Opinion · Entre leones

De patriotas y narcos

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, sostiene que las cloacas del Estado están limpias y en perfecto estado de revista, después de haber estado habitadas en tiempos del PP por un grupo de ‘policías patriotas’ cuyo principal objetivo era putear al independentismo catalán y a Podemos.

Según Marlaska, cinco de los gachones que formaban este grupo se han jubilado y otros dos están apartados. O sea, punto y final o así.

Aunque es de suponer que la investigación judicial en curso llegará al fondo de esta pestilente historia, ya se sabe lo suficiente como para que algún dirigente del PP actual hubiera salido a pedir mil perdones a beneficio de inventario.

No vale eso de que Jorge Fernández Díaz, el patriota más patriota de todos los patriotas, era ministro del Interior bajo la presidencia de Mariano Rajoy, y los casadistas son de la cuerda de José María Aznar.

Por cierto, ¿se imaginan a Aznar al frente de una policía patriótica sin complejos y mirándoles a los ojos a Pablo Iglesias y a Oriol Junqueras? Miedo me da que le hayan abierto la puerta de toriles de la política nacional.

Pero este no es el mayor éxito cosechado por Marlaska en este año cortito de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno.

En mi opinión, el mayor logro lo ha cosechado en la provincia de Cádiz, en la comarca del Campo de Gibraltar, donde el narcotráfico está por primera vez contra las cuerdas después de décadas de impunidad. Numerosas redadas, detenciones de todos los colores, clanes descabezados, impagos y trampas de dinero sucio, castañas achicharradas, playas sin beduinos…

El Plan de Seguridad del Campo de Gibraltar ideado por Marlaska ha puesto en jaque a las numerosas mafias que habían convertido esta comarca gaditana y zonas limítrofes en un lodazal desde el punto de vista moral y habían instaurado una economía sumergida que estaba devorando a los jóvenes a golpe de dinero fácil.

En pocos meses, el actual ministro del Interior ha logrado algo que sus antecesores no consiguieron ni por asomo.

Y los éxitos han llegado en el mismo momento en que se puso el acento en la investigación y aumentaron los efectivos. Años atrás, de cuando García-Margallo emuló a Castiella, una mayor presencia policial en la zona estaba asociada a una represión estúpida –y patriótica- en la frontera de Gibraltar.

Sí, los GDR de la sacrosanta Guardia Civil imponían a criaturitas gibraltareñas y españolas colas de hasta siete horas en pleno mes de agosto, sin buena ni mala sombra. La cosoberanía a golpe de insolación.

Mientras tanto, las costas del Campo de Gibraltar, con los ríos convertidos en autopistas principales, eran una Feria para la macroindustria del hachís, que por aquellos días adoptó como patrones a la ya tradicional Virgen del Carmen y al novísimo san José Manuel.

Afortunadamente, hoy es otra historia. Y lo es porque Pedro Sánchez, poco antes de llegar a la presidencia del Gobierno, estuvo en La Línea, se percató de la situación de extrema gravedad que representaba para la ciudadanía el régimen impuesto por el narcotráfico y se comprometió a combatirlo en el mismo momento que llegara a Moncloa. Y lo hizo: nombró a Marlaska y aprobó un plan integral para el Campo de Gibraltar de 1.000 millones de euros.

Por cierto, Marlaska, cabeza de lista del PSOE en la provincia de Cádiz el 28-A, debería tener una agenda más legislativa y federal. Hasta ahora, visto los paseíllos patrocinados por la Ejecutiva Provincial, pareciera un serio aspirante a la alcaldía pedánea de Las Pachecas.