Fuego amigo

Debate sobre el estado de la emoción

 

Debo confesaros que es mi peor día del año. El día aciago del debate sobre el estado de la Nación. Por la mañana, solo pensar en la jornada que me espera, pegado al televisor por razones profesionales, rodeado de cafés para no dormirme, de fragante y fresquito ribeiro para soportarlo, arriesgando así mi inestable salud, se me pone cara de úlcera de duodeno.

 

En los periódicos no se ha instaurado todavía una prima de riesgo para los periodistas por tener que soportar cómo el jefe de la oposición va desgranando el anuncio detallado del fin del mundo. Acojona, oyes. Se te va poniendo poco a poco un humor de perros, como un dolor sordo inconcreto, según Mariano va lanzando sus oráculos sombríos sobre el futuro.

 

Para abundar más en la escenificación, quienes hayan visto ayer la primera parte del debate por Televisión Española contaban con un dato añadido de sumo interés: en una ventanita, abajo a la derecha, una señorita enlutada iba traduciendo al lenguaje de los sordomudos el discurso de cada compareciente. Como la lengua de señas es una combinación de signos precisos, acompañados de un lenguaje corporal que reproduce emociones y actitudes, los "hablantes" de ese lenguaje parecen actores que van representando, más que describiendo, un discurso. Lo vivía tan bien, con tanto realismo, tan profesional ella, que con solo verla te dabas cuenta de que Mariano estaba relatando los últimos días de la existencia de la nación española.

 

Cada vez que el profeta del Apocalipsis pronunciaba las palabras clave de su discurso: calamidad, calvario, agonía, grotesco, desconfianza, ineficacia, gobierno a la deriva, agobio, tragedia, paro, deuda, debacle... daban ganas de ir corriendo a llevarle una tila a la señorita que se contorneaba y se echaba las manos a la cabeza, casi lloriqueando, de cómo se le acumulaban a la pobre las desgracias que debía transmitir. Otras veces, se me antojaba que estaba jugando al Pictionary con nosotros, gesticulando desesperadamente porque no entendíamos que esa escenificación con los dedos, como de estar a dos velas, quería decir que España está en bancarrota, so bobo, que no vuelvo a jugar contigo nunca más como no pongas más atención.

 

No hay derecho. Casi rozó el infarto, porque ella se lo creía, porque desconocía que toda aquella representación era mentira, que se trataba de la misma obra de ficción que vienen representando con éxito de banca y público Rajoy y Zapatero a lo largo del año: que la salvación de España, la purga de Benito (en este caso Mussolini), pasa por un adelanto de las elecciones.

 

La de esa señorita sí es una profesión de riesgo, y no la mía. Yo, al menos, para soportarlo me receté varias dosis de ribeiro fresquito con las que poder enfrentarme a la posibilidad lejana de que la alternativa a Zapatero es Mariano Rajoy. Y funcionó. Ya soy otro hombre, con la bodega hecha unos zorros, pero un hombre nuevo.

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Meditación para hoy:

 

El resto del debate, nada nuevo bajo el sol, está en todos los medios de comunicación. Que cada uno coja su hilo. Es el que hemos escuchado, sin cambiar una sola coma, a lo largo del año. El mismo discurso de Zapatero, y los mismos reproches de todos los grupos parlamentarios.

 

Solo me queda una duda que quizá pronto se despeje: si las presiones de los grupos que hasta ahora mantuvieron su apoyo al PSOE van a forzar el adelanto electoral para el otoño. Tengo la impresión de que Zapatero está deseando que le hagan el gran servicio de una eutanasia asistida.