Opinion · Tierra de nadie

El último alzamiento

Lleva razón Pedro Sánchez en que este 24 de octubre es un día para celebrar una victoria, aunque para ello hayan tenido que pasar 43 años, 11 meses y dos días de obscenidad e ignominia. Hoy es un gran día para todos aquellos que fueron obligados a permanecer mudos durante cuatro décadas de dictadura y que, ya en democracia, tuvieron que seguir callados porque en este país la llamada reconciliación nacional se edificó sobre el silencio de los vencidos, y ello incluía aceptar la glorificación de un asesino y su faraónico mausoleo.

Hoy, sobre todo, es un día para la memoria de las víctimas y para rendir tributo a los muertos cuyos huesos, en un último gesto de ensañamiento, se apilaron en una cripta para cumplir el deseo de este genocida, a los que aún permanecen en las cunetas de toda España, a los familiares que los han buscado ante la indiferencia de las Administraciones, y, en general, a todos los perseguidos por el franquismo. Es el mejor día para añorar al abuelo encarcelado por el simple hecho de haber sido concejal socialista en la República o al tío que, tras combatir a los golpistas y huir a Francia, murió apaleado en un campo de concentración nazi.

Es un día para el recuerdo, para no olvidar que la rabia del perro no se acabó con su muerte y que la cepa del virus sigue latente en algunas instituciones del país. Es un día excelente para evocar a los encarcelados que consiguieron el ‘perdón’ con una vergonzosa ley de Amnistía mientras que los policías que los torturaron, los jueces que les enviaron a la cárcel, los falangistas que les denunciaron y los políticos, empresarios y periodistas que sostuvieron aquella dictadura con el brazo en alto y la cara al sol transitaron sin mácula al otro lado y se convirtieron en demócratas de toda la vida.

Sí, es el mejor día para pensar en todos aquellos que dijeron que no se podía, que lo mejor era no despertar a los fantasmas del pasado ni reabrir viejas heridas, cuando estas seguían abiertas y supurando en todos aquellos que de una forma u otra soportaron tantas atrocidades. Es una fecha ideal para repasar la lista de los que en estos años han justificado al franquismo y se han negado a condenar el sadismo de aquella tiranía, llenando de oprobio a quienes se enfrentaron a ella y perdieron la vida o la libertad en aquella lucha.

Es una ironía que la momia de Franco salga de su pirámide de Cuelgamuros en helicóptero, porque también fue en helicóptero como llegó a su inauguración el 1 de abril de 1959 y, tras llegar a la abadía bajo palio y presidir un funeral, se dirigió a los congregados para alertarles de que el diablo nunca se somete y de que 20 años después del final de la Guerra Civil “la anti-España”, vencida y derrotada, no estaba muerta, tal era su idea de la reconciliación nacional.

Hoy es un día para brindar por esa anti-España. Al diablo de la democracia le ha costado una eternidad poner las cosas en su sitio y hacer que empecemos a respetarnos a nosotros mismos. El de la espada invicta ha levantado finalmente la cabeza y el resto del cuerpo en su último y definitivo alzamiento. Vuela hacia su tumba. Será lo más cerca que esté alguna vez del cielo.