Opinion · Memento

Francesc Miró: “Cualquier profesión en torno al periodismo parece estar siempre en riesgo de desaparecer y la crítica no es excepción”

Todos y todas tenemos una opinión sobre la cultura que consumimos, pero con la llegada de internet y, sobre todo, de las redes sociales, necesitamos que ésta sea pública y que sea sobre el producto de actualidad más comentado por los usuarios. Antes nos gustaba o no una película o una serie; ahora o la amas o la odias. Has de elegir un bando y defenderla a capa y a espada contra los “ignorantes” del otro lado. La opinión se ha convertido también en un bien de consumo y uno de los temas más recurrentes en las conversaciones actuales, físicas o virtuales.

Pero también sigue siendo la profesión de algunas personas, los y las críticas de cine. Personas que también generan amor u odio y a las cuales nos agarramos a veces para respaldar nuestros gustos o usamos de sparring cuando no compartimos la reflexión de sus artículos. Otro trabajo periodístico que parece en peligro de extinción, pero que sigue teniendo adeptos que necesitan visiones profesionales sobre los productos culturales que han visto o leído. También ayudan a decidir en qué película o serie vale la pena invertir el tiempo libre para el ocio.

Francesc Miró, nacido en la localidad valenciana de Oliva y afincado en Madrid, trabaja de periodista cultural en eldiario.es. Anteriormente, ha colaborado para otros medios culturales y editado sus críticas en blogs propios. También es el autor del libro de la editorial Héroes de Papel Réquiem por un vaquero espacial: El universo de Cowboy Bebop, sobre esta serie de anime japonés.

Con él compartí carrera, el gusto por el cine y, por qué no decirlo, unas cuantas cervezas. Y ahora que lleva varios años ejerciendo de crítico, me ha parecido el momento de compartir también reflexiones sobre esta labor que levanta pasiones. Para bien y para mal. Amor y odio a partes iguales, algo muy común en este siglo apasionante.

Francesc Miró. Foto: Jose A. Luna
Francesc Miró. Foto: Jose A. Luna

Escribes sobre cine para eldiario.es, además de haber colaborado para otros medios, haber tenido un blog propio y acabas de publicar tu primer libro sobre la serie de anime Cowboy Bebop (Héroes de papel). ¿Cómo prefieres definirte, periodista cultural o crítico? ¿Por qué crees que la segunda definición ha adquirido connotaciones negativas?
Yo me siento más identificado con el primer apelativo: periodista cultural. Creo que se ajusta más a lo que actualmente hago, pues escribo muchas cosas además de críticas. Me refiero a que en una redacción haces cosas que te acercan de forma natural a la información o a la divulgación. Hay que informar de un estreno, de una exposición o entrevistar al autor de un libro. Uno que te puede haber horrorizado, pero como tu opinión sobre la obra no es lo que se te requiere, haces tu trabajo lo mejor que sabes. Eso no significa que no me apasione la crítica cultural, pero la difusión y la información también son muy importantes. Y ahora, de hecho, son mi trabajo.
En cuanto a la segunda: creo que hay muchos factores que pueden haber influido en la visión que hoy se tiene del crítico. Internet lo ha cambiado todo. Pero lo curioso es que creo que el crítico sigue vigente, sigue siendo relevante y sigue dando que hablar ya fuere a través de YouTube o en formato podcast. Pero de cara al debate público, también prima la imagen caricaturizable, como Anton Ego en Ratatouille.

Actualmente, donde podemos sentirnos críticos gastronómicos en páginas como Tripadvisor u opinamos sobre cine y series en Filmaffinity, además de las numerosas posibilidades donde verter nuestros pensamientos sobre cualquier tema, ¿sigue teniendo cabida la figura del crítico en la prensa actual o corre el riesgo de desaparecer?
Cualquier profesión en torno al periodismo parece estar siempre en riesgo de desaparecer y la crítica no es ninguna excepción. Es cierto que, como comentas, la opinión se ha democratizado en Internet y cualquier usuario tiene en su poder ejercerla e influir con ella. Pero creo que, más que de crítico, se ejerce de prescriptor.
Me refiero a que un breve comentario en Tripadvisor, en BlaBlaCar o una nota en Filmaffinity lo que te comunican, en el fondo, es si el producto es un sí o un no. Si vale la pena el restaurante, si mola viajar con ese conductor o si esa película merece las dos horas de tu vida que dura.
Sin embargo, creo que hay sitio para la crítica por eso mismo: si quieres saber exactamente a qué sabe, si estaba bien cocinado a pesar de lo que tardaron, los matices que tenía el menú, los contrastes entre el primer y el segundo plato… vas a tener que buscar otro tipo de opinión más fundada o meditada. Con las películas creo que pasa lo mismo: el crítico sigue teniendo un lugar porque más allá de saber si debes verla o no, habrá una parte de los lectores y lectoras que quieran saber más, que quieran extraer una lectura de esta, que quieran saber algo sobre su discurso o sobre sus significantes y significados.

Suele ser una figura propensa a sufrir la ira muchos lectores que buscan reafirmar sus ideas y, muchas veces, no toleran que hablen mal de una película o serie que adoran. Se ha visto cómo Carlos Boyero, por ejemplo, es Trending Topic a menudo por sus artículos. Sin tener tal repercusión, ¿has notado esa animadversión a través de las redes o comentarios en tus artículos?
Carlos Boyero no hay más que uno y puede que a los críticos nos venga hasta bien tener a un cabeza de turco. Mientras le tiran a él, el resto hace lo que buenamente puede. Pero bueno, dejemos a Boyero en paz que bastante tiene.
Pero sí, lo he notado en cometarios y redes. ¡Bien lo sabrás tú por tu trabajo! A todos nos toca enfrentarnos a quien no está de acuerdo con lo que escribimos. Y no es malo en determinada medida, porque a veces te hace pensar en argumentos en los que has fallado o debes mejorar. Lo que ocurre es que cuando estas opiniones vienen cargadas de inquina o mala baba, cuando atacan a lo personal y se acercan al bullying, pues afecta. Afecta a lo más íntimo y tienes que trabajar una protección emocional que cuesta mucho construir y muy poco derribar.

También suele verse como una profesión que “puede hacer cualquiera”. Como dije antes, muchas personas escriben sus críticas en muchas páginas. ¿Qué diferencias existen entre el crítico aficionado y el profesional? ¿Qué hace distintas a tus críticas?
Las personas no sabríamos qué hacer sin opinión. Se usa para posicionarse y para definirse en sociedad. Es normal. Una lectura superficial que he hecho en muchas ocasiones sobre este tema es que lo que diferencia a la crítica amateur de la profesional es el conocimiento, el background y el saber hacer y comunicar. Tiendo a pensar que el aficionado al cine habla de las actuaciones, de la fotografía, del montaje… y entiendo que es necesario, pero este tipo de lecturas a veces me parecen superficiales. Mientras que la imagen del crítico profesional que tengo, por decirlo de algún modo, tiene la habilidad para construir discursos y alimentar debates en torno al cine y la sociedad en la que se hace. Aunque igual estoy equivocado. Seguramente lo estoy, porque hay grandísimos blogs y críticos aficionados que saben muchísimo más que yo de muchos temas.
Pero mira, puede que sea simplemente eso. Puede que lo único que diferencia a unos de otros es que unos viven de eso, es su profesión. Y para otros es una mera afición. Y son cosas distintas, a las que dedicas distintos esfuerzos y distintos tiempos.
Esto viene un poco a cuento de lo que comentábamos antes sobre la visión del crítico. Hay algo que sí que me molesta cuando me lo dicen a mí o otros críticos o críticas: la acusación de falta de profesionalidad. Cuando algún comentario te dice que “es que no tienes ni idea”, o “es que no habrás visto esta peli o esta otra”.
Yo he decidido que escribir sobre cine sea una parte esencial de mi vida. Y me lo tomo muy en serio porque pretendo vivir de esto. Y tú no. Y puede que mi opinión no la consideres válida, pero no pongas en duda el trabajo que conlleva construirla porque es tanto como decir que no sirvo para esto. Pero bueno, también hay que aprender a lidiar con eso. Desde la barra de un bar es normal escuchar a muchos decir que tal o cual deportista es un o una inútil o no sirve para nada. Desde la barra del bar es fácil hacerlo.

Portada del libro 'Réquiem por un vaquero espacial: el universo de Cowboy Bebop'
Portada del libro ‘Réquiem por un vaquero espacial: el universo de Cowboy Bebop’

Pese a todo lo que se hable de la crítica cultural, la mayoría de las personas recurrimos a leer artículos antes de ir al cine para ver si ponen bien una u otra película. También solemos mirar la nota media de Filmaffinity como garantía de éxito. Parece que ya no dejamos nada al azar ni vemos nada que no haya sido recomendado, ¿se debe a que hay tanto producto audiovisual en la actualidad que no queremos “perder el tiempo”? ¿O crees que vemos lo que ve la mayoría para no sentirnos socialmente apartados?
Creo que ambas preguntas tienen algo que ver. El problema es el tiempo. O, mejor dicho, la falta de tiempo. No tenemos tiempo para nada y, por lo tanto, el escaso tiempo que dedicamos al ocio o la cultura, queremos estar seguros de que lo invertimos en algo que valga la pena.
Esto está relacionado con la segunda pregunta. Hace un tiempo entrevisté a Marina Garcés (que es una filósofa que me flipa) y ella me decía que, como no tenemos tiempo de descansar ni de reflexionar, hemos terminado por fundir tiempo de descanso, de ocio y hasta de producción en uno solo. Estamos siempre produciendo valor capitalista de algún tipo. También en las redes sociales.
De tal forma que hemos llegado al punto en el que aunque no te guste especialmente Juego de Tronos la ves porque quieres producir valor sobre ella, ya sea en redes o en sociedad. Se trata de tener una opinión o una posición. Porque así la comentas en redes cuando todos la están comentando, o la puedes debatir con todos tus compañeros de la oficina a la mañana siguiente. Pero ni has descansado ni has visto lo que realmente te llena. Es parte del círculo de producción capitalista.

En ese sentido, en el de sentirse aceptado, también parece muchas veces tabú criticar una película o una serie que todo el mundo valora maravillosamente. Por ejemplo, hace poco un amigo me dijo que Roma le pareció tremendamente aburrida. Ante ese tipo de afirmaciones, se suele responder más con desprecio o aires de superioridad que asumiendo que cada cual disfruta de un estilo de cine o de series. ¿Crees que pecamos la mayoría de cierto esnobismo cuando hablamos de cine en público?
Claro que sí, se peca de esnobismo en muchas ocasiones. Tienes que saber leer el contexto de la conversación. Si a mí me escuchasen hablando con determinados amigos muy cinéfilos me tacharían de esnob o, directamente, de gilipollas. A veces es simplemente pasión: hablamos apasionadamente de los temas que nos gustan. El año pasado me pasó con Bienvenidos al KKKlan, que me encantó, pero discutí con mucha gente a la que le pareció una chorrada. Entonces me venía arriba y terminaba hablando de la naturaleza política del arte y de El nacimiento de una nación de Griffith y dejaban de tomarme en serio. Hay veces que lo que te apasiona te lo tomas como algo personal y metes la pata. Hay que saber leer entre líneas e intentar aportar para que cualquier discusión sea fructífera. Si no, solamente te reafirmas en tu opinión, tachas al otro de inepto y el otro te tacha de esnob. Y a la mierda la conversación.
Lo que no puedes hacer es deslegitimar las razones del disgusto del otro. Eso de “no te ha gustado porque no la has entendido” es una falacia tramposa. Roma a mí me pareció maravillosa y tengo razones para creer que es una gran película en el contexto en el que se estrenó. Pero puedo entender que te aburra o que no te guste. O que la creas pedante. O que te parezca un truño, directamente.

Todos los críticos (también los espectadores) suelen tener actores y actrices por los que sienten debilidad, pero también están a los que no se traga, ¿cómo se puede hacer una crítica si aparecen estos actores o actrices sin que logren condicionarte?
Hay que saber distanciarse. Yo le tengo muchísima manía a Tarantino, por ejemplo. Pero si luego veo Los odiosos ocho y me gusta de forma sincera, tengo que tomar aire, dejar mis prejuicios a un lado y abordarla lo más elegantemente que pueda. Pero los críticos también somos humanos y tenemos fetiches, cosas que nos encantan y cosas que odiamos.
No digo que separemos obra de autor porque también es un debate muy complejo. Opino que un autor misógino es fácil que escriba o ruede una obra misógina. Y prefiero ver una película con una sensibilidad que considere más afín a mis gustos o mis sensibilidades políticas feministas. Pero si tengo que juzgar la calidad artística de una cosa lo haré. O lo intentaré. Si luego el texto se contamina de determinada manía, intentaré desasirme de ella en la próxima ocasión. Aunque habrá veces que no lo consiga. Pero bueno, es parte de la profesión.

Dicen que el arte llena el alma, pero, en tu caso, ¿llena la nevera?
Pues la verdad es que ahora debería decir que sí. Lo que ocurre es que me has pillado justo saliendo de un proceso de mudanza bastante traumático, dado que el alquiler en Madrid está muy difícil y se me ha quedado la cuenta corriente en números catastróficamente rojos.
Pero sí, podría decir que a la larga algo en la nevera llegas a tener. Muy a la larga, obviamente. He sido autónomo dos años y me costaba trabajar 16 y 18 horas al día para ganar dinero con esto del periodismo cultural. Ahora que tengo contrato, soy consciente de gozar de determinados derechos que la mayoría de mis compañeros y compañeras no tienen como tener vacaciones o bajas. Aunque tampoco puedo tirar cohetes porque parte de mi sueldo se va en venir a València siempre que puedo porque mi pareja trabaja y vive aquí. Y mi familia también está aquí. Conciliar es muy difícil. Y si a eso le sumas lo que cuesta un alquiler de un piso decente en Madrid, te queda lo justo.

Nunca me ha gustado la pregunta sobre recomendar películas o series, de hecho, no suelo contestarla cuando me la hacen a mí, así que en este caso voy a preguntarte qué críticos o webs de cine nos recomendarías que no sean muy conocidas.
Pues críticos y críticas a las que sigo y admiro son unas cuantas. Pienso en John Tones, en Yago García, Desirée de Fez, Daniel de Partearroyo, Noel Ceballos, Andrea Bermejo y me dejaré muchas en el tintero … También me gustaría mencionar nombres de mi generación, por decirlo de alguna forma, que tienen una voz propia y a los que merece la pena seguir la pista: Alberto Corona, Marta Trivi, Ricardo Rosado, Álvaro Arbonés, Mireia Mullor, Eva Cid, Déborah García… Estas dos últimas tienen un Patreon propio en el que pongo dinero y te aseguro que vale muchísimo la pena. Y en la cúspide de mi particular pódium imaginario estaría Jordi Costa. Su trabajo y su mirada es siempre impecable.
En cuanto a medios especializados destacaría Canino y Revista Cactus en lo que a cultura pop se refiere. Y especializados en cine El antepenúltimo mohicano, Miradas de cine y Cine divergente.

Además de la prensa y de las páginas especializadas, también han salido numerosos libros relacionados con series o películas, tanto actuales como antiguas. En tu caso, acaba ver la luz tu primer libro ‘Réquiem por un vaquero espacial: El universo de Cowboy Bebop’. Aunque, al contrario que Umbral, no hemos venido a hablar de tu libro, te dejo estas últimas líneas para contarnos más cosas sobre él.
Se trata de un ensayo dedicado a uno de los animes más populares de la historia. La animación, japonesa o no, es una de las áreas sobre las que más escribo. Y Cowboy Bebop es una serie que me apasiona. Así que el libro es una aproximación personal a una serie que, bajo su apariencia cool y desenfadada, esconde un puñado de reflexiones que me apetecía mucho investigar.
También me apetecía probarme en otros campos: los ritmos de trabajo me obligan a estar con un tema distinto cada día. Y quería poder dedicar más tiempo a profundizar en una sola obra y hablar de ella largo y tendido. Ahora a ver cómo funciona el libro, que salió el 24 de julio y he tenido muy poco feedback al respecto. Soy un manojo de nervios ahora mismo.