A contracorriente

El candidato de Cristina Kirchner reafirma su favoritismo en Argentina

El candidato de Cristina Kirchner, Daniel Scioli, reafirmó su favoritismo en las previas presidenciales al lograr el 38,5% dos votos con una distancia de 8,5% respecto al principal candidato opositor, Mauricio Macri. Si consigue llegar al 40% de los votos el próximo 25 de octubre con una ventaja del 10% respecto al candidato que ocupe el segundo lugar, Scioli ganará en primera vuelta. Esto significa que Scioli necesita un 1,5% más de votos para evitarse la segunda vuelta en las presidenciales.

La situación privilegiada con la que cuenta Scioli pudo haber sido aún mayor. En mitad del mandato de Cristina Kirchner pudo haber llegado a un apoyo superior al 50% y, además, cuanta con el dinamismo de la organización política más importante en Argentina en la actualidad –la Campora-, que está constituida por jóvenes peronistas que utilizan la imagen de Hector Campora, un fiel de Perón. La organización, que debe elegir alrededor de 30 parlamentarios, tiene en Massimo Kirchner, el hijo de Néstor y Cristina, su principal dirigente, quien también fue elegido parlamentario con gran apoyo.

Asimismo, el resultado se explica también por la recuperación de la economía argentina, que vuelve a crecer este año después de dos años de estancamiento y recesión. Las medidas anticíclicas llevadas a cabo pos su joven y brillante ministro de Economia, Axel Kicillof, ha permitido este viraje, a pesar de los efectos negativos de la recesión de Brasil, el principal socio económico de Argentina.

Scioli no era el candidato preferido de Cristina, pero se fue imponiendo conforme fue apareciendo en las encuestas como el único capaz de derrotar a los candidatos opositores y garantizar la continiuidad de los 12 años de gobiernos de los Kirchner (cuatro de Néstor y ocho de la misma Cristina).

Con impresionante autoridad política, Cristina logró que los otros precandidatos renunciaran para que Scioli se presentara a las previas de esta semana ya consagrado como el candidato del Gobierno. De hecho, su resultado lo acerca a la perspectiva de una victoria en primera vuelta. El entusiasmo del gimnasio Luna Park colmado por la militancia joven del kirchnerismo contrastaba el domingo por la noche con el desánimo de los espacios alquilados por los dos otros candidatos principales de la oposición.

Mauricio Macri, exalcalde de Buenos Aires, ya había recibido un duro golpe dos semanas antes cuando sólo logró que saliera elegido su sucesor por una ventaja de tres puntos en la ciudad que está llamada a ser su principal apoyo a la candidatura presencial. Ese mismo día, Macri se dio cuenta de que su política de crítica radical al Gobierno y a todas las otras fuerzas políticas no coincidía con el sentir de la mayoría de los argentinos y comenzó un proceso de autocrítica. Al contrario de lo afirmado por él anteriormente, esa noche dijo que en el caso de que fuera elegido mantendría la estatalización de YPF y de Aerolíneas Argentinas. Además, se comprometió con la continuidad de las políticas sociales del Gobierno y a poner en marcha el programa Asignacion Universal a los Niños. Ese viraje causó efectos negativos en su electorado, que se daba cuenta de la pérdida relativa del perfil afirmado anteriormente por Macri.

Ese movimiento no fue, sin embargo, suficiente para que revirtiera la tendencia al estancamiento en la intención de voto e incluso al retroceso de su candidatura. La coalición que logró formar consiguió un 30% de los votos, por debajo de su expectativa y dejándolo en una situación comprometida para la primera vuelta de las elecciones presidenciales.

El otro candidato opositor, que había llegado a liderar las encuestas, Sergio Massa, que salió del mismo gobierno, continuó su marcha decadente. La suma de los votos de su coalición alcanzó un 20% de los votos.

La posibilidad matemática de la oposición de sumar los votos de los dos candidatos es muy poco probable. Los votos de Massa, en caso de unirse a Macri, se dividirían probablemente en partes iguales o incluso ganando más votos el Gobierno que los que podría ganar Macri. Además Massa perdería el perfil moderado que intentó imponer a su candidatura, lejos del radicalismo de derechas de Macri.

Al aceptar a Scioli como su candidato, Cristina logró imponer a Luis Zanini, un miembro fiel de los gobiernos kirchneristas como candidato a vicepresidente, así como para poner a otro fiel ministro, Anibal Fernández, como candidato al segundo puesto político del país: gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Así, después de un período un tanto confuso, el cuadro político argentino parece ganar contornos más claros con el favoritismo de Daniel Scioli para suceder a Cristina Kirchner y a un final de mandato por parte de la presidenta dedicado a consagrar a su candidato.