Tierra de nadie

El bombero quiere un premio

Hay que cuidarse de dar consejos a Rubalcaba, que ya le hemos visto el pronto que tiene y primero los agradece, como hizo con Felipe González, y luego te manda a freír espárragos. Le sugería el ex presidente despedirse cuanto antes del Gobierno por aquello de que no se puede estar en misa y repicando, y parece de sentido común que así sea, con independencia de que las elecciones sean en noviembre o en marzo. Por explicarlo gráficamente, un candidato puede decirle a la militancia que sabe lo que hay que hacer para crear empleo, pero esas mismas palabras en boca del vicepresidente de un país con el 20% de paro suenan un poco a chirigota.

Sobre Rubalcaba penden dos grandes incógnitas. La primera es si será capaz de ser él mismo, después de tantos años siendo la sombra de otros; la segunda es si gustará tal y como es en realidad, ahora que por fin es libre para mostrarse. ¿Sabe alguien en el PSOE cuáles son los resortes ideológicos que le mueven o con quién se identifica? Puestos a descubrir a ese otro Rubalcaba que se hará llamar Alfredo en cuanto se desprenda de los ropajes de la vicepresidencia y deje de cargar con la cartera de Interior, no estaría de más que comenzara por ahí su desnudo integral.

En parte, el deshabillé ya ha comenzado. Si hace seis meses confesaba estar apurando los últimos metros de su carrera política, ahora plantea abiertamente que su proyecto empieza con las elecciones y es de largo recorrido. Su idea, gane o pierda, es optar a la secretaría general del PSOE, y darse, llegado el caso, una segunda oportunidad de ser presidente. El bombero está dispuesto a salvar los muebles del incendio y, si lo consigue, exige quedarse sentado cuatro años en el sillón de orejeras con el mando de la PlayStation para jugar otra partida. Ese es el trato.

La hipótesis de que la derrota en las generales sea el inicio de su liderazgo en el partido no es ni mucho menos remota. Salvo debacle, pocos dudan de que el aparato trabajará a su favor por puro instinto de supervivencia. Poder aventurar todo esto sin conocer una línea de su programa es lo extraordinario.