Opinion · Tierra de nadie

El sicario del Ibex lanza un nuevo single

A medida que escuchamos la lista de los 40 principales de Villarejo nos vamos haciendo una idea del enorme nivel de nuestros líderes empresariales y su manera de poner en práctica todo lo aprendido en sus licenciaturas y doctorados y, por supuesto, la importancia para la vida diaria de los MBA que realizaron en las principales escuelas de negocio de España y del mundo. ¿Cómo afrontan los señores del Ibex las crisis de sus compañías y la embestida de sus competidores? Pues tirando de los oficios del príncipe de las cloacas, su sicario de cabecera. Es de primero de Empresariales.

Ayer supimos de un nuevo single de la fonoteca del excomisario que ha entrado con fuerza en el top ventas. La letra cuenta que Iberdrola contrató a Villarejo para espiar a Florentino Pérez y buscarle las cosquillas y los trapos sucios como forma de neutralizar a ACS, que hace una década pretendió zamparse a la eléctrica por la cara, la fórmula magistral que el constructor tiene patentada para sus grandes operaciones. La noticia llegaba el mismo día que el genio de la banca y expresidente del BBVA, Francisco González, declaraba como imputado precisamente por haber recurrido a las refinadas artes del excomisario para frenar el asalto de Sacyr e investigar y vilipendiar a sus presuntos promotores.

Sin ánimo de simplificar, de lo conocido hasta la fecha es posible dividir en dos la conducta de nuestros directivos más principales. De un lado, al parecer, están los que contactan con la mafia y, de otro los que se abrazan al Gobierno y usan el amiguismo como arma de destrucción masiva. En esta última categoría se encuentra Florentino Pérez, quien en la guerra que libró con Iberdrola logró que el Ejecutivo de Zapatero le aprobara al descuido una adenda en la Ley de Sociedades Anónimas, bautizada como ‘enmienda Florentino’, para suprimir los blindajes de los Consejos de Administración y colar así a los suyos en el órgano de gobierno de la eléctrica. Su táctica era la habitual: tomar en torno al 20% de las acciones, lo que viene a ser un ‘paquete de control’, someter al consejo, pagar la fiesta con la caja registradora de la asaltada o vendiéndola a trozos, y a los accionistas minoritarios que les vayan dando. Obsérvese la diferencia entre los actos reprobables y los ajustados a la más estricta legalidad.

Obviamente, no hay que presuponer que la crema del Ibex 35 se rebajaba a tratar con Villarejo que, a la mínima y según vamos escuchando, iba y te explicaba sus planes estratégicos con expresiones culinarias del tipo “a este hay que triturarle los huevos”. Para esos menesteres ya existían empleados que dominaban la jerga, ex policías muchos de ellos, a los que las compañías designan como directores de seguridad, un cargo de alto riesgo que recuerda mucho al de tesorero de los partidos políticos.

Es más, los rectores de nuestras grandes multinacionales ignoran por completo haber tenido a Villarejo en nómina, circunstancia esta de la que suelen enterarse por la prensa, como le ocurrió al exbanquero González y así lo ha declarado al juez. Bajo su tutela, las compañías son símbolos de ejemplaridad y transparencia y, si algún comportamiento merece el repudio, siempre es atribuible a algún subordinado que actúa por su cuenta y riesgo cuando sus señoritos están en un aprieto y les huele el culo a pólvora. ¿Acaso son responsables ellos del exceso de celo y de la fidelidad perruna y mal entendida de sus operarios?

¿Qué hacen estos reputadísimos gestores al menor indicio de que han podido ser sorprendidos en su buena fe y cabe la remota posibilidad de que sus empresas hayan descendido a las cloacas en busca de árnica o de artillería pesada contra sus adversarios? Sin dilación, ordenan revisar todos los contratos y encargan estrictos informes a sus comités de auditoría a los que ellos mismos han nombrado. ¿Que qué es lo que concluyen estos informes? Lo esperado. Que haber contratos con Villarejo, haylos, pero siempre más legales que el café con leche o el detergente para lavadoras.

Es lo que han hecho el BBVA e Iberdrola pero, a buen seguro, es el camino emprendido por otras conglomerados empresariales y bancarios. Caixabank, que también contrató al excomisario, tiene la certeza de que si le pagó 45.000 euros en algún momento fue por una buena razón. Lo mismo que el Santander, que recurrió a la empresa del excomisario para impartir varios módulos de su curso ‘El rol del gestor de planes’. ¿Quién mejor?

La misma Iberdrola puede defender que los “servicios de apoyo y logística de seguridad a personal de Rumanía” encargados a Villarejo les fueron muy útiles. Y que el “servicio de análisis de información y seguridad” y la “elaboración de estrategias para la ubicación y recuperación de datos electrónicos almacenados en discos duros de ordenadores y sistemas tecnológicos anulados o dañados” por los que Repsol pagó unas decenas de miles de euros al hoy presidiario cumplieron las expectativas. A pedir de boca, vaya.

Nadie sabe qué quiso decir Villarejo cuando desde la cárcel de Estremera hizo público un comunicado en el que denunciaba las filtraciones de sus trabajitos y advertía de lo siguiente: “¿Cómo es posible que este camino suicida, irresponsable y alejado de cualquier principio elemental que tenga que ver con la impartición de Justicia ponga ahora en la picota a compañías absolutamente estratégicas como Repsol, Indra, Caixabank, Iberdrola, Santander, Grupo Planeta, Mutua Madrileña, Telefónica y tantas otras puedan sufrir el mismo destino para alegría de la competencia extranjera y de esa extrema izquierda que atribuye al IBEX 35 un peligro mayor que al ‘hombre del saco’? ¿También en estos casos las manos negras que están produciendo gravísimos trastornos a los intereses nacionales van a ‘tirar de la manta’? ¿De nuevo con invenciones?”. Ni idea de a qué puede referirse, oiga.

Extendemos la sospecha sobre el comportamiento de nuestros trasatlánticos empresariales por insignificancias como servirse de la mafia policial o mantener más de 800 filiales en paraísos fiscales con los que, según Oxfam Intermon, detraen más de 3.000 millones a las arcas de Hacienda. ¡Qué malos son los prejuicios y cuánto daño hacen a la reputación de nuestros grandes hombres de negocios!