Espejos extraños

Europa despierta: ¿Valió la pena?

Banderas de la UE en el exterior de la sede de la Comisión Europea, en Bruselas. AFP/KENZO TRIBOUILLARD
Banderas de la UE en el exterior de la sede de la Comisión Europea, en Bruselas. AFP/KENZO TRIBOUILLARD

Traducción de Bryan Vargas Reyes

Está empezando a quedar claro que los neoconservadores estadounidenses han logrado imponer en Europa, a través de una guerra de información sin precedentes, un vértigo bélico y antirruso, cuyas consecuencias tomarán tiempo para evaluar. Sin embargo, es posible identificar los signos de lo que viene.

Derrotado. Todavía no se sabe quién ganará esta guerra (si alguien la ganará, además de la industria armamentística), pero ya se sabe quién pierde más con ella. Es el pueblo ucraniano, los demás pueblos europeos y el pueblo ruso. Ucrania en ruinas, los millones de refugiados y la caída de la cotización del euro son la derrota más clara. En el caso del pueblo ruso las brutales sanciones acabarán por afectar negativamente el nivel ya precario de las clases populares. En las siete décadas posteriores a la destrucción causada por la Segunda Guerra Mundial, Europa, entonces designada como occidental, se levantó de nuevo. Dirigida por gobernantes de alto nivel intelectual y apoyada por Estados Unidos en su cruzada para detener el comunismo, Europa Occidental logró imponerse como una región de paz y desarrollo, a pesar de que gran parte de este fue a expensas del capital colonial que había acumulado durante siglos. Se necesitó una guerra fantasma –librada en Europa, pero no dirigida por Europa y ni siquiera en interés de los europeos– para poner la paz y del desarrollo en grave riesgo.

Transición energética.  El dióxido de carbono (CO2), responsable del calentamiento global, ha permanecido en la atmósfera durante muchos miles de años. Se estima que el 40% del CO2 emitido por los humanos desde 1850 permanece en la atmósfera. Así que mientras China es ahora el mayor emisor de CO2, lo cierto es que si tomamos como referencia el periodo 1750-2019, Europa es responsable del 32,6% de las emisiones, EEUU del 25,5%, China del 13,7%, África del 2,8% y América Latina del 2,6%. Es comprensible, por tanto, que en las últimas décadas Europa haya liderado la lucha por la transición energética y por las energías renovables. Es posible que tengamos críticas sobre la ecología de los ricos que subyace en la transición energética, pero iba en la dirección correcta. La guerra de Ucrania y la crisis de las energías fósiles que provocó fueron suficientes para evaporar todas las buenas intenciones de la transición energética y las energías renovables. El carbón ha regresado del exilio, y el petróleo y la energía nuclear están siendo rehabilitados. ¿Por qué es más importante perpetuar la guerra que avanzar en la transición energética? ¿Qué mayoría democrática ha decidido hacerlo?

Espectro político. La próxima crisis económica y social tendrá un impacto en el espectro político de los países europeos. Por un lado, es bueno señalar que fueron los gobiernos más autoritarios (Hungría, Turquía) y los partidos de extrema derecha los que mostraron el menor entusiasmo por el triunfalismo bélico y antirruso dominante en la política europea en los últimos meses. Por otro lado, los partidos de izquierda, con raras excepciones, han renunciado a una posición propia (de izquierda) sobre la guerra. Algunos, que se habían distinguido en el pasado contra la OTAN, guardaron silencio ante la imprudente y peligrosa expansión de esta en todos los continentes. Cuando la continuación de la guerra y los presupuestos militares comiencen a causar el empobrecimiento de las familias, ¿Qué pensarán los ciudadanos en términos de opciones políticas?  ¿No se sentirán atraídos por optar por los partidos que menos entusiasmo han mostrado por el patrioterismo belicoso que ha provocado su empobrecimiento?

Seguridad ciudadana. A finales de mayo pasado, Interpol expresó su preocupación por la posibilidad de que gran parte del armamento suministrado a Ucrania entrara en el mercado ilegal de armas y terminara en manos de delincuentes. Una situación aún más grave cuando parte de este material es artillería pesada. La experiencia de lo que sucedió en el pasado en otros teatros de guerra justifica la preocupación. Por ejemplo, gran parte del material de guerra suministrado por Estados Unidos a Afganistán terminó en manos de los talibanes contra los que luchaba el ejército estadounidense. La tragedia estadounidense de sucesivas masacres por civiles armados es bien conocida. Dado que los ciudadanos europeos son seres humanos iguales a los estadounidenses, ¿qué sucederá si en Europa se facilita el acceso a la compra de armas?

Normalización del nazismo.  Poco antes de la guerra en Ucrania, varios servicios de seguridad y think tanks habían estado advirtiendo de la fuerte presencia de grupos neonazis en Ucrania, su entrenamiento y equipo militar y la forma en que se estaban integrando en las fuerzas militares regulares, un hecho sin precedentes. Comprensiblemente, el estallido de la guerra hizo olvidar esta preocupación. Lo que ahora está en juego es la posibilidad de que el nazismo se convierta en una ideología nacionalista como cualquier otra y que sus ataques recurrentes contra los políticos progresistas de Ucrania se conviertan en actos patrióticos. ¿Qué impacto tendrá esto en Europa, en un contexto de crecimiento de la extrema derecha?

Anticomunismo fantasma.  El odio antirruso que se ha exacerbado en Europa a través de la invasión de Ucrania contiene subliminalmente odio anticomunista, a pesar de que se sabe que el partido comunista es muy minoritario en Rusia y que Putin es un político de derecha, amigo de la extrema derecha europea. Para los sectores de ultraderecha, el comunismo es ahora un significante vacío y actúa como un arma para demonizar a los opositores políticos, justificar su cancelación en las redes sociales y promover el discurso de odio. Es de temer que esta arma retorica permanezca en la vida política más allá de la guerra.

Gobierno de las mujeres. En las últimas décadas, los movimientos feministas han luchado con éxito por la participación de las mujeres en la política. Todos los demócratas deberían regocijarse con eso. Resulta que, además del argumento de la paridad, a menudo se invocaban otros argumentos a favor de la participación política de las mujeres. Las mujeres serían menos competitivas que los hombres, más inclinadas a la solución pacífica de los conflictos, bien equipadas para promover y defender la economía del cuidado, tan a menudo despreciada por el machismo de los políticos. La Guerra de Ucrania obliga a relativizar estos argumentos. A la cabeza de la Unión Europea hay una mujer con más instintos belicosos que de cuidado pacifista, y las primeras ministras de Finlandia y Suecia no parecen quedarse atrás. A partir de ahora, la paridad debe promoverse por su propio mérito incondicional, pero por sí sola no debe esperarse que tenga un impacto en la vida política de los países.

Crimen e injusticia en los Balcanes. La guerra en Ucrania tuvo el efecto de llevar a la conciencia de los europeos más informados la forma arbitraria en que Yugoslavia fue destruida, el bombardeo de la OTAN de objetivos civiles en 1999 y los crímenes de guerra cometidos por todas las partes. El prejuicio histórico y religioso anti balcánico –el canciller Metternich del Imperio Austriaco (1821-1848) dijo que Asia comenzaba en la Landstrasse, la calle de Viena donde vivían los inmigrantes de los Balcanes– terminó reflejándose en la forma en que algunos países de la región han estado esperando varios años para ingresar a la UE.

Es demasiado pronto para un equilibrio general del tiempo en el que vivimos, pero las señales son inquietantes y no son un buen augurio.