Opinion · Espejos extraños

Celebrar la ciencia y la ciudadanía

Junio y julio han sido meses de celebración de la ciencia y la ciudadanía globales en la Universidad de Coimbra. Entre muchas iniciativas, menciono las que vi de cerca porque fueron organizadas por el centro de investigación que dirijo, el Centro de Estudios Sociales. Pero podría mencionar muchas más de otras universidades, todas ellas reveladoras de la pujanza de la comunidad científica portuguesa, del respeto mundial que adquirió y de las responsabilidades y expectativas globales que creó en los últimos 20 años.

Estuvo entre nosotros, durante una semana intensa de trabajo, la mayor delegación de líderes de pueblos indígenas brasileños que en los últimos 514 años visitó Portugal. Vinieron a debatir con nosotros cómo el modelo de desarrollo socialmente injusto y ecológicamente insostenible en curso en Brasil está expulsándoles de sus tierras, destruyendo sus bosques y contaminando el agua de sus ríos. Poderosos grupos capitalistas nacionales y globales alargan sin límite la frontera agrícola, inician proyectos de minería y planean diques sin consultar a las poblaciones y sin estudios creíbles de impacto ambiental. En toda la Amazonía están registradas 52.974 zonas de interés minero. La pulverización aérea de los campos con productos agrotóxicos causa que en zonas rurales del nordeste haya tasas de cáncer superiores a las de las grandes ciudades.

Escogieron nuestro centro porque conocen el trabajo que hemos realizado para llamar la atención internacional hacia esta calamidad y conocen nuestra intervención en favor de sus territorios ancestrales, especialmente, en el caso de la reserva Raposa Serra do Sol. Sabios lectores de la complejidad del mundo, los líderes indígenas no tuvieron problema en visitar la universidad (de donde salieron los misioneros y administradores que primero los transformaron en “obstáculos al desarrollo”) para buscar el refuerzo de las alianzas en contra del colonialismo —que aún perdura— y a favor de la lucha por alternativas que, defendiendo a los pueblos indígenas, protejan a la humanidad en su conjunto de una catástrofe ecológica.

Después ocupó la Curia un apasionante grupo de 49 jóvenes de 16 países distintos que frecuentaron nuestro curso de verano, atraídos por el aliciente de aprender a entendernos, respetar y celebrar la diversidad social, cultural y política del mundo, orientados por profesores de África del Sur, Argentina, Brasil, Colombia, EEUU, Italia, India, Mozambique, Portugal y Zimbabue. Lo importante fue que tanto estudiantes como profesores se sintieron atraídos por las propuestas innovadoras de interculturalidad y de debates sobre los distintos temas que habíamos propuesto.

Muchos de ellos continuaron con nosotros en los días siguientes, en los que 685 congresistas venidos de 30 países se reunieron en Coimbra para dar visibilidad a las buenas prácticas y a las innovaciones sociales, políticas y económicas que en todo el mundo buscan disminuir la injusticia social, aumentar la cohesión social, eliminar la discriminación étnico-racial y sexual, fortalecer la democracia y el Estado social, promover la dignidad humana, incluir entre los Derechos Humanos los derechos de la naturaleza, luchar por la paz y la autodeterminación, crear sistemas económicos solidarios pautados por la cooperación, por la reprocidad y por el respeto por la naturaleza. O sea, prácticas reales, concretas, en las antípodas de lo que hoy impera como pensamiento único en una Europa decadente, en peligrosa espiral descendiente, sin otras soluciones que no sean las dictadas por quienes causan los problemas que la afligen y que de ellos se benefician. La pregunta que dominó este coloquio fue la de saber si Europa está en condiciones de aprender con esta excitante experiencia del mundo después de haber sido designada profesora del mundo durante siglos.

El rayo de esperanza vino de la alegría de los encuentros, tanto entre personas como de ideas, entre ciencias plurales y la música de António Pinho Vargas, la pintura de Mário Vitória y el rap de Capicua, Chullage, Hezbó MC y LBC Soldjah.

Escribí esta columna para lanzar un mensaje de esperanza a los jóvenes científicos sociales que han estado viviendo la pesadilla de no poder proseguir con su trabajo al servicio de la ciencia de la ciudadanía en la que todavía creen.