Tentativa de inventario

Di algo de izquierdas, Gabilondo

Los domingos nos dan la medida de nuestro propio abismo. Y yo me asomo al mío como IDA escruta a su atún, con respeto e íntimo pesar. Mirar de frente al abismo como quien ausculta el cuerpo inerte de un atún. En esas estamos. Los excesos de la francachela sabatina confieren al domingo una aire funesto, preludio de males mayores. Lo que viene siendo la bajona. Desconocemos a qué abismos se enfrentará usted, querido lector, ignoramos de hecho si es de los que se acercan a sondear la movida o de los que prefieren corretear por el borde sin mirar al vacío. Sepa, en todo caso, que no está usted solo, que esta columna le acompaña cada domingo sin entrar a valorar sus preferencias abisales. Cuestión de precipicios. 

Dicho esto, y una vez despachado el primer párrafo mareando abiertamente la perdiz, les hablaré de otros vacíos, quizá menos existenciales, pero igualmente sugerentes. Como el vacío que fue esa plaza de Orcasitas durante el mitin de Vox el pasado miércoles, sin clientela a la que endilgar su ladrido ultra, ladrido que cayó en saco roto porque si no reverbera, se apaga. Lo que era todo augurios va y desaparece en un tris. Fulgurante y breve como el meteorito que sobrevoló los cogotes de la Villa en la noche del viernes, profecía castiza venida del más allá que muchos ilusos (y en la Villa los hay a pares) aprovechamos para cerrar los ojos y rumiar un deseo. En mi caso tuve a bien parafrasear al bueno de Moretti y proferí para mis adentros un desesperado Gabilondo di qualcosa di sinistra.

Pero a Gabilondo se la pelan mis anhelos. Los respeta, eso sí, porque ni fascismo ni antifascismo, pero se la pelan fuertemente. Pactaría con Ayuso si fuera necesario, dicen que ha dicho. Todo un plusmarquista de lo inane, rey Midas de un limbo legendario. Tampoco se plantea tocar los impuestos y si por él fuera barra libre para la hostelería. Leí hace años a un señor de bigote frondoso que decía que si miras fijamente al abismo, el abismo te devuelve la mirada. El caso es que a mí se me aparece el Gabilondo. Me pone ojitos desde las profundidades, emerge del vacío y me interpela con sus maneras monacales y su rotundo barbillamen. Me dice que el ser es y que el no-ser no es. Y que la nada, nada es. Temo que se convierta en atún. El atún inerte que escruta IDA.