Un debate con Don Quijote y Sancho Panza

En la derecha, el único que quería debate era Abascal. En la izquierda, Iglesias. Abascal le ha hablado, con éxito, a los Sancho Panzas. Iglesias, con preocupación, a los Quijotes. Los demás eran secundarios de una mala función. Pese a los trucos de buhonero de Rivera, que siempre tiene un conejo en su sombrero español que solo a él da sombra. O los silencios de Sánchez que atruenan en el infierno. O la barba de Casado que no todo lo oculta.

Sánchez hubiera dado el moreno de la mejilla izquierda por no hacer ni un debate. Sánchez lleva mucho tiempo mintiendo y solo se salva cuando Ferreras y la fracción más jabonosa del Grupo PRISA le cubre las mentiras. A veces ni con esas. La Sexta, en su sondeo, ha dado ganador a Pedro Sánchez. Que sería como dar ganador en un concurso de coraje a los italianos en la batalla de Guadalajara. A Ferreras ya no le importa hacer el ridículo. Ayer, en el otro debate, antes, por eso de la equidistancia, entrevistaron otra vez a Sánchez. Luego, para rematar, metieron de comentarista  a Manuela Carmena. Y hoy han invitado a Errejón de comentarista. En el PSOE ya nadie debate. Lo hace A Tres Media por ellos. ¿Por qué no montan un partido?

Sánchez ha estado patético cuando menos por tres cosas. Primero, porque no ha contestado a nadie. Y si vas a un debate, eso no se hace. Ante las preguntas, miraba a sus papeles o al horizonte y luego seguía con su monólogo. Si se monologa, no hay debate. Es un debate en plasma o en diferido o serrano. Pero no es un debate. Después, ha guardado silencio cuando Iglesias le ha preguntado si va a pactar un gobierno con el PP. Sánchez solo dice la verdad cuando le traiciona el inconsciente. Le pasó cuando dijo que molestar a los poderosos le quietaba el sueño. Y en el debate cuando se ha salido de su propio guión y ha gritado a Casado: ¡Si no gobierno porque no os habéis abstenido! Que es una suerte de «sí» igualmente en diferido. En tercer lugar, porque Pedro Sánchez ha culminado el giro del PSOE a la derecha. O, al menos, el giro de Pedro Sánchez. Quizá por eso Unidas Podemos gobierna con el PSOE en seis comunidades y es imposible gobernar en la Moncloa pese a los casi cuatro millones de votos. No por el PSOE, sino por Sánchez. El peor PSOE está de vuelta.

Sánchez ha ascendido a Nadia Calviño, que es la derecha en el equipo económico. Ha castigado así a Magdalena Valerio, Ministra de Trabajo, que había dicho que la mochila austriaca, incorporada por Calviño en la propuesta económica mandada a Bruselas, no la habían discutido en su departamento. Sánchez lo ha dejado claro: la Vicepresidenta será Calviño. Que podría perfectamente ser una Ministra del PP. Así que nada de revalorización de las pensiones al IPC, nada de derogar las reformas laborales, nada de aumentar el gasto social y nada de los presupuestos que el PSOE pactó con Unidas Podemos. Negras tormentas se avecinan.

Por si fuera poco, Sánchez se ha puesto a competir con Abascal a ver quién frenaba más la inmigración o quien amenaza más a Catalunya. Mal están las cosas en el Partido Socialista. Allá verán qué hacen los votantes y militantes. Que luego no digan que Pedro Sánchez les ha engañado.

Casado sabe que va a abstenerse para que gobierne Sánchez. Al tiempo, tiene que quitarse el sambenito de derechista furibundo que solo ha servido para hacer crecer a VOX. Así que ha pasado por el debate sin pena ni gloria. Como Rivera, que ha vuelto a sacar souvenirs y ha dicho, mostrando un trozo de adoquín, que es un adoquín de su tierra. Expoliando suelo catalán para llevarlo a un plató de televisión. Rufián no se lo va a perdonar en la vida. Rivera está desencajado y por eso no encaja en ningún lado. Le ha lanzado guiños al PSOE pero solo porque le va la vida en ello. Pero le puede el falangista que lleva dentro, vuelve a desencajarse, y deja a Abascal como una persona sosegada.

Abascal y VOX se han comido a un Casado que venía a disimular y a un Rivera que no sabe que siempre puede haber alguien más facha que tú. El blanqueo de la derecha a la extrema derecha es de nota. Casado y Rivera llaman a VOX «partido constitucionalista». Que hoy ha vuelto a decir que va a encarcelar a políticos e ilegalizar partidos o cargarse entero el Título VIII de la Constitución.

La extrema derecha española no se parece a la europea, más crítica con el neoliberalismo. VOX es una escisión del PP que carga las tintas en el tradicionalismo monárquico de los siglos XIX y XX. ¿Por qué el discurso de Abascal ha sido hoy más eficaz? Porque ha hablado a la España «Sancho Panza». A esa España acobardada, egoísta, poco empática, débil ante los fuertes y fuerte con los débiles, arrogante, despreciadora, ignorante, valiente solo en grupo, defensora del orden tradicional solo porque creen que algún beneficio les produce. Ha dicho Abascal que, prácticamente, ha robado durante cuatro años de un chiringuito que le montó Esperanza Aguirre a 80.000 euros por año. Pero que eso le ha servido para saber lo malas que son las Comunidades Autónomas y que las va a desmantelar. Como si un proxeneta se ofreciera de inspector de trabajo en un prostíbulo.

La extrema derecha en España, como el Don Guido de Antonio Machado, siempre ha tenido una enorme jeta. Son vividores que ven ventajas en habitar esos ropajes. Los vividores poblaron las filas de Falange igual que del fascismo y del nazimos. Y ahí está el matrimonio Espinosa de los Monteros-Monasterio, amigos de pasarse la ley por el forro para dedicarse al negocio inmobiliario, o el juez Serrano, máximo líder de VOX en Andalucía, que le debe 2.5 millones de euros a Hacienda. Pablo Iglesias ha puesto en su sitio a Abascal, quien ni con el pecho al aire, ha tenido fuelle para contestarle. Porque en las filas de Unidas Podemos van víctimas del terrorismo, como Rosa Lluch, que no va pavoneándose como Abascal de lo mal que lo ha pasado y porque VOX es un ejemplo claro de cómo a la derecha no le interesan todas las víctimas.

Frente a la España de los fachas Sancho Panzas, hay, le ha recordado Iglesias, una España digna que quiere acabar con el fraude fiscal, aumentar el gasto social, atender a los dependientes en cualquier rincón del país, no olvidar a los militares mayores de 45 años, hacer gratuitas las escuelas infantiles y la universidad y exigir a los bancos que devuelvan el dinero. Y esa España no le tiene miedo a la plurinacionalidad porque tiene una fe en una España democratica que nunca ha tenido la derecha.

En este debate, otra vez, se ha visto que Pablo Iglesias se los come a todos. Es normal que Sánchez no quiera que esté en el mismo consejo de Ministros. Porque mientras los demás seguían con sus cuitas catalanas y cuatro lugares comunes sobre Franco,  Pablo Iglesias le ha regalado su voz a los dependientes, a los universitarios, a los pensionistas, a los exiliados económicos que no pueden votar porque el voto rogado no les deja, a los animales maltratados y a esos abuelos que vuelven a tener miedo porque no tienen seguridad económica.

Para cerrar, le ha regalado su minuto de oro a una joven que -y ya van dos generaciones de precarios en España-, vive en la incertidumbre laboral y social y no sabe qué va a ser de su vida. Dos generaciones de gente que nunca ha podido irse de casa pronto, hacer una familia, planificar un proyecto de vida sin miedo o tener certezas en los estudios o el trabajo. La España de este debate es una España a la que el PSOE y el PP ha llenado de interinos. Pablo Iglesias ha dejado en ridículo al Sánchez que quiere gobernar en solitario aunque no le den los votos, recordándole que vivimos en un sistema parlamentario. Sin embargo, no se ha cebado con él. Incluso ha salido en su apoyo cuando la derecha le ha acorralado por su inconsistencia. Cuando todos hablaban en el bloque de cohesión territorial solo de Catalunya, les ha recordado que también existe la España vaciada, las islas canarias y baleares, los territorios sin cobertura sanitaria, educativa o tecnológica, a los pequeños agricultores y a los autónomos.

El debate ha tenido menos sorpresas que el desfile militar del 12 de octubre. No creo que ese formato tan encorsetado funcione. Y es una verguenza que solo haya un debate. Aunque visto el papelón que han hecho el PSOE, el PP y Ciudadanos, tampoco debe extrañarnos tanto. Les sacas de Catalunya y naufragan como marineros de agua dulce. Hay otra España esperando. La que cada vez que despierta quieren volver a callar como sea.