Opinion · Entre leones

¿Quién teme a Pedro Sánchez?

En los tiempos de Felipe González y Alfonso Guerra, los comités federales eran un ejercicio de autocrítica feroz. Tan duros eran a veces que el expresidente sevillano los temía como una vara verde. Con Zapatero se convirtieron en ejercicios de adulación al líder, en actos públicos de pura propaganda. Así las cosas, las ocurrencias de los últimos años del leonés recibieron pocos reproches del órgano del PSOE que debió enmendarle la plana para evitar el desastre electoral de 2012.

En estos días, otra tradición socialista está en peligro: el cierre de filas total ante un proceso electoral. Aunque las encuestas le otorgan al PSOE una diferencia escuálida sobre el PP, desde la dirección federal están más preocupados por la parrilla de salida de las primarias que por las propias elecciones europeas. Sólo así se entiende que una de las figuras emergentes del socialismo democrático español, el diputado madrileño Pedro Sánchez, haya sido excluido de la campaña nacional. Lo van a enviar a su circunscripción madrileña para que Tomás Gómez, enemigo tibetano, limite su ámbito de actuación a su barrio o a su comunidad de vecinos. Es una confluencia de intereses casual entre la dirección federal y lo peor del chaconismo  (poco o nada que ver con lo que representa la propia Carme Chacón) para que el tercero (o el cuarto) en discordia no arrime el hombro en las europeas, no vaya a ser que le sirva de plataforma de lanzamiento. Ya enseñaron la patita cuando uno de los más afectados por la irrupción de Pedro Sánchez filtró una presunta regañina de Rubalcaba que nunca existió. Para regañinas, las de Susana Díaz a Rubalcaba en la intimidad de Ferraz, ¿no? Y en aquella ocasión nadie actuó de ‘correveidile’.

Pero ante la intención de sus compañeros de los distintos aparatos de cerrarle el paso,  Pedro Sánchez parece totalmente decidido a comparecer en  la campaña de las europeas más allá de Madrid. Durante los últimos meses se ha pateado el partido de abajo hacia arriba al volante de su coche y sabe que la militancia está esperando nuevos discursos y nuevas caras, que está harta de los mismos con las mismas consignas para quedarse un ratito más.

Además, Pedro Sánchez está convencido de que las europeas se ganan poniendo toda la carne en el asador y él está dispuesto a ayudar a Elena Valenciano y a su partido aportando su granito de arena. No estaría mal verle, por ejemplo, por Cataluña, campo de batalla principal en estos comicios, defendiendo una España federal convincente. No estaría mal verle, por ejemplo, en Andalucía, feudo de todas las victorias electorales del PSOE, apostando por una lucha sin cuartel contra el paro como objetivo prioritario. No estaría mal verle, por ejemplo, donde le llamen sin que se produzcan ni vetos ni presiones. Y hablando de Europa, claro. Pero de una Europa más solidaria y más decente.

Ante este cierre de filas tan del PSOE que está protagonizando en solitario, interpretando una vieja tradición socialista que ahora se quieren cargar con la excusa de que no posee cargo orgánico alguno, ¿quién teme a Pedro Sánchez? Posiblemente, sean todos aquellos que rechazan de plano unas primarias abiertas en las que militantes y simpatizantes puedan elegir al candidato socialista a la presidencia del Gobierno. Seguramente, sean todos aquellos que aspiran a convertir el PSOE en una mesa camilla en la que las bases recuperen la pegada de carteles como tarea única y principal. Probablemente, sean todos aquellos cuya única alternativa es que suene la flauta y que no quieren perder el privilegio de seguir administrando las ruinas sine die mientras, eso, que suene la flauta. Para todos estos y algunos más parapetados tras sus privilegios, Pedro Sánchez debe ser todo un peligro.

Sólo así se entiende que, aparte de no dejarle participar en la campaña nacional de las europeas, estén un día sí y otro también buscándole las cosquillas con todo tipo de infundios. Primero fue que era un candidato bis del aparato. Ahora que la dirección de Ferraz –y algunas más como la andaluza- está detrás de su veto europeo parecen decantarse por su relación con José Blanco, que lo metió en su momento en el partido. Son como la noche y el día; como Robin Hood y el príncipe Juan. La verdad es que Pedro Sánchez representa un proyecto autónomo dentro del PSOE y ahí reside su principal virtud. No tiene ni ataduras ni hipotecas, y lo tiene todo para encabezar un proyecto socialista nuevo para España. Y algo más importante: tiene currículum sin necesidad de recurrir al que aporta la vida orgánica de un partido desde las Juventudes Socialistas. Para que nos entendamos, no necesita al PSOE para encontrar un puesto de trabajo. Pero el PSOE puede necesitarlo a él para abrir puertas y ventanas y recuperar la confianza de la mayoría de los españoles.