Memento

Extraño Weys: "La vida va a una velocidad que no es humana y la industria musical se suma acríticamente a este ritmo"

Rodrigo Laviña en una imagen de archivo.

En un mundo acelerado, donde consumimos cultura de usar y tirar y las novedades pasan a estar obsoletas a las pocas horas, Extraño Weys nos invita a parar un poco y a disfrutar de su nuevo disco de 14 canciones. Sobre todo, a trabajar en la música de otro modo, sin responder al algoritmo de Spotify, sin la necesidad de hacer un videoclip para cada canción y desde la autogestión del producto cultural.

Su anterior referencia fue en 2014. Ahora vuelve este dúo porque, como ellos afirman, lo necesitan. Las influencias de Jay Dilla, Madlib o el recientemente fallecido MF Doom se asoman en la producción que ha hecho Viktor Pizza para este disco, donde encontramos sonidos jazz, soul, música brasileña, sonidos psicodélicos y, también, referencias al folklore catalán. Todo acompañado por Rodrigo Laviña al micrófono, a quien muchos conocerán por su anterior grupo, At Versaris.

Con él he tenido el placer de conversar para hablar de su nuevo trabajo, no sólo como elemento musical, sino también como propuesta política enfocada a un cambio de crear y consumir cultura, basada en el KM 0 y sin responder a las lógicas del mercado.  En ambos terrenos de debate, tienen una propuesta clara y trabajada.

Han pasado 7 años desde vuestro anterior trabajo, ¿por qué tanto tiempo? 

Porque han pasado muchas cosas en este hiato y era ahora cuando necesitábamos volver a hacer música juntos. Nuestro proyecto no se basó nunca en estar por estar, en hacer bolos u ocupar un espacio de manera permanente. Lo nuestro va de la mano de la amistad entre Patxi Vazili (produciendo con el nombre de Viktor Pizza) y yo. Es el espacio que nos damos para estar juntos. Durante este tiempo nos hemos ocupado de nuestras vidas y de seguir cultivando de manera enferma nuestra adicción a la música. Hemos hecho muchas cosas que por falta de tiempo o energía no han acabado saliendo a la luz.

 

En vuestro single, Gota Malaya, dices que estás volviendo y nadie te espera. Ese sentimiento, ¿te ha dado una mayor libertad creativa y te ha liberado de responsabilidad? 

No exactamente. La responsabilidad es para con uno mismo, puedes engañar al resto con relleno, pero no a ti mismo. Tenía muchas ganas de escribir, lo necesitaba, y quería hacerlo libremente, pero con un nivel de exigencia alto. Sobre todo, porque era una movida que he hecho toda la vida y que estaba encerrada en un baúl, tenía que reconciliarme conmigo mismo.

La vuelta, tenía que estar a nivel y eso es lo que nos hemos propuesto. A la hora de escribir y de hacer música lo que queremos es quedarnos satisfechos. Hemos hecho el disco que queríamos escuchar, no hay concesiones a terceros. No pensamos en hacer ese estribillo que el público pueda cantar con más facilidad, ni en qué canción puede funcionar entre un grupito de gentes u otro. No hay mercadotecnia y eso no lo pueden decir muchos proyectos musicales. La libertad viene más por aquí que por no tener autoexigencia.

 

Aunque ha pasado mucho tiempo desde vuestra primera referencia y las tendencias y la forma de consumir música ha cambiado, vuestro sonido sigue unos patrones similares al anterior trabajo y os presentáis en forma de LP de 14 temas. Hoy en día, ¿sacar un disco de larga duración sin videoclips es un acto de rebeldía?

Seguramente, sí lo es. La idea del trabajo es que empieza y acaba, no es un compendio de singles planchado en un cd. Somos conscientes de cómo la gente consume la música y nuestra idea es que se tomen un rato y se dejen llevar por el disco. La vida ya va a una velocidad que no es humana y la industria musical se suma acríticamente a este ritmo de consumo.

Nosotros tratamos de escapar de eso, sabiendo que hacerse un hueco no es fácil, pero convencidos de que es la manera. No tomamos al público por tonto y tratamos de huir de las fórmulas que imperan. Como enfermos de esto, son este tipo de proyectos con estas inquietudes los que nos llaman más la atención y a los que dedicamos más escuchas.

 

Como decía en la anterior pregunta, vuestro sonido sigue relacionado, principalmente, al jazz y al soul. También encontramos algo más psicodélico, pero, tanto en el sampleo del single, de la cantante Rosmi, como en las colaboraciones de L’Última Ranxera, vemos referencias a la música folklore catalana. ¿Le falta al rap tirar de referencias más cercanas para buscar un sonido propio o ya está todo inventado? 

Supongo que sorprender en 2021 es difícil y tampoco es que tengamos esta necesidad. La producción es íntegramente de Viktor Pizza y nuestro engranaje es muy natural, parte de nuestros gustos musicales. No escuchamos música para samplear, sino que escuchamos música que nos gusta y, si se da, la sampleamos. En el disco hay cortes de movidas que no habíamos mancillado anteriormente. Sí, hay bastantes de música catalana, pero hay mucho Brasil, psicodelia setentera y algo de ‘souleo’. Más que vincularnos a referencias más cercanas en lo cultural (que también), nos hemos rodeado de colaboraciones de fuera de la órbita evidente del género.

Canta Joana Gomila (con Laia Vallès poniendo sintes) y ellas vienen de un grupo que trae la música tradicional al 2021 y nos encanta lo que hacen. También está Martí Sales, poeta, escritor y cantante del desaparecido grupo Surfing Sirles (una de las bandas de rock más potentes que parió Catalunya la última década) y Marta Garrett, una cantante de jazz (y de todo lo que quiera) que participa del The Bop Collective. Son todo gente de fuera del hip hop, muy conectados a la línea conceptual del disco y además de buenas amigas. Seguramente está todo inventado, pero hemos sido muy cuidadosos en el conjunto del disco, sonido, letras y colabos, afianzando lo que creo que es un prisma muy propio.

Rodrigo Laviña, vocalista de Extraño Weys.

El disco sale con Say It Loud, un proyecto cultural que apuesta por la economía social. También participa la cooperativa La Ciutat Invisible, el diseño es por parte de ilustrador barcelonés Negrescolor y el planchado se ha hecho en Castelló. ¿Se puede hacer música desde el cooperativismo y alcanzar visibilidad?

Esta es la idea. De momento decimos que se puede hacer algo así, con tintes autogestionarios y con estructuras democráticas que no precarizan a las trabajadoras por el camino, ¡que no es poco! En otras esferas de nuestra vida tenemos más claro que hay que apoyar proyectos que van más allá del consumo, como la producción agroecológica o la bodega del barrio, por ejemplo.

En el ámbito cultural cuesta más identificar a los agentes que participan en estas cadenas productivas y ser conscientes de a qué y a quién apoyamos con nuestros gestos. La voluntad es presentar alternativas al canon establecido y experimentar con otras opciones, tal vez menos resultadistas, pero más cómodas con nuestra manera de entender las cosas. Además, toda esta idea forma parte de una genealogía que viene de lejos, muchos grupos del estado han trabajado de esta manera o parecida, nosotros nos sumamos a esta tradición autogestionaria.

 

¿Qué diferencias hay entre una discográfica y una cooperativa a la hora de funcionar? ¿Por qué preferís Bandcamp a Spotify? 

Una discográfica puede ser una cooperativa, ojo. La diferencia entre una cooperativa discográfica y una multi es que a final de año no viene un tipo al que no has visto nunca a llevarse su parte. En una cooperativa no se da la escala salarial que hay en otras organizaciones empresariales convencionales y se tiene más en cuenta las necesidades de las trabajadoras. Tratamos de generar una relación más horizontal, más equitativa y democrática. Basada en la cooperación y el apoyo mutuo, no en la propiedad.

Preferimos Bandcamp porque, sin ser la panacea, permite apoyar a las bandas de manera real, tiene estrategias y funcionamientos que no se basan en cómo la discográfica posiciona el producto en dicha plataforma. Spotify depende de los anuncios, promociona singles por encima de discos, defiende a los poseedores de los derechos de reproducción (no siempre equitativos para los grupos) y funciona con payolas digitales.

Bandcamp permite más flexibilidad, presenta los discos enteros y no mercadea con los datos que se extraen del uso que hace la gente que escucha. Spotify es el mal. He descubierto un montón de grupos en Bandcamp que el algoritmo de Spotify no me hubiera propuesto nunca y he apoyado, comprando música, a bandas guapísimas de todo el mundo.

Portada de su nuevo disco, Rodrigo Laviña y su combo. Say it Loud.

Aunque todo lo que rodea al disco está cargado de intenciones políticas, en las letras no hay muchas referencias a la política actual ni tienen un marcado carácter social, todo esto pese a que vienes de un grupo "militante" como At Versaris, ¿a qué se debe?

Creo que sí hay un trasfondo comunitario y de red en el disco que refleja militancias a todos los niveles. Hay muchas maneras de abordar lo político. En otros campos es más fácil de entender que fuera de lo explícito hay todo un abanico de posibilidades expresivas que empujan en una dirección concreta. Que el proceso, el lenguaje, el imaginario o la propuesta musical son también herramientas de transformación.

Hacer siempre lo mismo de la misma manera es, en cierto modo, conservador y está a la orden del día en muchos proyectos con mensajes más claros. Aquí nos desplazamos y buscamos tocar otras teclas. Es verdad que no tiene la explicitud que tenía en At Versaris, era otro contexto personal, sonoro y propositivo. Lo social y político, en este caso, está más cercano al proceso que al resultado y ya es algo buscado.

Hay algo de reflexión en torno a la eterna tensión entre contenido y forma, y después de tantos años balanceando hacia un lado, había ganas de probar por otro. Lo mismo sucede con la música del disco, Viktor Pizza ha producido un disco que tiene una vocación menos efectista y busca conmocionar desde otro lado.

"Hay que combatir este modelo de masas controlado desde lejos y hay que apoyar el km 0. Hay muchas iniciativas que escapan a estas lógicas a base de esfuerzo y propuestas, que fidelizan y crecen con su público"

La pandemia ha dejado muy dañada a la cultura en directo y, sobre todo, las pequeñas salas están sufriendo mucho y algunas no volverán a abrir sus puertas. Al igual que el virus ha mostrado las costuras de modelo económico europeo, ¿también ha enseñado la realidad del modelo cultural de masas?

Pues no lo tengo muy claro. Por un lado, el consumo de cultura de masas y la serialización de las narrativas parece que dirían lo contrario. Plataformas de streaming respaldadas por capital internacional inducen los deseos de consumo cultural y parece que se salen con la suya. En la música, esta concentración se plasma en la radiofórmula, en el canon, en las multis y en tener muy poco margen de movimiento. Pero, de algún modo, esto siempre ha sido así y no por ello han dejado de haber manos y cabezas empujando en otras direcciones.

Hay que combatir este modelo de masas controlado desde lejos y hay que apoyar el km 0. Hay muchas iniciativas que escapan a estas lógicas a base de esfuerzo y propuestas, que fidelizan y crecen con su público. En otros lares lo tienen muy claro… Support your local artist! 

 

Hablando de cultura en directo y sabiendo que entiendes la cultura como un campo de batalla, ¿podremos ver a Extraño Weys en directo? ¿Qué tenéis pensado?

Podremos ver un espectáculo a resultas de este disco, seguro. Estamos ultimando detalles y preparando una cosa bonita. Aún no podemos decir demasiado, pero tenemos algunas fechas cerradas y muchas ganas de llevar todo este trabajo al directo con otra pedrada.