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El machismo inconsciente

Abundan los hombres que viven felices en el autoengaño: de buena fe niegan ser machistas y cada día se comportan inconscientemente de modo machista. Y eso se vive tanto en cosas nimias como relevantes. En comidas o reuniones de trabajo, innumerables veces me han sentado al lado de presidentes o del hombre de mayor posición, "para que esté bien acompañado" (él). En esas y otras reuniones, el género masculino suele imponer su opinión gracias a que habla con una rotundidad absoluta, tenga o no conocimientos o datos contrastables que respalden tanta contundencia. Y cuando hay que preguntar a alguien, la mirada se va hacia un hombre antes que hacia una mujer. Es algo inconsciente, un yo-no-sé-qué que los hombres no pueden evitar. Las mujeres lo notamos y nos cabrea.

La experiencia de cada una será distinta, pero cuanto más lo he hablado, con hombres y otras mujeres, me ratifico en que en nuestra sociedad subsiste un machismo inconsciente que hay que combatir, dado que el deliberado empieza ya, por fin, a desautorizarse por sí solo. Son esos comportamientos sutiles los que hacen sobrevivir la discriminación de la mujer, que acaban cristalizando en la escasa presencia femenina en puestos directivos, en la menor valoración de su trabajo, en menores sueldos. No es en todos los sitios ni a todas nosotras, pero la desigualdad laboral permanece.

Las mujeres entre 30 y 54 años hemos dado un vuelco en los últimos 14 años a la presencia femenina en el trabajo en España. De representar el 32% de los españoles ocupados hemos pasado al 46%. Entre las menores de 30 años, el empleo se mantiene estable en torno al 40%, probablemente por la prolongación de los estudios. Además, el paro crece menos entre las mujeres que entre los hombres, de modo que copamos el 47% de los contratos, frente al 37% de 1995. Es decir, que ya somos muy visibles.

Datos como esos provocan que algunos ignorantes digan que la mujer le roba el trabajo al hombre, son esos que también acusan al inmigrante de quitar el empleo a los españoles. Pero son planteamientos tan estúpidos que se caen por su propio peso. Los peligrosos son más sutiles. Por ejemplo: el próximo domingo se celebra el Día de la Mujer, fecha que en muchos sitios ha perdido el calificativo final, Trabajadora, para no discriminar entre las que trabajan dentro y fuera de casa.

Sueldo del ama de casa

Con este motivo, volverá a surgir públicamente la reivindicación de que el Estado pague un salario al ama de casa, que varios estudios estiman debería estar en más de 20.000 euros anuales. Este es un comportamiento machista inconsciente, que afecta tanto a hombres como a mujeres, y, de aplicarse, sería la manera más astuta de volver a encerrar a la mujer en casa. Como no hay dinero, no hay peligro de que esta tesis triunfe, pero despista mucho cuando hay que reclamar igualdad de oportunidades y salarios, especialmente para los puestos directivos, dos murallas sin derribar.

El salario de las mujeres es entre un 20% y un 30% inferior al de los hombres. Eso se debe a cosas como la interrupción de la carrera profesional por la maternidad, pero también a una menor valoración del puesto de trabajo si lo ocupa una mujer. En cargos de responsabilidad es obvio que el porcentaje de mujeres no se corresponde con su presencia efectiva en las plantillas. El diagnóstico está hecho y también algunas medidas oficiales de discriminación positiva, pero es en los hechos cotidianos donde hay que insistir, en el inconsciente tanto de hombres como de mujeres.

Por eso, la casa NO es un segundo trabajo, NO hay que admitir el concepto "mi marido me ayuda en casa", la conciliación NO es un favor que hacen las empresas y muchos otros noes. Lo dice la Comisión para la Racionalización de los Horarios en España.

Con los años, he aprendido a decir NO y ahora me siento donde me apetece, para que la que esté bien acompañada sea yo.