Luna Miguel

Un año después

¿Dónde están los Ni-Ni un año después de su popularización? Yo lo sé. Yo los conozco muy bien. Los Ni-Ni eran jóvenes furiosos, indignados, creativos, fantásticos, listos, capaces de todo, razonables, razonadores, libres, muy libres. Los Ni-Ni eran jóvenes disfrazados de estupidez para los medios: esos mismos jóvenes que luego, un año después, decía, fueron de los primeros en salir a la calle un 15-M y un 19-J para gritar, reclamar y saber hacer la revolución, incluso si la revolución, para muchos de ellos no significaba cambiarlo todo de golpe o precipitarse, pero sí esperar, de manera organizada: acercarse al sueño poco a poco, trabajando, explicando con eslóganes y panfletos qué es lo que ellos creen que está mal, lo que todos sabemos que está mal y cómo llegar a solucionarlo.

Es posible que alguien, listo y cabroncete, nos diga que los Ni-Ni siguen aquí. Que estaban en la Plaza de Sol, en los últimos días, jugando al fútbol con los pies negros, bebiendo calimocho y tocando timbales o negándose a negociar el posible fin de la acampada, para quedarse unos días más allí, en el Centro del Universo, sólo de fiesta. Es posible, sí, que la ignorancia salve a los inútiles, que quienes nunca se interesaron por el movimiento y prefirieron mirar de lejos se levanten y digan: jóvenes, qué asco dais... Pero en ese momento la estupidez se hará con ellos, porque las calles están listas para una revolución poderosa que no entiende de ni clichés ni de prejuicios sino de acciones, palabras y ganas de avanzar. Dónde estábamos el año pasado. Dónde estaremos el próximo. No lo sé. Pero hagámoslo bien, así, con el Ahora.