No os lo gastéis en putas

Las tarjetas negras de Bankia no debían ser utilizadas para gastos erótico-festivos. Uno de los beneficiarios de la piadosa institución (no olviden que era también Monte de Piedad) declaró haber recibido esa recomendación cuando le hicieron entrega de su flamante rectángulo de plástico y crédito. Nada de putas, orgías y bacanales a cuenta de la empresa, para este tipo de gastos utilicen sus propios fondos y no los fondos de reptiles que, a veces, muerden y dejan huellas muy feas. Hace unos años un taxista madrileño me dio una tarjeta por si quería visitar un lujoso burdel de Chamartín en el que le daban comisión. Después de rechazar amablemente su propuesta, eché una ojeada a la tarjeta que ofrecía los servicios de una asesoría fiscal. No era un error, me explicó el taxista, sino una ingeniosa tapadera de los proxenetas para garantizar a sus clientes una absoluta discreción alejando cualquier suspicacia por parte de una esposa celosa o de un inspector fiscal demasiado curioso. Nunca utilicé los servicios de la “asesoría” y no quiero que esta anécdota patibularia pueda dar ideas a posibles usuarios.

Entre los entarjetados de Bankia se producían todo tipo de gastos, abundaban las marisquerías y las joyerías, las discotecas y las vinotecas, incluso había quien se lo gastaba en farmacias como Arturo Fernández. El empresario madrileño, presidente del club de fans de Esperanza Aguirre, pagaba con su tarjeta negra por comer en sus propios restaurantes para hacer caja y luego recalaba en una farmacia y se dejaba un dineral en antiácidos y pastillas contra la aerofagia, más tarde solía echarse una siestecita en el sofá de su ahijado predilecto, el pequeño Nicolás. No sé si por las noches recalaba en alguna asesoría fiscal pero está claro que ese régimen de vida no le ha sentado muy bien aunque se descarta la hipótesis de que los propios trabajadores de sus restaurantes contaminaran intencionadamente su comida porque les debía dinero y le dieran salmonella por salmón.

En algo tienen razón los entarjetados, todo eran gastos de representación, de una representación teatral, farsa y simulacro, coreografía en la que los consejeros representaban el papel de corifeos, asintiendo y ovacionando a sus subvencionadores. Lo de consejeros era un eufemismo para decir cómplices, gran parte de los miembros del consejo reconocían no tener ni puñetera idea de banca, bolsa o finanzas, además no creo que Miguel Blesa necesitara consejos, solo necesitaba encubridores que no se metieran en donde nadie les llamaba. Cobrar y callar, no ver, no oír y no hablar más de la cuenta. Mamandurrias que diría la deslenguada Esperanza Aguirre que sabe de lo que habla.

Pero no todos los entarjetados malgastaron el dinero, uno hubo que se lo gastó en arte sacro y, Santa Rita, Santa Rita, lo que se da no se quita. Otro invirtió en imprimir octavillas para su sindicato y financiar viajes y hoteles para sus representante y dirigentes que no le hacían ascos, ni tampoco demasiadas preguntas sobre su procedencia . Las declaraciones de los encausados ante sus jueces prometen ser un magnífico vivero de anécdotas y chascarrillos. Espero, ilusionado, escuchar el testimonio del entarjetado que se gastó un dineral en el supermercado,  puros gastos de representación pues se trataba de sabrosos y nutritivos regalos de compromiso, jamones, chorizos y embutidos selectos para celebrar la Navidad.

Vuelvo a recordar aquella canción de Chicho Sánchez Ferlosio sobre la huelga minera de Asturias: “Una cosa les deseo a los dueños de las minas, que el dinero que nos roban se les vaya en medicinas”. ¡Salud!