Merienda de medios

El asesinato de un Nobel

J.M.G. Le Clézio, flamante Premio Nobel de Literatura, fue ‘asesinado’ virtualmente a las 13.07 horas del jueves en la Wilkipedia. Moría víctima de un infarto de miocardio tras conocer su galardón, y cuatro minutos más tarde se daba cuenta de que su familia había recibido ya las condolencias de un afligido Sarkozy. A esa hora nadie había podido leer aún algunos de los sesudos comentarios sobre su trayectoria que ayer publicaban los medios españoles. En definitiva, no había móvil para este espantoso cibercrimen, al que Leandro Kivis, responsable de prensa de la edición española de la enciclopedia, calificaba de "acto de vandalismo".

  Le Clézio ha tenido menos lectores en España que votos el Partido Humanista, pero hoy ya es uno de los nuestros gracias a la semblanza que de él ofrece Luis María Anson en su Canela Fina de El Mundo. Anson admite que el premiado ha escrito libros que él no ha leído aunque sabe que "está a favor de los indios y en contra de la colonización española", que es "un escritor sagaz y objetivo" y que "se basa, para orillar a civilización española en México, en las obras clásicas de Bernardino de Sahagún y de Bernal Díaz del Castillo".

Esto ya hubiera bastado para provocar tumultos en las librerías, pero faltaba el retrato que del francés hace Mercedes Monmany en la Tercera de ABC: "Menos volcánico, en cuanto a pasiones se refiere, y mucho más intelectualizado e hiperconsciente que este último (se refiere a Radiguet, otro clásico en los anaqueles de la clase media), Le Clézio era un hijo perfeccionado de los últimos coletazos del Nouveau Roman e influiría años más tarde (...) en creaciones del ‘nouveau-nouveau roman’". ¿Que qué puede hacerse con este escritor que "encarna la figura del ‘buen salvaje’ entre rousseauniano y robinsoniano"? Pues "fundirse en sus elementos naturales, en su sensualidad indómita y en esa especie de perturbación o ensoñamiento vagabundo y panteístico". Lógico.

Para David Gistau, que se pasó todo el jueves buscando referencias del susodicho en Google, lo de "este Le Clézio" no tiene nombre. El columnista de El Mundo ignora, por ejemplo, que Adam Pollo, protagonista de la primera novela de este ídem, es el enlace "con una senda entre kafkiana y patafísica" (más Monmany en ABC). Y pide el Nobel para Vargas Llosa, a quien lanza toda una serie de recomendaciones: "Que visite al subcomandante Marcos con cananas y todo. Que lleve poncho. Que se pase por La Habana a dar fe de la admirable energía revolucionaria de Fidel...".

Otra literatura muy comercial

Gistau opina que "la indigencia exótica" es un poder aliterario, sin percatarse de que hay un tipo de indigencia literaria encarnada en Madrid por los ‘hombre-anuncio’, a los que Gallardón y Ana Botella pretenden liberar de la carga de sus carteles y de su salario. Para reparar el olvido estaba la columna de Losantos, abnegado notario de "las fazañas antiliberales que están de moda en el marianismo lelo". Y sentencia: "El ruinoso déspota madrileño gana menos dinero con los chirimbolos publicitarios, así que ha prohibido los hombres-anuncio porque dicen que ataca la dignidad de la persona". Buen fondo y mal estilo.