Las carga el diablo

Merkel quiere volver a acariciar a Rajoy

Merkel y RajoyMerkel no sabe aún a quién felicitar, Aznar reaparece en carne mortal con cara de pocos amigos, Susana Díaz saca pecho, Fernández Vara marca líneas rojas, García- Page también, Artur Mas parece feliz con este río revuelto, Luena se trastabilla prometiendo "votaremos no a Rajoy, votaremos no al PP..." ¡Qué digestión más pesada, por favor!

Con el aliento en la nuca de muchos de "los suyos", y sin que hubieran transcurrido ni veinticuatro horas de la derrota, los perdedores Sánchez y Rajoy anuncian que volverán a presentar sus candidaturas para continuar liderando sus respectivos partidos; el perdedor Rivera no acaba de asumir que sus resultados no le sirven ni para tonto útil, al perdedor Garzón ni está ni se le espera y el perdedor Iglesias cierra puertas antes de empezar a hablar con nadie. Cuarenta y ocho horas ya, y la pesada digestión continúa. Solo falta Esperanza Aguirre soltando alguna de sus insolencias habituales.

Los titulares de los periódicos evidencian su desorientación, los columnistas aplican plantillas de análisis trasnochadas. Se habla de pactos en la misma clave de siempre, como si el domingo no hubiera pasado nada. Se hacen cálculos, se elucubra, se realizan prospecciones sin tener en cuenta que ya nada es como era. Que hayan perdido todos es el mejor síntoma de que han ganado los ciudadanos. Pero la casta periodística, mucha de ella acostumbrada a alquilarse al mejor postor durante décadas, continúa utilizando el lenguaje de siempre, las muletillas de siempre, las mismas gafas de culo de vaso de siempre para analizar un panorama que ya es otra cosa. Nada que ver con lo que ha venido pasando tras las elecciones generales de los últimos treinta y ocho años.

No hay nada que celebrar y sí bastante de lo que hablar. Hay que hablar de Catalunya y mucho, entender el mensaje de una ciudadanía que certifica con sus votos una realidad plurinacional para la que hay que encontrar con urgencia la mejor de las soluciones; hay que hablar de cómo blindar los derechos sociales para que desaparezcan los recortes, los desahucios y los abusos medioambientales; hay que ponerse de acuerdo para acabar para siempre con las puertas giratorias, con las intromisiones en el poder judicial, en la fiscalía general del Estado, en Televisión Española... Hay que sacudirse la dependencia de la troika, el chantaje de los mercados, las presiones de esos poderes acostumbrados a llevar siempre la batuta...

Los políticos que votamos el domingo tienen que ganarse el sueldo desde ya reuniéndose, hablando, resolviendo, acordando... La aritmética no puede funcionar como coartada para justificar desencuentros, sino que ha de ser una oportunidad para demostrar imaginación y ganas de buscar soluciones ¡Qué menos se puede pedir a quienes se han postulado para gestionar nuestros intereses durante los próximos cuatro años!

Nuestros intereses, no los de los grupos de presión ni los de las bolsas, que este lunes no perdieron ni un minuto en desmoronarse como primer aviso para que nos entre el canguelo. Ya han sacado a pasear hasta el fantasma de la subida de la prima de riesgo. Se van a dejar la piel en presiones, amenazas, extorsiones... Ya que esta vez no han conseguido que votemos con miedo, habrá que acojonar a quienes hemos elegido para que ni se les ocurra intentar cambiar desde dentro las reglas del juego. Reglas como la de esos cheques en blanco al portador en que acaba convirtiéndose la titularidad de un escaño, o la inexistencia de rendición cuentas hasta que no termina la legislatura. Ya es hora de introducir mecanismos de corrección ciudadana que liquiden la distancia sideral existente entre los ciudadanos y sus representantes políticos.

Resuenan los tambores de guerra, las amenazas con el llanto y crujir de dientes, proliferan los voceros de la catástrofe y los promotores de la gran coalición PP-PSOE: editoriales de periódicos, columnistas paniaguados, presidente de la patronal... y Berlín. Dando la vara a coro desde el minuto uno. Merkel quiere tener cuanto antes a quien felicitar. Y sabemos muy bien quién quiere que sea. Para volver a acariciarle la mejilla y consolarle del disgusto que se ha llevado el pobre perdiendo sesenta y tres diputados. ¡Qué mal nos está sentando la digestión a todos! ¡Feliz navidad!