Opinion · Las carga el diablo

El silencio de los obispos

Tras la firma del preacuerdo entre Podemos y el Partido Socialista “para conformar un Gobierno progresista de coalición”, todos los cabreos que vemos aireados desde el martes en redes, televisión y demás medios de guardar eran previsibles. Y si me apuráis, hasta adivinables en los términos en que van produciéndose así que, desde este punto de vista, no parece que exista nada nuevo bajo el sol. Faltan los obispos, que aún no han dicho esta boca es mía. Si no ladraran quienes ya lo están haciendo a pleno pulmón es cuando habría que preocuparse, porque significaría que no se cabalga.

A tenor de los espumarajos que sueltan por la boca personajes como Rodríguez Ibarra, Leguina o Felipe González, algo importante está empezando a pasar. No hay que descartar que haya sido el miedo de Sánchez a las veleidades golpistas de sus propios correligionarios lo que propiciara la celeridad con la que se fraguó el contenido de los dos folios del preacuerdo. Que Pedro y Pablo se hayan prometido lealtad y respeto hasta que la muerte política los separe es algo muy difícil de digerir para los patriarcas de la familia socialista y para los tradicionales jerarcas de este país, acostumbrados como han estado siempre a decidir quién se casa con quién, en qué momento y con qué dote.

A pesar de las crisis gordas vividas durante el noviazgo, son muchas los desafíos en que la pareja Sánchez-Iglesias parece haberse puesto de acuerdo, como apostar por la justicia social, garantizar la convivencia, acabar con el frentismo de este país o terminar con la delincuencia fiscal. El escollo más peliagudo, como siempre desde hace tanto tiempo en España, continuará siendo la Iglesia, que sigue manteniendo prebendas y privilegios impropios de un país cuya sociedad es abierta y moderna. Mucho están tardando los obispos en piar y no sé por qué me temo que cuando lo hagan -el lunes 18 tienen convocada una Asamblea Plenaria- no va a ser para nada bueno. De momento ya han enseñado la patita apenas la ministra de Educación en funciones ha cuestionado el actual estatus de los centros educativos concertados. «Espero que sea un lapsus», ha dicho el portavoz de la Conferencia Episcopal.

Si, con sus conspiraciones, la Iglesia puede desestabilizar el acuerdo lo hará; sus movimientos de ajedrez serán más peligrosos que los de todos los miembros del Ibex 35 juntos. Que la bolsa baje o suba apenas afecta al ciudadano medio, al fin y al cabo solo el once por ciento de la población tienen algún dinero invertido en acciones, pero los tentáculos de las sotanas, a día de hoy, aún continúan llegando hasta el último rincón del país.

Inquietante cóctel el de las sotanas cabreadas y la ultraderecha en plena ebullición. Ahí está el verdadero peligro, no en los militares, los banqueros ni los empresarios, sectores cuya proyección internacional les pone difícil apostar por desvaríos decimonónicos sin hacer el ridículo en foros e instituciones europeas. El follón lo van a montar los curas y los fachas, aunque ojalá me equivoque. Costará hacerles entender, si el acuerdo Psoe-Podemos llega a buen puerto, que el mal rollo en blanco y negro no va tener sitio en la nueva España por construir, y que ya va siendo hora de poner al día aulas y púlpitos, tal como ordena la Constitución.