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Cambiemos de futuro

En los próximos años la principal tarea del Gobierno de cualquier comunidad nacional bien dirigida será garantizar que aquellos de sus miembros que son víctimas de transformaciones económicas sobre las que el Gobierno sólo puede ejercer un control limitado vivan decentemente, incluso (especialmente) si esas personas ya no tienen la expectativa de un empleo fijo, remunerado y productivo; que el resto de la comunidad se dé cuenta de que es su deber compartir esa carga, y que el crecimiento económico necesario para sostener esta responsabilidad no se vea inhibido por los fines a los que se aplica".

Este es el gran reto de la política que, ya en 1997, identificó Tony  Judt en el ensayo La cuestión social rediviva (Sobre el olvidado siglo XX, Taurus, 2008), y es el gran desafío para los aspirantes a suceder a José Luis Rodríguez Zapatero en el liderazgo del PSOE.

La determinación del presidente de gobernar "hasta el último día" de la legislatura debe ayudar a aligerar cuanto sea posible la pesada mochila con la que carga antes de traspasarla a su sucesor. Pero eso no bastará porque ninguno de los que aspiran a tomar el testigo es un recién llegado. Zapatero se ha convertido en el costalero de la crisis que ha llevado al PSOE a unas pésimas expectativas electorales, pero el vía crucis proseguirá después de él y él era el único que podía pedir disculpas por los errores cometidos y explicar el porqué de las cosas con una expectativa de perdón ciudadano y redención electoral.

De vuelta a la pizarra

La elección que se planteará en las primarias del PSOE no debiera ser, en consecuencia, entre personas sino entre proyectos. Judt anticipaba algunas de las coordenadas: "[La izquierda] debe volver a la pizarra y hacerse estas preguntas: ¿qué tipo de mejora social es tan deseable como concebible en la presente configuración internacional? ¿Qué tipo de políticas económicamente informadas se requieren para alcanzar ese objetivo? ¿Y qué argumentos serán lo suficientemente convincentes para que la gente vote a fin de que se apliquen esas políticas?" (op. cit.).

Las respuestas a estas preguntas deberían ser las que determinen el sentido del voto de los militantes del PSOE si quieren actuar como un buen predictor electoral.

A Alfredo Pérez Rubalcaba y a Carme Chacón, las dos opciones por las que en estos momentos pasa la sucesión, se les ha querido descalificar por su edad. Tan injusto es hacerlo con el vicepresidente primero, por mayor, como con la ministra de Defensa, por joven. Si el candidato fuera Rubalcaba, y ganase las elecciones de 2012, llegaría a la Presidencia del Gobierno con 60 años, sólo algo más de tres que Mariano Rajoy, que para entonces habrá cumplido 57, dos más de los que tenía cuando accedió al cargo Leopoldo Calvo-Sotelo, el presidente de más edad que hasta ahora ha conocido la democracia española. Chacón llegaría con 41, un año más que Felipe González, dos menos que Zapatero y tres menos que Adolfo Suárez.

Rubalcaba y Rajoy tienen, en cierta medida, trayectorias políticas similares. Los dos han sido ministros de la Presidencia, de Educación y del Interior, vicepresidentes primeros y portavoces del Gobierno, y han ocupado lugares preeminentes en sus partidos, tanto en el poder como en la oposición. Si hay una diferencia curricular, además de su ideología y formación de origen –registrador de la propiedad el conservador y químico el socialista–, es que Rajoy ha sido también secretario general del PP y coordinador de sus campañas electorales, mientras que en el ámbito orgánico Rubalcaba siempre ha preferido los fogones de la cocina al puente de mando.

Chacón, por su parte, aventaja notablemente en su formación académica y en su conocimiento de la gestión pública a las que tenían Suárez, González o Zapatero cuando llegaron al poder. Profesora de Derecho Constitucional, su trayectoria abarca el ámbito municipal –teniente de alcalde de Esplugues de Llobregat–, orgánico –miembro de las ejecutivas del PSC y del PSOE–,
electoral –cabeza de lista por Barcelona en 2008–, institucional –vicepresidenta primera del Congreso– y gubernamental –dos veces ministra, con una cartera social y otra "de Estado"–. Pero uno de los rasgos más desconocidos y relevantes de su ejecutoria es que, con 28 años, fue concejal de Servicios Económicos, Recursos Humanos y Seguridad Ciudadana de una de las principales poblaciones del cinturón industrial de Barcelona.

Poder y generaciones

Superadas con creces las excepcionalidades que trajo consigo la Transición democrática, la edad no es ni puede ser un bien político por sí misma –la esperanza media de vida para los varones españoles se sitúa en 81 años, con un incremento de 2,4 respecto de 1981–. Pero también es cierto que, como dijo Felipe González, "el poder se ejerce generacionalmente".

Para la generación de Rubalcaba, la que les brinda la renuncia de Zapatero es la última posibilidad que van a tener los felipistas de recuperar el poder, del que se vieron desalojados en 1996. Volver a ganar las elecciones sería para ellos una suerte de absolución y recompensa diferida en el tiempo, un reconocimiento tardío de su quehacer y valía, pero reconocimiento.

También puede ser la última oportunidad para la generación siguiente a la de Zapatero –Chacón tiene diez años menos–, que participó de manera activa y destacada en el ensayo de la Nueva Vía del socialismo español. Si no compite ahora por la vara de mando, puede producirse un salto generacional a la quinta del biberón, la de los Eduardo Madina, Leire Pajín, Pilar Alegría, Bibiana Aído... que hace ya tiempo echaron los dientes.

En cualquier caso, si la competición democrática que se plantea en las primarias es para recomponer la hegemonía social y no por los despojos del naufragio, los socialistas deberían considerar seriamente recuperar para 2012 un eslogan de sus compañeros franceses: "Cambiemos de futuro".