Opinion · Tierra de nadie

Podemos en Madrid se disparó en el pie

Más allá de la rehabilitación de Tezanos, contra el que la derecha sigue arremetiendo  porque siempre hay que poner cara a los muñecos de vudú, la última encuesta del CIS ha revelado que los tiros en el pie, además de dolorosos, están contraindicados en las carreras electorales. El masoquismo, sin embargo, tiene unas ramas muy espesas que impiden ver el bosque e, incluso, se complace con victorias pírricas ante adversarios que nunca deberían haberlo sido. Todo ello se ha manifestado en los pronósticos sobre la Comunidad de Madrid, que arrojan una levísima ventaja de la lista de Podemos sobre la de Iñigo Errejón para satisfacción de quienes le decapitaron en la plaza pública tras un juicio sumarísimo por su pretendida traición a la causa.

El sondeo otorga una cómoda victoria al PSOE, que podría gobernar con el apoyo de Podemos y Más Madrid, pero también pone de manifiesto que una candidatura única de estas dos fuerzas estaría disputando el triunfo a los socialistas y, por tanto, la posibilidad de alcanzar la presidencia de la Comunidad. Así, se otorga a Gabilondo un 26,1% de los votos y entre 33 y 38 diputados frente al 25,8% que representaría la suma de las listas de Isa Serra y Errejón, con entre 33 y 37 parlamentarios.

Hay más datos significativos de la encuesta. El primero, que los socialistas gobernarían aun perdiendo apoyos respecto a 2015, cuando obtuvieron 37 representantes; confirma en segundo lugar la debacle del PP y el pinchazo de Vox, que más que irrumpir en la Asamblea entraría llamando al timbre; Ciudadanos crece pero no capitaliza el hundimiento de su socio de Gobierno y ni siquiera optaría al sorpasso; y muestra en último término que los resultados de Podemos de hace cuatro años no eran un techo sino un suelo, y que sin el fraticidio previo hubiera obtenido hasta 10 diputados más.

Es verdad que, siendo Madrid una única circunscripción, la ley electoral no castiga la división ya que sus efectos, superado el umbral exigible para tener representación, son casi equivalentes al de un sistema proporcional. Es decir, que no hay votos que van directamente a la basura aunque lo que se tira por el desagüe es una presidencia que estaba al alcance de la mano.

¿Cómo interpretar este crecimiento a la izquierda del PSOE en las autonómicas de Madrid cuando la dinámica en las elecciones generales ha sido justamente la contraria? Pues dándole la razón a Errejón cuando justificaba la necesidad de trascender a Podemos y sus siglas para atraer más votantes. Siendo discutibles sus maneras y aun comprendiendo que su maniobra fuera interpretada por la dirección del partido -o sea por Pablo Iglesias- como un pulso ilegítimo, lo cierto es que acertaba en el diagnóstico. Si en aquel momento alguien se hubiese bebido el orgullo a pequeños sorbos ahora estaríamos hablando de otra cosa.

Desafortunadamente para algunos, no es cierto que las organizaciones estén por encima de las personas, algo que reconoce hasta Podemos cuando sostiene que sin el arreón final de Pablo Iglesias en la campaña y, sobre todo, en los debates electorales, sus resultados en las generales hubieran sido todavía peores. Y lo confirma el hecho de que Errejón, tras su excomunión y desde una nueva plataforma y con el único referente de la gestión de Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid, iguale en intención de voto a la lista del partido al que todavía pertenece.

Es lamentable que una pelea interna impida alcanzar un objetivo que quizás no vuelva a presentarse. Es un desatino dejar que una guerra por el poder dentro de la organización prevalezca frente a los anhelos de sus votantes. No tenía ningún sentido propiciar que una parte de Podemos compitiera contra la otra. Los disparos en el pie no son una venganza sino una enorme estupidez.