Opinion · Tierra de nadie

Supersoraya en el país de los secesionistas

No todos los superhéroes vuelan, lanzan rayos por los ojos o se ponen verdes y muy brutos y no ganan para camisas. Los hay normalitos y hasta de Valladolid, que no todos iban a ser naturales de Metropolis o de Gotham. Cada uno tiene su público. Rajoy, por ejemplo, es más de superheroínas. Su preferida se llama Sáenz de Santamaría, Supersoraya para los íntimos. La nueva musa de Marvel no lleva esos uniformes ajustadísimos tan característicos ni tiene especiales condiciones atléticas aunque para el presidente viene a ser una mezcla de los 4 Fantásticos: a veces flexible, otras encendida, sabe hacerse invisible cuando las circunstancias lo requieren y exhibe una fuerza descomunal cuando se las tiene tiesas con Margallo, que ha venido siendo su Lex Luthor particular antes de que consiguiera que un motorista le entregara en casa la carta de despido .

Para un presidente que ha hecho del mannequin challenge una manera de estar en política, tener al lado a una mujer que si de algo presume es de actividad y estajanovismo viene a ser un complemento imprescindible por si llaman a la puerta. La gran aventura en la que se dispone a participar consiste en convencer a los catalanes de que el secesionismo es como el alcohol, que crea adicción y rompe las familias, y que se puede hablar de todo menos de algunas cosas, especialmente de la que quiere escuchar la Generalitat.

Después de cinco años sin mover un dedo para evitar el divorcio, que es la mejor manera de provocarlo, Rajoy precisaba alguien con superpoderes para reconducir las relaciones, y ahí es donde quiere que Supersoraya entre en acción. El gran problema es que tendrá que hacerlo con las manos atadas a la espalda, y eso es como pretender que Superman vuele pese a tener la capa en la tintorería. Ha dicho la vicepresidenta que estará mucho en Barcelona y se ha publicado incluso que se le habilitará de forma permanente un despacho en la Delegación del Gobierno, que no sólo iba a ser Juan Guerra quien sacara partido a estos lugares.

Hay que reconocer que Supersoraya conoce el paño mejor que Spiderman los edificios de Nueva York, y no sólo porque fue durante años la responsable de Política Autonómica y Local del PP, sino porque el recurso al Constitucional contra el Estatut, que en buena parte es el origen del conflicto, además de la firma de míster Yak 42 llevaba la suya. Aun siendo verdad que el Tribunal tumbó 14 artículos del texto la sentencia incluía un rapapolvo a los recurrentes, cuyos argumentos desacreditó en numerosas ocasiones por su desconocimiento y falta de rigor. Algo habrá aprendido desde entonces.

Para llevar a cabo su tarea, la vicepresidenta contará con un ayudante, Enrique Millo, al que se ha nombrado delegado del Gobierno en sustitución de María de los Llanos de Luna, cuya facilidad para el consenso era similar a la del plomo para flotar en una bañera. Millo procede de Unió y su flexibilidad es de tal calibre que cuando se quedó fuera de las listas de los de Durán Lleida en las elecciones de 2003 se plantó ante el entonces líder de ERC, Joan Puigcercós, y en una cafetería le pidió que le hiciera un hueco por Girona. Puigcercós, según ha relatado él mismo, le explicó que el camino que pretendía recorrer desde la democracia cristiana a la izquierda independentista era demasiado largo para hacerlo en dos semanas y le aconsejó que probara en el PSC. Millo debió de consultar el GPS y acabó en el PP. Ahora será como el Robin de Batman pero bastante más talludito, uno más de sus ‘sorayos’.

El asunto está en cuál será el margen de maniobra con el que contará la vicepresidenta, que se antoja escaso a la vista de las reacción preventiva del presidente gallego Núñez Feijóo, que ha venido a recrear una lección de Barrio Sésamo para que se distinga entre lo posible y lo imposible, y dentro de éste último ha incluido no ya el reconocimiento como nación sino también la negociación de un modelo de financiación distinto al de los demás. Eso sí, diálogo que no falte.

¿Y de qué hay que hablar? Pues de entrada de las 46 reclamaciones que Puigdemont entregó a Rajoy en su cita de abril y cuyo primer punto es la exigencia de una “respuesta política al mandato democrático” del 27-S, o dicho de otra manera el referéndum sobre la independencia. Aunque para que el diálogo se prolongue más allá de los saludos bien se podría empezar por alguna de las otras 45 reivindicaciones, ya sea de políticas sociales o fiscales, de las invasiones de competencias de que denuncia la Generalitat o del océano de recursos cruzados entre administraciones que hace temer por la salud de los magistrados del Constitucional, poco acostumbrados a trabajar a destajo.

A Supersoraya se le pide que consiga el deshielo, que alguna ventaja tendría que tener el calentamiento global, pero para acostumbrarla al frío se ha recreado una quinta glaciación con la concesión del suplicatorio a Francesc Homs, que tiene sublevada y helada a la clase política catalana. Nadie como el Gobierno del PP para hacer amigos. Un día de éstos contratan a un mexicano, que en esto son especialistas, hacen un tutorial y lo suben a Facebook.

Nada es imposible para la superheroína de Rajoy, que igual coordina el Gobierno que preside la comisión de secretarios y subsecretarios, la de Asuntos Económicos -que a veces Rajoy libra-, la de Política de Igualdad, la de Política Científica, la de Asuntos de Inteligencia, por eso de que controla el CNI y hasta el CIS, se deja ver por la de Seguridad Nacional, o se dedica a hacer la puñeta a Cospedal, que es otra de las funciones para los tiempos muertos. Este jueves ha sacado un rato para ir a rendir honores al presidente chino Xi Jinping, que ha hecho escala en Gran Canarias, igual que hizo hace un año con el primer ministro Li Keqiang. No hay que desaprovechar las oportunidades que se presentan en la vida para practicar el mandarín.

Supersoraya llega al país de los secesionistas igual que Tintin al de los Soviets. Le falta Milú pero tiene a Millo, que es muy capaz de vestirse de tigre si las circunstancias lo aconsejan. Sería bueno que llevara algún as en la manga, alguna reforma de la Constitución o similar, porque los catalanes no son tan tontos como los bolcheviques del cómic. Con buenas palabras sólo conseguirá que Oriol Junqueras le invite a café.