Tierra de nadie

Aviso: la eutanasia no será obligatoria

Parece que a la quinta será la vencida y que la mayoría del Congreso que este martes apoyaba tramitar la regulación de la eutanasia convertirá en ley el derecho a la autodeterminación individual que, como afirmaba Salvador Pániker, es mucho más que el derecho a una muerte plácida. Se abre así la puerta a poder dimitir de la propia existencia cuando el sufrimiento es insoportable e innecesario, una salida por la que escapar no ya de la vida sino de sus espantos más terribles. Ni vivir puede entenderse como un deber ni tiene ningún valor cuando se degrada hasta el punto de que al sufrimiento se añade la angustia de no poder ponerle fin.

La eutanasia no será obligatoria. Es bueno recordarlo tras escuchar los argumentos en su contra proferidos por representantes de la derecha, que rebajaron el nivel de la política al límite de lo despreciable. No se trata de reconocer a las personas el mismo privilegio que tienen las mascotas cuando es inhumano mantenerlas con vida para que el Estado se ahorre 20.000 euros al año por cabeza en tratamientos así como la pensión correspondiente, que es lo que adujo para su  vergüenza el portavoz de Sanidad del PP, José Ignacio Echániz. No es una filosofía de la izquierda  ni consiste en arrear empujones a la muerte para aligerar costes. Es defender esa libertad que tantas bocas llena y facilitar su ejercicio cuando lo que está en juego no es perder la vida sino la dignidad personal, que es por lo que siempre hay que estar dispuesto a dejar este valle, sobre todo si es de lágrimas.

Es repugnante que el partido que más hizo para devaluar el Estado del Bienestar y que durante la crisis logró que, por primera vez en la serie histórica, se frenara la esperanza de vida de los españoles denuncie ahora que regular la eutanasia sea una estrategia para contener el déficit asociado al envejecimiento. Los mismos que obligaron a los jubilados a pagar por sus medicinas, reduciendo indirectamente sus pensiones, o, en algunos casos, les hicieron elegir entre medicarse o seguir comiendo, salga ahora con esta boludez impresentable.

En definitiva, es un insulto a la inteligencia que quienes propiciaron que la gente se muriera sola en sus casas por falta de asistentes sociales o fuera de ellas, cuando eran desahuciados por el pecado de haber avalado a sus hijos en paro con sus propias viviendas, emplee ese tipo de argumentos. En lugar de regular la eutanasia, propone el PP la ley integral de cuidados paliativos que nunca planteó cuando gobernaba, lo cual es un complemento necesario pero nunca una alternativa. No se pusieron los populares a la altura de Vox, que se refirió al Estado "socialcomunista" como una máquina de matar y comparó la futura ley "homicida" con la solución final de los nazis, aunque se quedaron a un paso.

Sólo por la ceguera que llega a provocar la religión católica, a la que siempre le fue muy rentable disponer del monopolio de la muerte y extender el miedo a la señora de la guadaña para lograr la obediencia de sus fieles, es posible considerar la vida como un valor absoluto. La muerte, volvía a decir Pánijer, no es un acto sino un proceso y la forma de concluirlo, cuando prolongar el dolor no tiene sentido, ha de ser una decisión personal. Dueños de nuestro cuerpo, también tenemos que serlo de la forma de morir porque nadie puede obligarnos a vivir contra nuestra voluntad. Lo cruel no es ofrecer la posibilidad de evitar el sufrimiento sino bloquear esa salida. Los defensores a ultranza de la propiedad privada habrían de ser los primeros en entenderlo.