Tierra de nadie

En Bankia se ha hecho historia

Los árboles del yernísimo y el florido jardín de Bárcenas, que trata ahora de vengarse del PP apuntándose al paro para fastidiarle las estadísticas a Fátima Báñez, nos habían impedido ver el bosque de Bankia, una auténtica selva amazónica desde cuya tropical espesura se nos anuncia que las pérdidas de 2012 superaron los 19.000 millones de euros, cantidad que ya hemos puesto a escote para que la deforestación no avance, que a ecologistas no nos gana nadie.

Siguiendo la metáfora de Rajoy, cuya verdadera vocación no eran las notas simples y las certificaciones registrales sino la hematología, esta transfusión ha sido muy necesaria ya que la banca es como el sistema circulatorio y ya se sabe que sin sangre no hay vida. En consecuencia, para tapar la hemorragia se han usado más vendas que con Tutankamon, hasta el punto de poder proclamar a los cuatro vientos, como ha hecho su nuevo presidente Goirigolzarri, que la momia goza ahora de buena salud y en dos años la exhibimos en el Museo Británico.

La enfermedad de Bankia ha tenido que ser súbita e imprevista, fruto del azar, la casualidad o los designios divinos. De hecho, su matriz explicaba a la Comisión Nacional del Mercado de Valores a cuenta de los resultados de 2010 que el grupo iniciaba su andadura "con un nivel global de solvencia y provisiones adecuado, al haber realizado un ejercicio de saneamiento responsable y prudente, anticipando las pérdidas futuras de un escenario de estrés". En castellano antiguo, que estaba como una rosa.

Más aún, en 2011 la entidad declaró un beneficio de 309 millones "especialmente significativo teniendo en cuenta que la entidad ha respondido a todos los cambios regulatorios, ha protagonizado la salida a Bolsa más importante del año y ha completado la mayor fusión empresarial española", dicho sea en palabras de ese genio de las finanzas nacionales, internacionales y planetarias llamado Rodrigo Rato.

En resumen, Bankia era un brazo de mar a principios de 2012, un bocadito tan dulce y apetecible con el que se hacían la boca agua los embaucados por su salida a Bolsa. ¿Qué habían de temer de un cuerpo tan sano, piropeado durante años por sus auditores con el beneplácito de la CNMV, siempre vigilante en beneficio del pequeño accionista, o del Banco de España y los ojos de lince de Fernández Ordóñez para las fusiones?

Inesperadamente, esa musculosa entidad de pelo en pecho resultó ser una piltrafa bancaria de cuyos males nadie era responsable. ¿Iba alguien a culpar a Aznar por hacer a Miguel Blesa presidente de Cajamadrid y dejar que su amigo jugara a los banqueros a razón de tres millones de euros al año? ¿Se atrevería alguien a pedir cuentas a Rajoy por imponer a Rato o a pedir cuentas a Esperanza Aguirre por mangonear a discreción en sus órganos directivos? ¿Sería culpable el PSOE por participar en el juego con sus carguitos correspondientes? ¿O IU, que también tuvo al suyo? ¿O los sindicatos, que con las migajas también saben hacer pan? ¿Vamos a imputar a todos ellos las pérdidas o los miles de despidos?

Gracias a UPyD, que no estaba y quizás por eso, el historial clínico de Bankia llegó a los tribunales. Pese al quebranto de 19.000 millones para las arcas públicas, no esperen encontrar personado en la causa al PP, que sí lo está en la de los ERE de Andalucía, o al PSOE, presente en el caso Gürtel, que a lo más que ha llegado es a pedir una comisión de investigación por los trinos de una parte de los suyos.

Para los dos grandes partidos, lo de Bankia es una simple fatalidad, como lo fue el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, los impagados de Díaz Ferrán –"Aguirre es cojonuda"– o los 1.000 euros diarios que cobró Ángel Acebes como presidente de la comisión de auditoría de la matriz del banco, felicísimo con las cuentas, especialmente con sus cuentas corrientes.

Hemos respirado tranquilos cuando a Bárcenas, por su calderilla en Suiza, se le ha impedido salir del país, no fuera a ser que emigrara a Brasil a dar clases de contabilidad en países emergentes. De momento, los señores de Cajamadrid, Bancaja y su resultante siguen viajando tranquilos por el mundo en primera clase. A Rato, incluso, Telefónica le ha fichado como asesor para Latinoamérica y Europa. Nada es suficiente para alguien que ha hecho historia.