Opinion · La verdad es siempre revolucionaria

Javier Ardines reclama justicia

A Javier Ardines lo asesinaron el 16 de agosto en Llanes, Asturias patria querida. Le interceptaron en el camino de madrugada cuando iba a buscar su barca para pescar y lo golpearon y lo estrangularon, dejando el cadáver abandonado en el mismo lugar. Javier Ardines era concejal del municipio por Izquierda Unida.

Javier Ardines era un hombre alto y fuerte, curtido en el duro trabajo manual y no se rindió.  Se encontró el cadáver 70 metros más abajo de donde se produjo la agresión y en las manos tenía heridas defensivas. Murió luchando bravamente, como había vivido. Se supone que fueron varios sus atacantes.

Homenaje en Yanes por el concejal de IU Javier Ardines
Homenaje en Yanes por el concejal de IU Javier Ardines

Cuando ya se ha cumplido más de un mes desde ese inextricable e intolerable suceso un extraño silencio se cierne sobre el crimen. El pueblo está callado, los camaradas de Izquierda Unida del pueblo y de Asturias y de España atónitos parecen no reaccionar, la policía no informa, la justicia sigue su lento e ineficaz paso. El Ayuntamiento se ha limitado a declarar el luto. A Javier Ardines se le ha enterrado sin duelo.

Esta es la insólita reacción de una ciudadanía que está considerada, y de eso presume, de ser de las más concienciadas política y socialmente de España, ante el asesinato del más honrado de sus representantes.

La biografía de Ardines corresponde a la de los militantes que en los heroicos tiempos de la lucha antifascista invirtieron todas sus fuerzas, su talento, su tiempo, su libertad y hasta su vida en la lucha por cambiar las injustas condiciones de explotación, de depredación y de corrupción que impone el capitalismo.

Pescador de profesión, que siguió ejerciendo hasta la noche de su asesinato, accedió por votación popular a la concejalía de su Ayuntamiento y no percibía emolumentos por ello. Ni siquiera dietas o gastos de desplazamiento. Le añaden a sus cualidades la integridad y que defendía sus ideas hasta las últimas consecuencias. Tanto como para no ser el padrino el día de la boda de su hija por no pisar una iglesia.

En un triste momento de desprestigio de la política y de los cargos públicos, cuando se difunden por las redes sociales, tan populistas y paranoicas, toda clase de protestas y críticas contra los políticos profesionales, pidiendo que se les rebajen los sueldos o incluso que les echen de sus escaños, Ardines no costaba nada al Ayuntamiento de su pueblo. Y trabajaba esforzadamente por sanear el pantano de corrupción en que parece sumido Llanes. Pero ahora esas mismas redes, que siguen vertiendo baba purulenta por sus canales, no invierten una hora en elogiar a Ardines y exigir la resolución de su caso.

El estruendoso silencio de Izquierda Unida que se limita a guardar un minuto de silencio ritual en sus Asambleas, el de los militantes de la organización en Llanes, y en toda Asturias, que piden prudencia y contención a los que preguntan por el ominoso suceso, el de la policía que no ha dado ni una rueda de prensa para comunicarnos los datos que tenga del caso, el de la fiscalía, el de la judicatura, el de los medios de comunicación. Y el de los ciudadanos y el de los militantes de izquierda. De todas las izquierdas. Porque Ardines somos todos nosotros. Por nosotros suenan las campanas ahora.

¿Qué sucede en Llanes? El alcalde afirma, con el lamento de la impotencia, “el caciquismo y el feudalismo estaban instaurados en la sociedad a base de una red clientelar muy soez» después de 28 años de gobierno del PSOE. El equipo de Gobierno habla de trabajadores puestos a dedo, de casos como el hotel Kaype, que fue demolido en parte en mayo de 2017 después de que la justicia considerara ilegales las licencias de ampliación que le había concedido el Ayuntamiento socialista. Los propietarios del hotel piden ahora al Consistorio una indemnización de 17,9 millones de euros que los llevaría a la «pseudoquiebra». O el de los dos ex concejales socialistas condenados en abril a siete años de inhabilitación por irregularidades  en la adjudicación de unas obras en el campo municipal de golf. Una de las primeras medidas que tomó el nuevo gobierno, explica Riestra, el alcalde, fue echar por tierra un plan urbanístico que pretendía edificar la costa.

Los empleados del Ayuntamiento impuestos a dedo por el anterior consistorio  practicaban el sabotaje encubierto contra el actual equipo. Cuatro de cada cinco estaban enfermos cada semana.

Y en todas las denuncias de corrupción y depredación del medio ambiente estaba Ardines.

¿Qué sucede en Llanes?¿Pertenece todavía a Asturias? ¿Asturias es hoy la misma comunidad que fue la perla de la resistencia antifranquista y anticapitalista? Nuestra patria querida cantada por los cantautores y resistentes en el mundo entero. Aquella que no dudaba en sumarse a todas las convocatorias de huelga, a todas las  manifestaciones. Aquella que se hizo luz y faro de las luchas mineras, de la solidaridad ciudadana. Aquella patria que urdió y desencadenó la Revolución en 1934. Aquella que podía movilizar a sus trabajadores y a sus mujeres en plena dictadura franquista para salir a la calle y no dar ni un paso atrás, a pesar de las detenciones, las torturas, los rapados de pelo y las violaciones a las militantes.

Aquella mítica sociedad trabajadora, dura, resistente como el acero que se forja en sus trenes de laminado; oscura y profunda como sus minas, luminosa y valiente como sus pescadores. Que en los años sesenta del siglo pasado miraba con desdén la acomodaticia sociedad que en otras partes de España había perdido el espíritu guerrero de la posguerra y antes suspiraba por comprar un 600 que por unirse a la huelga general.

¿Cómo es posible que los vecinos de Llanes no se convoquen cada semana para reclamar la verdad del asesinato de Ardines como hicieron las Madres de la Plaza de Mayo, como hacemos las mujeres contra la violencia machista en todas las ciudades españolas? ¿Cómo es posible que la familia, los amigos, los camaradas, las personas decentes, no clamen en manifestaciones, asambleas, convocatorias, contra un crimen que tiene el ropaje y el decorado de los típicamente mafiosos?

¿Es que en España, a partir de ahora, veremos colgados de los puentes, estrangulados, apaleados, tiroteados, a los concejales honrados, como sucede en Sicilia o en México? Y lo que es aún peor, ¿no diremos nada? ¿No clamaremos contra los poderes que han organizado el crimen, contra los sicarios que lo han perpetrado, contra una justicia que debería dimitir de vergüenza de no cumplir con su deber de esclarecer el crimen, contra una policía que parece cada vez más sumisa a los poderes de la Cosa Nostra, contra unos políticos mudos, no sé incluso si divertidos, de ver como aquel molesto adversario que les denunciaba ha sido definitivamente enmudecido?

¿Dónde están los militantes revolucionarios, dónde los escritores y periodistas que en tantas partes del mundo se juegan la vida por denunciar los excesos del poder, donde las mujeres que valientemente se manifiestan contra los crímenes machistas y no levantan una ceja ante la infame ejecución de un hombre honrado?

¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
¿Callaremos ahora para llorar después?

¿O lloramos ahora para callar después?

El espectro de Ardines, como el de Banquo, se presenta en las calles de Llanes, en la comisaría de policía, en los despachos del juzgado, en los plenos del Ayuntamiento, en los bancos de la Asamblea de Asturias, en las reuniones de Izquierda Unida,  pidiendo justicia.