El tablero global

La ‘fumata bianca’ de una Europa oscurantista

¡Habemus líderes, conciudadanos europeos! Claro que no sabemos por qué, ni cómo, han sido designados dos políticos semidesconocidos, un belga jesuítico y pactista, y una baronesa inglesa que jamás se ha sometido a las urnas, para dirigir la gran Europa unida y representarnos ante el mundo como el paradigma de libertad y democracia.
Tampoco tenemos idea de qué trapicheos han ido tejiendo nuestros gobernantes durante estas últimas semanas, qué regateos hicieron entre ellos –a menudo en irreproducibles conversaciones telefónicas–, para acabar pactando dos personajes tan poco carismáticos. Porque resulta que todo ese cambalache se ha hecho a espaldas de los electores, en cónclaves a puerta cerrada tras los que no se admitían preguntas periodísticas, hasta alcanzarse el complejo trueque que ahora encumbra a los que pronto reclamarán transparencia a los demás países y exigirán que sus dirigentes rindan cuentas a la ciudadanía.
Lo que sí se sabe es que el presidente tenía que ser conservador, pero conciliador; estadista, pero sin mucho peso; de un país fundador, pero no de los grandes... no fuera a ser que acabara por creerse que de verdad preside la UE. Y que el Alto Representante para la Política Exterior debía ser un hábil político; pero sin verdadera ambición de gobierno, ya que los que la tienen, como el británico Miliband, prefieren quedarse en su país a luchar por el poder.
¡Y lo hemos logrado! Ya tenemos un neoliberal puro, opuesto a las ayudas sociales para mitigar la recesión, en presidencia, y una economista sin bagaje diplomático, en Exteriores. Él es muy católico y ella es mujer, así que sin duda han acertado por nosotros.
¡Enhorabuena, líderes de la Europa del futuro!