Multiplícate por cero

Increíble, la comunidad internacional se mueve

El ser humano es una de las especies más lentas de la tierra: con sus cuatro kilómetros a la hora andando, es la mitad de rápido que el pequeño escarabajo tigre y está por debajo de la velocidad a la que el elefante africano arrastra sus 7.000 kilos de peso. Si el hombre fuera a velocidad maratoniana regularmente, se equipararía a la foca cangrejera y al avispón. Y si todos fueramos  Usain Bolt y lográramos mantener el sprint más allá de los 100 metros, hasta nos podríamos acercar a la rapidez del pingüino papúa o pingüino juanito, el más veloz de los pájaros bobo.

Y si, dentro de nuestra especie, consideramos al homo politicus, se demuestra de nuevo que la velocidad, definitivamente, no es lo nuestro: la comunidad internacional es más lenta que el caracol: 50 metros por hora.
Aunque siempre hay clases. Tras la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU –que ha esperado casi hasta el último minuto– autorizando la intervención militar contra Gadafi, las potencias se han puesto en marcha a la velocidad del guepardo. Sin embargo, la Unión Europea ha dado vueltas y vueltas antes de permitir, supuestamente, que el fondo de estabilidad compre deuda pública de los Estados, reduciendo así su exposición a los mercados. Eso sí, a cambio de más ajuste social –y ya van...–, como exigía Angela Merkel desde Alemania.

¿Estamos siendo los humanos más rápidos y eficientes en la cadena de catástrofes que está sufriendo Japón? No sé. Lo que sí se aprecia es que estamos siendo más lentos que los buitres (perdón, quise decir los especuladores), que andan a la caza de ganancias fáciles en este momento de extrema debilidad del país nipón. Contra estos carroñeros, los miembros del G-7, con una rapidez inusitada para la costumbre del homo politicus, han acordado intervenir de forma coordinada en los mercados de divisas y respaldar conjuntamente la economía japonesa. Habrá que ver si además de rápidos son fuertes y resisten los embates contra el yen.

También con celeridad –empujada por intereses electorales, que actúan como doping– ha maniobrado Merkel tras el desastre de Fukushima, parando siete centrales nucleares alemanas y admitiendo que ya nada será igual en la energía atómica. Aquí, mientras tanto, somos tan lentos que nos dedicamos a prorrogar el plazo de utilización de las nucleares.
Por lo tanto, es sólo a base de golpes como está corriendo algo más rápido la comunidad internacional. Así las cosas, antes de que perdamos el fuelle deberíamos recordar –deberían nuestros políticus– que otros compromisos, anunciados en su momento a bombo y platillo, hoy languidecen: eliminación de los paraísos fiscales, medidas contra la especulación, refundación del capitalismo, reducción de emisiones de carbono para frenar el calentamiento global...

A mí me parece que el dinero sigue corriendo como un galgo y los Estados van como tortugas o ni van en la protección del bienestar ciudadano.