Entre leones

Frente a Vox

El candidato de VOX a la Presidencia de Castilla y León, Juan García-Gallardo, en una rueda de prensa para valorar los resultados en las elecciones de Castilla y León 13F de 2022, en el hotel AC Santa Ana de Valladolid, a 14 de febrero de 2022, en Valladolid, Castilla y León). - EUROPA PRESS

La democracia es un proceso donde los ciudadanos que quieren votan y a veces el resultado no nos convence. Pero siempre hay que aceptarlo si se quiere revertir. Bueno, en la Alemania de Hitler, lo mejor era salir corriendo directamente.

En los comicios de Castilla-León, por nivel de satisfacción de más a menos, a Vox le siguen el PP, los pequeños partidos provincialistas y regionalistas, el PSOE, Unidas Podemos y Ciudadanos.

Porque las elecciones las ha ganado Vox, con un incremento que la convierte en la bisagra de todas bisagras para el PP, que tendrá que claudicar ante la extrema derecha si quiere gobernar en esta comunidad autónoma. O eso parece: el PP queda en manos de Vox, proclama la prensa más sensata.

Pero lo peor es que este mismo resultado se reproducirá en otras comunidades; por ejemplo, en primavera posiblemente y en Andalucía, donde PP y VOX sumarán una cómoda mayoría absoluta sin necesidad de Ciudadanos, que desaparece o se quedará como fuerza residual; es decir, como en Castilla-León, con un solitario parlamentario o un cero patatero.

Y pactarán y no pasará nada. De hecho, estoy convencido que una amplia mayoría del electorado popular les encanta VOX: no tienen ningún problema en que sus votos se mezclen con los de la extrema derecha en un Gobierno de coalición. Juntos y revueltos, sin complejos.

Quiero creer que otra cosa bien distinta son los dirigentes del PP, como puso de manifiesto la más derechizada de sus presidentes, Isabel Díaz Ayuso: le dio un brote psicódemocrático ante la misma Rocío Monasterio, que volvió a echar basura blanca sobre los inmigrantes, los menas y otras criaturitas de Dios a propósito de la trágica muerte de varios jóvenes en Madrid.

Más preocupante es la desmovilización de la izquierda frente a una extrema derecha que representa los valores que identifican al fascismo en los días que corren -xenofobia, homofobia, racismo, negacionismo, autoritarismo, machismo, antifeminismo, etc.-. En Castilla-León, parte de este electorado progresista se ha acomodado en opciones regionalistas o provincialistas más moderadas, como Unión del Pueblo Leonés, Soria ¡YA! y Por Ávila.

Especialmente preocupante es la irrelevancia de Unidas Podemos, que con la vicepresidenta Yolanda Díaz parecía poder remontar el vuelo. Pero son malos tiempos para esa retórica que encumbró a esta formación tras el 15-M, con Pablo Iglesias e Íñigo Errejón como los nuevos avatares de Felipe y Guerra.

Con Ciudadanos en vías de extinción y Unidas Podemos de capa caída, al PSOE, que tampoco está para tirar cohetes tras soportar Pedro Sánchez años muy duros, sólo le quedan como pareja de baile los nacionalistas.

Frente a PP-VOX, que es la coalición ascendente, está PSOE-ERC-PNN-Bildu. Y en la tumultuosa aprobación de la reforma laboral, ya se vio la fiabilidad de estos socios, que, cuando iba de mejorar la situación de los currantes en general, les dio por reivindicar a contramano de sus propios intereses la aldea gala, pese a compartir trinchera con PP y VOX. En el fondo, si se mira bien: son vasos comunicantes VOX y las fuerzas nacionalistas. Se retroalimentan con sus respectivas cafradas, aunque bien en verdad que los primeros son en esta materia alumnos cum laude y con cascabeles.

El caso es que esta victoria de VOX solo sirve para polarizar más la situación política española, que es lo que realmente me preocupa como ciudadano. Cada día es más difícil hablar, intercambiar puntos de vista con estos gachones inundando la vida pública y las redes sociales de insultos y descalificaciones.

Durante la Transición española, tras una Guerra Civil criminal y una dictadura de 40 años de persecución del derrotado hasta el extermino, hubo una reconciliación.

Las fuerzas de izquierda y derecha se reunieron, dialogaron y pactaron un marco constitucional de convivencia que aún nos acompaña. Con todos sus defectos, pero es el más duradero y sólido de toda nuestra historia.

De las dos Españas irreconciliables, pasamos a una España nueva donde nos juntamos, nos besamos, nos acostamos, nos casamos, nos entendimos.

Quizás sea el momento de recuperar ese espíritu, quizás todas las fuerzas democráticas deberían volver a hablar sin insultarse, con voluntad de entenderse, empezando por el PSOE y el PP, que son las dos formaciones mayoritarias y con más responsabilidades de gobierno.

Y si hay que formar gobiernos socialpopulares o de concentración para evitar que el odio que propaga Vox acabe imponiéndose en España y en una mayoría de comunidades autónomas, pues habrá que rescatar del baúl de la historia el sentido común y el diálogo en legítima defensa.

¿Se puede empezar con Castilla-León y continuar con Andalucía?

La alternativa es la riña de Goya, con los garrotes golpeando la cabeza de los españoles.