Luna Miguel

24 hours Tea Party People

24 hours Tea Party People

Me gusta el fútbol. Cuando yo tenía cuatro años mi padre me llevó a ver un partido de decimosegunda división. Me compró un bocadillo de panceta y me llevó a las gradas. A los veinte minutos del comienzo la panceta estaba en el suelo y Luna dormida. De pequeña estaba enamorada de Guardiola. Cuando tenía ocho años me compraron una camiseta azulgrana. Hoy tengo diecinueve (años, no camisetas) y escribo sobre el Mundial.

Este Mundial no me gusta. Me da rabia el hipócrita espíritu solidariopatético que publicidad, prensa e instituciones están promoviendo para que luego nos oculten la violencia, los robos, todo lo malo que también pasa Sudáfrica. La invasión del dinero en un entorno de pobreza. Más de lo mismo. Lo que ocurre es que para nosotros ser forasteros significa ser bienvenidos. Vamos, les damos Coca Cola, les damos camisetas de Torres y nos volvemos a nuestras casas como si nada. Qué más da. Asistimos a la nueva colonización. Nike y Reebok, tierra a la vista. Manda pelotas.

Más hipocresía. Porque si eres forastero y no tienes dinero o no portas Converse te largarán a patadas como ocurre en Arizona. "Retroceder en el tiempo", leo. Donde el movimiento Tea Party promueve la xenofobia manifestándose a favor de la caza de sin papeles, de tratarles como criminales, de encerrar a todo el que, según ellos sólo va a su país a quitarles el sofá, la manta y la tele. ¡Qué peligro corren los vagos de Phoenix! Pero no pasa nada, ya se le ocurrirá algo al Sheriff y formará un equipo de fútbol con los sin papeles para llevarlos al Mundial y que su país gane algún partido. Ay... Me gusta tanto el fútbol.