grabado del príncipe Harry, que acabó con una mueca a cámara para hacer ver que es un tío enrollado.

Al ser el 30º aniversario de los premios, se concedió un premio a la mejor actuación en todas las galas (¡a las Spice Girls!) y al mejor álbum, ‘(What’s the Story) Morning Glory’, de Oasis. Liam Gallagher subió a recogerlo, la tele quitó el sonido para que no se escuchara el inevitable “Fuck”, y el cantante tiró el micrófono al público. Y después la estatuilla. “Vaya gilipollas”, dijo el presentador, obviamente cuando Gallagher ya se había ido.

La gala finalizó con la entrega del premio a toda una carrera para Robbie Williams. El cantante ha recibido ya 16 Brits. Otro encantador detalle de la excentricidad británica.

Iñigo Sáenz de Ugarte

Lady Gaga

Dizzee Rascal y Florence Welch

Liam Gallagher